– Si, creo que si. Hace unos dias se puso enferma una de las secretarias del ministro y me enviaron a mi para que echara una mano. Esta manana escuche al ministro decirle a una de las chicas de la secretaria que telefoneara a nuestra embajada en Moscu; queria informacion, hablo «sobre la visita de los chinos», y despues anadio que los sovieticos estaban comportandose de manera muy misteriosa sobre el acuerdo que iban a firmar con Mao Tse- tung.
»A mi no me conoce porque era mi primer dia alli, pero ni me miro cuando salio del despacho para dar esa orden. Yo continue escribiendo a maquina lo que me habia ordenado sin levantar la cabeza, como si no hubiera oido nada.
– Me pondre en contacto con Albert. Manana intentare pasar a la zona de los norteamericanos.
– Tienes el pase, ?verdad?
– Si.
– Bueno, tampoco me parece extraordinario que los sovieticos se entiendan con los chinos, todos son comunistas -comento Max.
– Si, pero ?a quien esperan en Moscu? Y si firman un tratado, ?cual puede ser su contenido? A mi me parece importante, en todo caso hay que decirselo a Albert -afirmo Iris mirando a Amelia.
El 14 de febrero Stalin y Mao firmaron un Tratado de Amistad y Asistencia mutua en caso de agresion por otra potencia.
El caracter de Iris fue determinante para que los burocratas del ministerio se fijaran en ella. Trabajaba sin descanso, era eficaz, discreta y silenciosa; la clase de secretaria que todo el mundo quiere tener. Esas cualidades le sirvieron para un ascenso y paso al departamento encargado de los asuntos con la «otra» Alemania.
Mientras tanto, Otto habia pasado a trabajar como asistente de un miembro del Politburo. El hecho de que hablara ruso, ademas de frances y algo de espanol, le habia ayudado a situarse.
Periodicamente escribia un informe sobre los asuntos que preocupaban al Politburo, las relaciones de fuerza entre sus miembros o las discusiones en el Comite Central.
En cuanto a Konrad, era el lider indiscutible de los descontentos en la universidad.
Garin tambien habia prosperado y con el, Amelia. Ahora trabajaban en el Departamento de Propaganda del Ministerio de Cultura, donde parecia estar como pez en el agua.
Amelia le vigilaba de cerca y solia comentarle a Albert que no encontraba nada sospechoso en el comportamiento de Garin. Si algun reproche se le podia hacer era que arriesgaba demasiado, y en ocasiones se quedaba trabajando despues de que la mayoria de los funcionarios se hubieran ido, momento que el aprovechaba para introducirse en otros despachos y microfilmar cuanto encontrara a mano.
– Disfruta con el riesgo. A veces me enfado con el temiendo que nos descubran. La otra tarde estuvo a punto de ocurrir. Nos quedamos trabajando en el departamento, y cuando creyo que no habia nadie, intento forzar la puerta del director. Hizo tanto ruido que vinieron los guardias de seguridad. Les explico que se nos habia caido una maquina de escribir que estaba intentando reparar. Le creyeron, o al menos eso espero -relato Amelia.
Aunque a mi padre no le gustaba que se reunieran en casa, a veces lo consentia. Para mi, que aparecieran los «amigos» de Amelia, como mi padre decia, suponia romper la monotonia.
Garin seguia siendo mi favorito, ya que tanto Otto como Konrad apenas me prestaban atencion. Yo era solo un mocoso al que preferian no tener a la vista.
– Planificar la cultura. ?Estan locos! Como si fuera posible planificar el talento, la inspiracion, la imaginacion -se quejo Konrad.
– Nuestro departamento tiene el encargo de contribuir a que toda la sociedad se vaya empapando de la «verdad», para lograr un nuevo hombre socialista. Y esa verdad se encuentra en Marx en Engels, en Lenin y en Stalin -explico Garin con ironia.
– Lo unico que pretenden es el control de todos nosotros, incluido el control de nuestros pensamientos - continuo diciendo Konrad.
– El papel de la prensa es infame -anadio Otto-. ?Es que no hay un solo periodista capaz de criticar lo que esta pasando?
– Quienes lo podian hacer se han ido, y si queda alguno, ya se encarga la KVP de hacerle entrar en razon. Quienes critican al partido o a sus dirigentes son delincuentes que tratan de boicotear el triunfo del socialismo - explico Amelia, indignada.
Pero lo que mas les asustaba era ver como los socialdemocratas eran tratados como enemigos del pueblo. Poco a poco les habian ido apartando de cualquier actividad publica; muchos optaron por el exilio, y otros, los que no querian rendirse, terminaron en la carcel o en campos de trabajo.
– Quieren imponer el pensamiento unico, una sola ideologia, de manera que los socialdemocratas son los mas peligrosos para ellos porque les disputan la hegemonia -se quejo Konrad.
– Tienes que tener cuidado -le aconsejo Amelia- o terminaran deteniendote.
– Lo que no se es como has logrado ganarte su confianza -pregunto Otto a Garin-, al fin y al cabo estuviste en un campo por socialdemocrata.
– Pero he renunciado a mi pasado. Me han aceptado en el SED, ahora soy miembro del partido, incluso voy a participar en el III Congreso que se va a celebrar en julio -respondio Garin.
– No se como no se te revuelven las tripas -insistio Konrad.
– Tenemos un trabajo que hacer. Precisamente porque no reniego de mi ideologia, hago lo que hago. En realidad estoy copiando sus metodos de infiltracion, es mas facil combatirlos desde dentro que desde fuera -insistio Garin.
– Yo creo que nuestro presidente, Wilhelm Pieck, no es como Walter Ulbricht ni como Otto Grotewohl -comento Iris.
– ?De verdad crees que es diferente? No, no te enganes, es igual de comunista, solo que mas amable -aseguro Amelia.
En 1951 se puso en marcha el servicio secreto mas eficiente de cuantos actuaron en la Guerra Fria, el de la Republica Democratica. Si hasta aquel momento los controles sobre la poblacion habian sido extenuantes, a partir de entonces todos los alemanes tenian la sensacion de sentirse espiados por la Kasernierte Volkspolizei, conocida por las siglas KVP. Nadie se fiaba de nadie. A partir de ese momento, con la puesta en marcha de la Stasi, a todos nos domino el miedo. La Stasi tenia informantes en todos los sitios, incluidas las propias familias. Instauraron un regimen de terror que llevaba a la gente a delatar a sus familiares y vecinos con tal de no estar ellos mismos bajo sospecha. Otros, claro, colaboraban por conviccion.
Albert James queria que alguno de sus hombres se infiltrara en la Stasi, conocida antes como Directorio Principal de Inteligencia; pero fue una tarea inutil: el proceso de seleccion era extremadamente riguroso.
En 1953 estallaron las protestas contra el nuevo regimen. La «socializacion» obligatoria chocaba contra los deseos mayoritarios de los alemanes.
Una noche Iris se presento en casa. Ya era tarde y se notaba que habia venido corriendo porque tenia el rostro enrojecido y la respiracion agitada.
– Han detenido a Konrad. Su esposa ha enviado a mi casa a uno de sus hijos para decirmelo. Tenemos que hacer algo.
Amelia intento calmarla. Luego le dijo a Max que iba a salir con Iris para buscar a Garin. Tenian que hacer algo para ayudar a Konrad.
– Lo unico que vais a conseguir es que os detengan a todos. ?Que vais a hacer? ?Presentaros en la comisaria pidiendo su libertad? -dijo Max preocupado.
– Lo unico que no podemos hacer es sentarnos a esperar -le respondio Amelia.
Al nuevo regimen se le iba de las manos el dominio de la situacion. No podia frenar los descontentos ni las manifestaciones y las huelgas. Incluso algunos edificios del partido, asi como algunos coches de los jefazos, sufrieron desperfectos por parte de los manifestantes. Los sovieticos tuvieron que intervenir porque el Gobierno aleman no era capaz de controlar la explosion de ira de los ciudadanos, y decretaron el estado de emergencia en Berlin.
Seguramente los jerarcas del partido se asustaron, o puede que los sovieticos los animaran a ello, pero lo
