verguenza por lo que habian hecho sus hombres, pero no pidio perdon, se dio media vuelta y se marcho. Los soldados decian que nos habian hecho lo mismo que los soldados alemanes les habian hecho a sus madres y a sus hermanas, y que teniamos suerte porque nos habian perdonado la vida.

»Mi hermana estaba tendida sobre un charco de sangre, su propia sangre. Solo tenia doce anos. La abrace para tranquilizarla, pero ella no parecia escucharme, lloraba y tenia la mirada perdida. Cuando intente que se incorporara apenas podia moverse. Estuvimos un largo rato sentadas en el suelo hasta que logre levantarla y obligarla a caminar. Intentamos regresar a casa, pero habia tanques y soldados por todas partes y mi hermana temblaba de miedo. De repente unos soldados nos vieron y se dirigieron hacia nosotras. Mi hermana grito aterrorizada. No se de donde saco fuerzas, pero corrio sin mirar lo que tenia delante. Tropezo y… cayo delante de un tanque que paso por encima de ella. Grite, grite como un animal salvaje. Los soldados corrieron hacia ella, pero fue inutil, el tanque la habia destrozado, solo era un trozo de carne sanguinolenta. Los soldados tambien parecian impresionados, pero era mi hermana la que estaba muerta. ?Alguien sabe cuantas mujeres alemanas han sido violadas? Yo tuve suerte porque sobrevivi. Ahora tengo un hijito. Su padre es uno de los soldados que me violo. Cuando miro a mi hijo y veo en el rasgos que no son mios, se que son los de su padre. El cabello oscuro, los ojos grises, la frente amplia, la boca carnosa… Cuando descubri que estaba embarazada quise morirme. No queria tener a ese hijo, lo odiaba. Pero nacio, y ahora… ahora lo quiero con toda mi alma, es lo unico que tengo. Tiene dos anos y se llama Walter.

Todos nos quedamos en silencio. Yo era muy pequeno, pero comprendia el dramatismo del momento. Amelia no habia podido contener las lagrimas, Garin miraba al suelo y mi padre se sentia culpable por haber desencadenado la confesion de Iris.

– No sabia que habias sufrido tanto -murmuro Amelia, cogiendo la mano de Iris.

– Bueno, no suelo contarselo a nadie. No quiero que Walter crezca con el estigma de no saber quien es su padre.

– ?Y que le diras cuando crezca? -quiso saber Amelia.

– Que su padre era un buen hombre que murio en la guerra.

– ?Le diras…? ?Le diras que era ruso…?

– No, ?para que? Ruso o aleman, no tiene padre, de manera que es mejor que crezca sin hacerse preguntas para las que no tendria respuesta.

Desde aquella noche Iris y Garin fueron bienvenidos a nuestra casa. Amelia siempre insistia en que Iris trajera a Walter con ella, y aunque era mas pequeno que yo, soliamos jugar en mi cuarto mientras los mayores hablaban.

Albert pidio a Garin que se inscribiera en el Partido Comunista, al fin y al cabo el Partido Socialista se habia unificado con el Partido Comunista. Como Garin conservaba algunos amigos comunistas de su paso por la universidad, encontro, sin despertar sospechas, los avales para su nueva militancia. Era un militante de base, sin importancia, pero Albert sabia que Garin seria capaz de ir ganandose la confianza de los jefes del partido.

En una ocasion escuche a Albert hablar con Amelia sobre Garin.

– ?Que te parece? -le pregunto.

– Es muy valiente e ingenioso, tiene autoridad sobre el grupo, todos le escuchamos y seguimos sus indicaciones de manera natural.

– ?Sabes?, a veces me pregunto por que esta con nosotros.

– No le gusta que los sovieticos esten aqui.

– Ya, pero ?eso es suficiente? Era socialista, tenia amigos comunistas, estuvo prisionero en un campo y de repente se ha vuelto anticomunista, ?por que?

– Fuiste tu quien le capto para la red, ?por que lo hiciste si no confiabas en el?

– Hay algo… algo que no se que es, pero que a veces me hace sospechar de Garin.

– ?Crees que trabaja para los sovieticos?

– Quiza para el Komintern… ya sabes, les preparan para estas actividades.

– Pero te esta entregando toda la informacion que pasa por sus manos.

– Hasta ahora nada de importancia, vuestro grupo no es el mas importante de los que tenemos aqui.

– ?Y por que me haces trabajar con ellos?

– Porque quiero que vigiles a Garin.

– Pero expones a Max y a Friedrich a un gran peligro en caso de que el trabaje para los sovieticos… -se lamento Amelia.

– Si en algun momento crees que mis sospechas son ciertas, os sacare de aqui, vendreis conmigo al otro lado.

– Si estuvieras en lo cierto, no nos permitirian irnos.

– No tenemos por que pedir permiso a los sovieticos, sabes que continuamente se pasa gente a nuestro lado y ellos no lo pueden evitar.

– Y que hay de Otto y de Konrad -pregunto Amelia.

– De ellos me fio absolutamente. No te dire por que, solo que se que son leales a nosotros.

Otto servia como traductor para la administracion militar sovietica, y Konrad era un prestigioso profesor de fisica. Ambos habian luchado en la guerra de Espana. Cuando termino, Otto se fue a Paris, donde vivio el comienzo de la otra guerra. No quiso regresar a Alemania, y combatio con los aliados en una brigada de alemanes contrarios a Hitler. Por su parte, Konrad habia destacado en la universidad por sus enfrentamientos con otros profesores nazis. Si no lo detuvieron fue porque sus experimentos interesaban sobremanera a Hitler, quien ordeno que lo obligaran a trabajar en un laboratorio junto a otros cientificos, aunque desde el primer momento su actitud pasiva habia desesperado a sus superiores, que no lograron mas que una magra colaboracion a lo largo de la guerra. Pero ni para Otto ni para Konrad el hecho de ser antifascistas significaba que les satisficiera ver a su pais en manos de los sovieticos, y con la misma conviccion que habian combatido a los nazis, lo hacian ahora contra los invasores.

Tambien a Otto, al igual que a Garin, Albert le pidio que se afiliara al Partido Comunista. Nadie sospecho de el y le dieron la bienvenida.

Los miembros del grupo microfilmaban cuanto pasaba por sus manos fuera o no importante. Luego le entregaban los microfilms a Amelia y esta a su vez se los entregaba a Albert.

Yo seguia anorando los dias de El Cairo aunque no se lo decia a mi padre para no irritarlo. El queria que fuera un buen aleman, aunque me estuvieran educando los comunistas.

– Son comunistas, si, pero primero son alemanes -me decia- y saben lo que te tienen que ensenar.

Mi padre no tenia razon. La gente del partido era primero comunista y despues todo lo demas, incluido el ser aleman, pero el no lo veia asi. Tenia sublimada la idea de Alemania, y creia que era importante que me educaran como un buen aleman.

La vida transcurria con cierta monotonia para mi padre y para mi, pero no para Amelia.

Por la noche, despues de mandarme a la cama, solia sentarse junto a mi padre para comentarle las novedades del dia. Yo les escuchaba hablar, no porque les espiara, sino porque nunca he conseguido dormirme antes de las doce, de manera que leia hasta que Amelia entraba a apagar la luz, y despues permanecia despierto pensando en historias fantasticas.

Creo que fue a principios de 1950. Una tarde Amelia llego de trabajar, parecia muy agitada, y me envio a la cama antes de lo previsto. En cuanto se quedo sola con mi padre le conto lo que la preocupaba.

– Iris vendra esta noche, ha llamado diciendome que debiamos vernos. No se que sucede.

– Espero que no la hayan descubierto -respondio Max, preocupado.

– Si lo sospechara no vendria aqui. No, no es eso, no te preocupes.

Iris llego pasadas las ocho. Llevaba a Walter en brazos. El nino estaba medio dormido.

– No he podido venir antes -se excuso.

– No te preocupes, ?habeis cenado? -pregunto Amelia.

– Le he dado de cenar a Walter, yo no tengo hambre.

– Deja a Walter en nuestro cuarto -le indico Amelia, acompanandola para que el nino pudiera dormir mientras hablaban.

– Creo que los sovieticos van a firmar un acuerdo con los chinos -conto Iris.

– ?Estas segura? -Amelia parecia preocupada.

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату