– ?Puedo saber con quien?
– Con lady Mery Brian. Esa es la razon por la que se quedo en Europa, aunque desgraciadamente lady Mery murio en un accidente de coche.
– ?Tuvieron hijos?
– No.
– De manera que ya no pueden darme mas respuestas.
– Tendra que indagar por su cuenta -afirmo el mayor Hurley.
– Si me diera usted alguna pista…
– Quiza encuentre alguna pista en Alemania, ?no cree? -intervino lady Victoria-. Al fin y al cabo alli es donde se dirigio su bisabuela.
– ?Alguna sugerencia? -respondi con fastidio.
– Si yo fuera usted, intentaria saber que fue de Friedrich. A lo mejor aun vive.
Esta vez la respuesta de lady Victoria estaba exenta de ironia.
– Eso ya lo he pensado -menti, puesto que no me habia dado tiempo a decidir que pasos tendria que dar.
– Bueno, pues entonces ya tiene por donde continuar. -Lady Victoria sonrio de manera abierta y encantadora.
Regrese andando al hotel porque necesitaba pensar. Era evidente que si el mayor Hurley no me queria dar mas informacion era porque Amelia debio de continuar en alguna actividad relacionada con el espionaje. En cuanto a los cuadernos de Albert James, seguramente el mayor Hurley le habria sugerido a lady Victoria que no difundiera lo que podia ser informacion secreta. Y si algo son los britanicos, no importa su ideologia, es que son extremadamente patriotas.
Era buena idea ir a Berlin. Quiza tuviera suerte y encontrara a Friedrich von Schumann, o acaso a alguien que hubiera conocido en el pasado a su aristocratica familia.
Telefonee a dona Laura para informarle de que me iba a Berlin, y volvi a optar por enviar flores a mi madre con una tarjeta en la que le decia lo mucho que la queria, de manera que no me echara una bronca cuando la llamara desde Berlin.
Tambien telefonee al profesor Soler para saber si tenia algun conocido en la capital alemana. Al fin y al cabo parecia conocer a gente en todas partes.
– Asi que se va usted a Berlin, vaya, vaya… esta usted dando la vuelta al mundo, querido Guillermo -me dijo el profesor Soler con cierta ironia.
– Si, eso parece, pero es que no tengo otra opcion.
– Quiza pueda ayudarle. En un congreso entable amistad con un profesor de la Universidad de Berlin, pero debe de ser muy mayor, porque cuando yo le conoci estaba a punto de jubilarse, y de eso hace ya unos seis o siete anos. Buscare su tarjeta y si la encuentro le llamo, ?le parece bien?
El profesor Soler me telefoneo una hora mas tarde. Habia encontrado la tarjeta e incluso habia hablado con su amigo.
– Se llama Manfred Benz y vive cerca de Potsdam. Me ha dicho que le recibira encantado. Espero que tenga suerte.
– Yo tambien, y muchas gracias, profesor.
FIEDRICH
1
Berlin me sorprendio. Me parecio una de las ciudades mas interesantes de cuantas habia conocido. Llena de vida, vanguardista, transgresora, bella. Me enamore de ella a las tres horas de haber aterrizado y haberle pedido a un taxista que me diera una vuelta por la ciudad.
No se por que, pero decidi intentar por mis propios medios localizar a algun miembro de la familia Von Schumann, si es que quedaba alguno vivo. Me dije que si fracasaba en el intento, entonces llamaria al profesor Manfred Benz.
El conserje del hotel me facilito una guia de telefonos, y para mi sorpresa, encontre los numeros de varios Von Schumann. Opte por telefonear al primero que aparecia en la guia.
Cruce los dedos para que hablaran ingles. Me respondio una voz que me parecio de adolescente, y pregunte por herr Friedrich von Schumann.
– ?Ah, pregunta por mi abuelo! Se ha confundido, el no vive aqui. ?Quiere hablar con mi madre?
La cria hablaba un ingles con fuerte acento aleman. Claro que yo hablaba ingles con acento espanol; nos entendimos perfectamente. Estuve tentado en decirle que si, que queria hablar con su madre, pero mi instinto me aviso de que era mejor no hacerlo.
– No te preocupes, imagino que me he equivocado al buscar el numero en la guia.
– Si lo esta buscando en la guia, mire donde pone una «F.» antes del Von Schumann y ese es el telefono del abuelo.
Busque el numero y telefonee. Reconozco que se me acelero el pulso pensando en que efectivamente Friedrich von Schumann estuviera vivo, otra cosa es que quisiera hablar conmigo.
Una voz profunda me llego a traves de la linea del telefono.
– Buenos dias, quisiera hablar con el senor Von Schumann.
– ?De parte de quien? -me pregunto la voz.
– Vera, el no me conoce, pero creo que si conocio a un familiar mio, a mi bisabuela.
Se hizo un silencio en la linea, como si el hombre de la voz profunda estuviera pensando en lo que le acababa de decir.
– ?Quien es usted? -me pregunto.
– Me llamo Guillermo Albi, y soy el bisnieto de Amelia Garayoa.
– Amelia… -La voz profunda se hizo susurro.
– Si, Amelia Garayoa, ella… bueno, creo que ella conocio a herr Friedrich von Schumann.
– ?Que quiere? -Aquella voz impresionaba.
– Si herr Von Schumann me pudiera dedicar unos minutos, se lo explicaria personalmente.
– Yo soy Friedrich von Schumann; si le parece, venga esta tarde a mi casa, a las tres. Le dare la direccion.
Cuando colgue el telefono no podia creer en mi buena suerte. Lo celebre dandome un paseo por Berlin con el mapa que me habia dado el conserje. Hice lo que cualquier turista: hacerme una foto con la Puerta de Brandemburgo al fondo, buscar el famoso Checkpoint Charlie, intentar rastrear los restos del Muro…
La direccion pertenecia al que habia sido Berlin Este. La casa estaba situada en un barrio limpio y bien cuidado, con algunas galerias de arte en la misma calle. Parecia un barrio burgues de cualquier ciudad europea.
Cuando pulse el timbre del segundo piso, volvi a notar que se me aceleraba el corazon. Abrio la puerta un hombre, con el cabello totalmente blanco y una mirada azul intensa. Vestia un pantalon negro y un sueter de cuello alto tambien negro. Calcule que tendria unos setenta anos.
El hombre me miro un segundo con curiosidad antes de tenderme la mano.
– Soy Friedrich von Schumann.
– Y yo Guillermo Albi, no sabe cuanto le agradezco que me reciba.
– Me ha podido la curiosidad. Pase.
Me condujo a un despacho con las paredes forradas de libros. Unas puertas corredoras abiertas daban a una biblioteca.
– Sientese -dijo senalando un sillon al otro lado de la mesa-. De manera que es usted bisnieto de Amelia; entonces, su abuelo sera Javier, ?no?
