con entusiasmo.
Schneider fue presentando a los dos hombres al resto de sus invitados, y mientras lo hacia, Amelia intentaba mantener el dominio de si misma mientras apretaba la mano de Max.
Los ojos, aquellos ojos azules, tan frios como la nieve, los habia visto anos atras. Los habia visto repletos de ira y de odio hacia ella. No le cabia la menor duda de que aquel Gunter Fischer era el coronel Winkler, y Horst Fischer debia de ser su padre.
Aguardaron su turno para la presentacion. El senor Schneider senalo orgulloso a Max.
– Quiero presentarles a un hombre excepcional, un heroe, el baron Von Schumann y su encantadora esposa, Amelia.
Un relampago cruzo por los ojos de Gunter Fischer mientras miraba de frente primero a Max y luego a Amelia, pero no hizo ademan de reconocerlos. Estrecho la mano de Max y beso la de Amelia.
– De manera que hasta los heroes han tenido que exiliarse -comento con sarcasmo ante el asombro del senor Schneider.
La senora Schneider pidio que entraran en el comedor, por lo que no hubo tiempo para mas comentarios. La cena transcurrio entre brindis por Alemania, por el Fuhrer y por el III Reich, pero tambien por el futuro, por ese IV Reich que muy pronto ellos ayudarian para que se alzara victorioso sobre sus enemigos.
El viejo Winkler, camuflado bajo el nombre de Horst Fischer, era el centro de atencion de los comensales. Todos le escuchaban con devocion hablar sobre la supremacia tecnica de Alemania, asegurando que los cientificos alemanes llevaban gran ventaja a los rusos y a los norteamericanos no solo en materia armamentistica, sino tambien respecto a investigaciones medicas.
– Yo preferiria morir antes que caer en manos de los aliados. Se que muchos de mis colegas han aceptado el chantaje para no ser juzgados, seguir investigando y contar todos nuestros secretos a los nuevos amos del mundo. Yo no lo hare. Yo jure fidelidad al Fuhrer, y sobre todo jure lealtad a Alemania. Y nunca les traicionare.
Su hijo le escuchaba en silencio, repartiendo la mirada entre Amelia y Max.
No fue hasta el final de la cena, tras pasar a uno de los salones, cuando Gunter Fischer se acerco al senor Schneider y le comento algo al oido que parecio alarmar a su anfitrion. Inmediatamente Schneider, seguido de los Fischer, y de otros invitados, salieron del salon dirigiendo sus pasos hacia el despacho del dueno de la casa.
Amelia, que habia visto lo que sucedia, aprovecho para dejar el salon y llegar al despacho antes de que lo hicieran los hombres para esconderse entre las grandes cortinas. Rezaba para que no la descubrieran; si lo hacian, estaba segura de que la matarian alli mismo.
– ?Sabe a quien tiene en su casa? -dijo Gunter Fischer dirigiendose a Schneider con voz airada.
– Espero que ninguno de mis invitados le haya molestado. Son todos de la maxima confianza.
– ?Confianza? Tiene usted sentada entre nosotros a una espia.
– ?Una espia! ?Pero que dice usted! -El tono de Schneider era histerico.
– Amelia Garayoa es una espia -insistio Fischer.
– Hijo, ?que estas diciendo? Explicate -le conmino su padre.
– Senor Fischer, le aseguro que…
Pero Fischer no dejo continuar a Schneider.
– Dejese de estupideces, y ahora que estamos solos, llameme por mi nombre.
– Es mejor que todos nos acostumbremos a los nuevos, de otro modo podriamos no darnos cuenta en publico - intervino Wulff.
– Bien, entonces seguire siendo el senor Fischer. Pero ahora escuchenme todos. Esa mujer es una espia. Asesino a un oficial de las SS en Roma. Estuvo implicada en la desaparicion de uno de los mejores agentes del Reich. No se pudo probar nada hasta que fue detenida en Grecia junto a un grupo de partisanos despues de haber volado un convoy en el que murieron decenas de soldados de la Wehrmacht, ademas de destrozar numeroso material.
– ?Pero es la esposa del baron Von Schumann! Usted debe de estar en un error -se atrevio a protestar Schneider.
– El baron iba en ese convoy, ella le dejo lisiado. Ya le he dicho que es una mujer peligrosa, una asesina. Y no es su esposa. Su esposa murio en Berlin, en un bombardeo de la RAF.
– Lo se, lo se, y cuando se quedo viudo se caso con Amelia.
– No, no se ha casado con ella. Esta mujer esta casada, tiene marido en Espana, aunque llevan anos separados. Tiene un hijo.
– Pero el baron… -intento insistir Schneider.
– ?Es un idiota! ?Es que no lo entiende? ?Un autentico idiota! Le dejo lisiado, le arranco las piernas, y en vez de matarla, la perdono, incluso la saco de Ravensbruck. Ese hombre es uno de esos aristocratas decadentes que no tienen lugar en la nueva Alemania. Su codigo de honor solo esconde debilidad. Debia haberla matado el mismo; pero ya le ven, agarrado de su mano.
– Hijo, si es asi, tenemos que actuar en consecuencia. ?Crees que te ha reconocido? -pregunto el falso senor Fischer.
– Creo que si, padre, creo que si. El baron no me ha reconocido, pero ella… me he dado cuenta de como me ha mirado. Desde luego que hemos de actuar en consecuencia.
– Me encargare de los dos -dijo Wulff.
Schneider parecia desolado y los otros tres hombres de entre sus invitados que les acompanaban apoyaron a los Fischer.
– Llevamos dos anos escondiendonos, con los espias de los aliados buscandonos por todas partes, hemos logrado salir de Espana, hemos pasado lo indecible y no sera para caer en manos de los britanicos o para quienquiera que trabaje esa maldita mujer -aseguro el falso Gunter Fischer.
– Desde luego, tienen que desaparecer, corremos un gran peligro. El baron viene colaborando con nuestro amigo Schneider en el manejo de las transacciones comerciales y financieras, si hablara… podria tener consecuencias muy desagradables para todos nosotros -sentencio uno de los hombres del grupo de Schneider.
– No puedo creer lo que se esta diciendo aqui, si fuera asi, nos habrian denunciado hace tiempo, y no lo han hecho -intento defenderse Schneider.
– El baron es un titere en manos de esa mujer, puede que ni siquiera este implicado en sus tejemanejes, pero ella… La conozco bien. Les aseguro que es una espia, una asesina.
Gunter Fischer se toco el rostro, como si de una mascara se tratara.
– Mi padre y yo hemos tenido que someternos a dos operaciones del rostro para poder asumir una nueva identidad. Les aseguro que aun sufrimos los dolores a consecuencia de las intervenciones. No, no estoy dispuesto a permitir que mi padre corra ningun riesgo. No podremos levantar Alemania sin hombres como el. Exijo que acabemos con la vida de esa mujer y del baron, y de manera inmediata. Esta misma noche.
Los hombres le miraron en silencio y uno a uno fueron asintiendo. Estaban de acuerdo en que debian acabar con la vida de Amelia y del baron. Martin Wulff saco una pistola que llevaba en la sobaquera y se levanto dirigiendose a la puerta.
– ?Que va a hacer! -grito Schneider-. No puede matarles aqui. Se oirian los disparos. ?Quiere que nos detengan a todos?
– Schneider tiene razon -argumento uno de los hombres-, habra que hacerlo cuando salgan de aqui, antes de que lleguen a su casa. Ha de parecer un asesinato vulgar, alguien que les ha querido robar y luego ha tirado sus cuerpos al Nilo.
– Tiene razon, herr Benz -dijo Gunter Fischer mirando al hombre que acababa de hablar-, y ahora regresemos al salon o esa bruja se dara cuenta de que nos traemos algo entre manos.
– Pero ?esta seguro de que le ha reconocido? Es imposible, su rostro ha cambiado, no creo que pueda relacionarle con su verdadera identidad, coronel Winkler -insistio el senor Schneider.
– Los quiero muertos, senor Schneider, o le hare responsable de lo que pueda pasar.
Schneider no pudo aguantar la fria mirada del coronel Winkler.
