– Yo no pertenezco a los britanicos -respondio airada.

– Lo se, pero para ellos eres su agente, aunque hayas trabajado para nosotros en El Cairo. En cualquier caso, mantenemos relaciones excelentes, vamos en el mismo barco.

Cuando Albert se marcho, Amelia y mi padre discutieron.

– Te gusta el peligro, ?verdad? No eres capaz de vivir como una persona normal, solo te estimula caminar por el borde del abismo. En El Cairo me dijiste que habias terminado con este tipo de trabajo.

– Debemos ser realistas, Max. ?De que vamos a vivir cuando se acabe el dinero de El Cairo?

Max estuvo varios dias sin apenas hablar a Amelia. Solo se dirigian la palabra en mi presencia, y yo sufria viendoles sufrir.

Creo que fue en mayo, antes de que los sovieticos cortaran las comunicaciones con Alemania Federal, cuando Albert James volvio a visitarnos.

Max se mostro frio con el y alego dolor de cabeza para rechazar la partida de ajedrez, pero Amelia habia tomado una decision.

– Trabajare para vosotros, pero con condiciones. No sere una agente de la OSS ni de nadie. Colaborare en aquello que pueda, pero sin sentirme en la obligacion de hacerlo si lo que me pedis estuviera fuera de mi alcance o pusiera en peligro a Max y a Friedrich. Ademas, parte de lo que me pagueis quiero que lo reciba mi familia en Madrid. No han de saber donde estoy, ni lo que hago, solo que cada cierto tiempo alguien acuda a casa de mis tios y entregue un sobre con dinero.

– ?Por que no quieres que sepan donde estas? -quiso saber Albert James.

– Porque solo les causaria mas dolor y preocupacion. No, prefiero ayudarles sin causarles mas sufrimiento. Hay una tercera condicion: si por la causa que sea, decido dejarlo, me tienes que garantizar que podre hacerlo sin reproches ni problemas.

Albert acepto todas las condiciones de Amelia. Max no dijo nada; una vez mas, se sentia derrotado.

Pocos dias despues, Amelia comenzo a trabajar como ayudante de un funcionario local. Garin hablaba ruso y podia demostrar que habia sido opositor a Hitler, ya que habia formado parte del Partido Socialista antes de la guerra, ademas de haber estado prisionero en un campo. Eso le hacia aceptable para los sovieticos, quienes, no sin razon, desconfiaban de todos los alemanes. El hecho de que Amelia se manejara en ruso facilito que Garin pudiera convencer a sus superiores de que necesitaba alguien que lo ayudara. Amelia tambien nos presento a una nueva amiga, se llamaba Iris y trabajaba como taquigrafa en la oficina municipal.

Garin habia estudiado literatura rusa antes de la guerra; era moreno, alto, con los ojos negros y un gran bigote, y sobre todo era muy afable, le gustaba reir, comer y beber. Iris era rubia, de ojos azules, estatura media y muy delgada.

Al contrario que Garin, siempre estaba seria, preocupada. Habia mantenido una relacion con un joven ruso exiliado que al comienzo de la guerra desaparecio sin despedirse. Ella ironizaba diciendo que al menos la relacion le habia servido para aprender un idioma.

En ese momento ninguno de los dos estaba situado en puesto clave alguno, pero formaban parte del ejercito de «ojos» que Albert mantenia en Berlin Oriental.

Amelia estaba contenta con su nuevo trabajo, o eso creia yo. Al parecer, Garin se ocupaba de un departamento encargado de las actividades culturales de Berlin. En realidad no habia dinero ni tiempo para esas actividades culturales, pero el departamento existia; ademas, el hecho de que Garin tuviera un pasado antifascista hacia que se fiaran de el.

A Max le costo aceptar la nueva realidad, pero termino por rendirse a la evidencia, aunque recuerdo lo mucho que me impresiono una conversacion que les oi una noche en la que creian que estaba dormido.

– Mi vida ya esta destrozada, pero no te permitire que pongas en peligro a mi hijo. Si a Friedrich le llegara a suceder algo por tu culpa… te juro que yo mismo te matare.

Me puse a llorar en silencio. Adoraba a mi padre, pero tambien a Amelia.

Albert continuaba visitandonos, aunque no con tanta frecuencia. Oficialmente, era un periodista que trabajaba para una agencia de noticias norteamericana, de esta manera justificaba sus idas y venidas a Berlin.

En octubre de 1949 se constituyo la Republica Democratica Alemana. Oficialmente teniamos nuestro Gobierno, pero seguiamos perteneciendo a los sovieticos. Pocos dias despues de que se pusiera en marcha el nuevo Gobierno, Amelia regreso a casa euforica. Trasladaban a Garin al Ministerio de Cultura. Iris pasaba a trabajar en el Ministerio de Exteriores a las ordenes de un funcionario que trabajaba para un departamento de enlace con el Ministerio de Exteriores sovietico.

En realidad, la Republica Democratica era gobernada desde la embajada rusa en Berlin.

Al principio, mi padre se negaba a que Garin e Iris vinieran a casa, no queria conocerles, pero Amelia insistio tanto que al final acepto.

Un dia Garin se presento con flores para Amelia y un libro para mi padre, e Iris con un bizcocho que ella misma habia hecho.

Mi padre simpatizo con Garin; era imposible no hacerlo, porque desbordaba vitalidad y era muy positivo, como dicen los jovenes de hoy en dia. Iris era mas discreta, menos parlanchina, pero parecia congeniar con Amelia.

– ?Merece la pena que os jugueis la vida? -les pregunto mi padre.

– ?Ya lo creo que si! No podemos permanecer de brazos cruzados viendo lo que le estan haciendo a nuestro pais. Los rusos nos tratan como si fueramos de su propiedad.

– Los responsables de lo que sucede son los aliados, primero nos entregan a los rusos y ahora… ahora quieren que defendamos sus intereses contra los rusos -se lamento Max.

– Si, tienes razon, los politicos son capaces de estas cosas, pero nosotros no podemos consentir que los sovieticos conviertan nuestro pais en su patio trasero, Max. ?Es que no te das cuenta de que somos sus criados? No tenemos ninguna autonomia, aqui no se hace nada sin que antes no lo ordene Moscu. No, no era para esto para lo que queriamos acabar con el III Reich -replico Garin.

– Y tu, Iris, ?por que lo haces? ?Por que trabajas para los norteamericanos?

Garin le hizo un gesto a mi padre para evitar que terminara de hacer la pregunta, pero era demasiado tarde. Iris se puso tensa. Primero palidecio, luego su rostro adquirio un tono rojizo, de rabia contenida.

– Mi padre era conservador, nunca le gusto Hitler, aunque no se opuso a el. Pero ?quien lo hizo? Viviamos bien hasta que comenzo la guerra. Mis padres murieron durante un bombardeo, y a mi hermano lo mataron en Stalingrado. El no queria ir a la guerra, no queria luchar por el Reich, pero se lo llevaron. Solo sobrevivimos mi hermana pequena y yo. Recuerdo que mi padre decia que si alguna vez nos desembarazabamos de Hitler, luego tendriamos que hacerlo de los rusos, y lamentaba que los britanicos no se dieran cuenta de que sus verdaderos enemigos eran los sovieticos. Pero en realidad no es por esto por lo que trabajo para los norteamericanos.

»Tuve un novio, era ruso, sus padres se exiliaron en Alemania cuando la Revolucion de Octubre. En realidad el se crio en Berlin. A pesar de las ideas de sus padres, se acerco a los comunistas durante sus anos en la universidad; simpatizaba con ellos y me decia que algun dia iriamos a la Madre Rusia. Poco antes de la guerra desaparecio. Me volvi loca buscandolo, nadie sabia donde estaba, ni sus padres, ni sus amigos… nadie. Sospecho que decidio regresar a Rusia, y para que sus padres no se lo impidieran, prefirio no decirselo ni a ellos ni a mi.

»Cuando murieron mis padres me hice cargo de mi hermana, solo nos teniamos la una a la otra. La pobrecilla sufria convulsiones cada vez que escuchabamos el ruido de los aviones sobrevolando Berlin.

»Cuando los rusos entraron en la ciudad… algunos los recibian como libertadores, pero para nosotras fueron nuestros verdugos.

»Aquel dia en que llegaron habia mucha confusion, nadie sabia que hacer, si debian esconderse o no. Nosotras estabamos en la calle buscando comida cuando vimos aparecer los primeros tanques y grupos de soldados rusos. Corrimos para refugiarnos entre los escombros de una casa derruida. Unos soldados nos vieron correr y vinieron tras nosotras, riendo. Uno de ellos agarro a mi hermana y la tiro contra el suelo. Alli mismo la violo, y luego le siguio otro, y otro. Yo… bueno, a mi me sucedio lo mismo, no se si me violaron dos o tres soldados, porque cerre los ojos, no queria ver lo que me sucedia, no queria ver a mi hermana retorcerse pidiendo piedad. Ellos se reian. De pronto llego un oficial. Les ordeno que nos dejaran y los llamo bestias inmundas. Intento ayudar a mi hermana a incorporarse, pero ella estaba tan asustada que empezo a gritar, entonces se acerco a mi y en sus ojos pude leer la

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