El grito de Amelia fue desgarrador. Se doblo por la mitad y yo pense que iba a caerse. La sujetamos entre el portero y yo. Se quedo inerte, temblando, y a pesar de que no hacia ni pizca de frio, le castaneteaban los dientes.

– ?Ve usted por que no queria decirselo yo…? Estas cosas lo mejor es que uno se entere por la familia -se lamento el portero, asustado por el estado de Amelia.

Con los ojos arrasados por las lagrimas, Amelia pregunto por su hermana.

– Y mi hermana, ?donde esta?

– La senorita Antonietta se fue con sus tios, supongo que estara con ellos. No andaba bien de salud.

El hombre nos hizo pasar al chiscon y ofrecio un vaso de agua a Amelia, que parecia incapaz de rehacerse. Estaba tan fria, tan palida, se la veia tan desvalida…

Fuimos andando hasta casa de sus tios, a pocas manzanas de alli. Amelia, que no dejaba de llorar, me llevaba de la mano, y aun recuerdo la fuerza con la que me apretaba.

Subimos las escaleras deprisa. Amelia estaba ansiosa por saber que les habia pasado a los suyos. Esta vez nos abrieron la puerta al primer timbrazo y nos encontramos con Edurne, la hija del ama Amaya, la mujer, que habia cuidado a las ninas Garayoa desde su mas tierna infancia. Edurne habia sido la doncella de Amelia, su confidente y amiga, y a traves de Lola tambien habia militado en el Partido Comunista.

Fue emocionante el encuentro entre las dos mujeres. Amelia se abrazo a Edurne y esta, al verla, rompio a llorar.

– ?Amelia! ?Que alegria!, ?que alegria! Menos mal que has vuelto.

Las voces de Amelia y Edurne alertaron a dona Elena, que se presento de inmediato en el recibidor. La tia de Amelia casi sufrio un desmayo al ver a su sobrina.

– ?Amelia! ?Estas aqui! ?Dios mio! ?Dios mio! ?Laura, Antonietta, Jesus, venid aqui!

Dona Elena cogio a Amelia de la mano y la llevo hacia el salon. Yo las segui asustado. Me sentia un intruso.

Antonietta entro en la sala seguida de sus primos Laura y Jesus. Amelia intento abrazar a su hermana pero esta no se lo permitio.

– No, no me beses, estoy enferma; he tenido tuberculosis y aun no me he recuperado.

Amelia la miro con horror y de repente se dio cuenta del lamentable estado en que se encontraba su hermana.

Presentaba una delgadez extrema. Su rostro estaba inmensamente palido y en el solo destacaban sus ojos grandes y brillantes. Pero tal y como era Amelia hacia falta algo mas que la tuberculosis para impedirle abrazar a su hermana. Durante un buen rato no hubo manera de separarla de Antonietta, a la que beso y acaricio el cabello sin dejar de llorar. Laura se acerco a sus primas uniendose en su abrazo.

– ?Cuanto has crecido, Jesus! Y sigues tan seriecito como siempre -dijo Amelia a su primo, que tendria mas o menos mi edad y que parecia muy timido.

– Tambien ha estado muy malito. Tiene anemia. ?Hemos pasado tanta hambre! Y la seguimos pasando - respondio dona Elena.

– ?Y papa? ?Donde esta papa? -pregunto con apenas un hilo de voz.

– A tu padre lo fusilaron hace una semana -musito dona Elena- y tu madre, mi pobre cunada… lo siento Amelia, pero tu madre murio de tuberculosis antes de que terminara la guerra. Gracias a Dios, Antonietta parece que se esta recuperando aunque esta muy debil.

Amelia tuvo un ataque de histeria. Empezo a gritar llamando fascistas de mierda a los nacionales, maldiciendo a Franco, jurando que vengaria a su padre. Su prima Laura y Antonietta le pidieron que se calmara.

– ?Por Dios, hija, si alguien te oye te fusilaran tambien a ti! -le dijo angustiada dona Elena, suplicandole que bajara la voz.

– ?Pero por que! ?Por que! ?Mi padre era el hombre mas bueno del mundo!

– Hemos perdido la guerra -respondio llorando Antonietta.

– Intentamos hacer todo lo posible para conseguir un indulto -explico Laura-, pero fue inutil. No sabes cuantos escritos he presentado pidiendo clemencia; tambien pedimos ayuda a nuestros amigos que estaban con los nacionales, pero no han podido hacer nada.

Entonces Amelia se derrumbo, se tiro al suelo y, alli sentada, se abrazo las rodillas contra el pecho mientras lloraba aun mas fuerte. Esta vez entre Laura y Jesus la pusieron en pie y la ayudaron a sentarse en el sofa. Dona Elena se seco las lagrimas con un panuelo y yo me agarre a la mano de Edurne porque me senti perdido en aquel drama que parecia no tener fin, ya que, segun le explico Laura a su prima, la abuela Margot tambien habia muerto.

– La abuela no estaba muy bien del corazon, pero yo creo que enfermo de pena. Su criada Yvonne nos ha contado que murio mientras dormia, que se la encontro muerta en la cama.

Cuando Amelia parecio capaz de dominarse, dona Elena le explico lo sucedido.

– Lo hemos pasado muy mal, sin comida, sin apenas medicinas… Antonietta cayo enferma y tu madre la cuido dia y noche y se contagio. Tu madre padecia de anemia, estaba muy debil, y ademas cuando habia comida se la daba a Antonietta. Nunca se quejo, se mantuvo firme hasta el final. Ademas, tuvo que hacer frente al encarcelamiento de tu padre y eso fue lo peor. Todos los dias se acercaba a la carcel para llevarle algo de comida pero no siempre conseguia verle.

– ?Por que le metieron en la carcel? -pregunto Amelia, con voz ronca.

– Alguien lo denuncio; no sabemos quien. Tu padre estuvo en el frente, lo mismo que tu tio Armando, y a los dos les hirieron y regresaron a Madrid -explico dona Elena.

– Mi padre esta en la carcel -anadio Laura.

– ?En la carcel? ?Por que? -Amelia parecio alterarse de nuevo.

– Por lo mismo que tu padre, porque alguien le ha denunciado por rojo -explico Laura.

– Ni mi padre ni mi tio fueron nunca rojos, eran de Izquierda Republicana -respondio Amelia, sabiendo que lo que decia era una obviedad para todos.

– Da igual, ahora eso da igual, para Franco lo unico que cuenta es de que lado estaba cada uno -dijo Laura.

– Son unos asesinos -afirmo Amelia.

– ?Asesinos? Si, en este pais hay y han habido muchos asesinos, pero no solo los nacionales, no, tambien los otros han matado a muchos inocentes -respondio dona Elena mientras buscaba un panuelo para secarse las lagrimas.

Amelia se quedo callada, expectante, sin terminar de entender lo que habia dicho su tia.

– Yo soy monarquica, como toda mi familia, lo sabes, lo mismo que lo era tu pobre madre. ?Quieres saber como ha muerto mi hermano mayor? Te lo dire: ya sabes que mi hermano Luis estaba cojo y no le movilizaron. Un dia llego un grupo de milicianos al pueblo, preguntaron si alli habia fascistas y le senalaron la casa de mi hermano. Luis nunca fue fascista, de derechas y monarquico si, pero no fascista. Les dio lo mismo, llegaron a su casa y delante de su mujer y de su hijo lo maniataron, se lo llevaron y le pegaron un tiro en la cuneta. Su hijo Amancio oyo el disparo, salio corriendo de la casa y se encontro a su padre en el suelo con un tiro en la cabeza. ?Sabes lo que le dijo a mi sobrino el jefe de ese grupo de milicianos? Pues que aquel era el destino que les esperaba a todos los nacionales y que anduviera con cuidado. Si, eso le dijo a un chiquillo de doce anos.

Dona Elena suspiro y bebio un sorbo de agua del vaso que Edurne habia colocado en la mesita del salon.

– Pero te contare mas, Amelia, porque seguro que recuerdas a mi prima Remedios, la monja. Cuando erais pequenos os llevamos un dia a verla al convento, cerca de Toledo. ?Crees que mi prima le habia hecho dano a alguien? Llevaba en el convento desde los dieciocho anos… Una noche llegaron un grupo de milicianos, tropas irregulares, violaron a las doce monjas y luego las asesinaron. ?Sabes por que? Te lo dire: porque eran monjas, solo por eso.

– No puedo creerlo -afirmo Amelia.

– Es verdad, lo que te cuenta mi madre es verdad -dijo Laura.

– Puedo explicarte mas casos, de alguien mas cercano a ti, de tu tia Montse, la hermana de tu madre.

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