el dia que murio. Yo le pregunte que debia hacer si algun dia regresabas y ella me dijo que, aunque volvieras, Antonietta debia seguir con nosotras, tener una familia que la protegiera.
Amelia se levanto de la mesa llorando. No era capaz de soportar las palabras de su tia, que sentia como cuchillos que le rasgaban la piel. Laura y Antonietta la siguieron y yo me quede sentado muy quieto, sin atreverme a levantar los ojos del plato. Temia que en cualquier momento dona Elena arremetiera contra mi. Cuando regresaron, Amelia continuaba llorando.
– Tia, te agradezco todo lo que has hecho por nosotros. Entiendo que mi madre no confiara en mi y temiera por Antonietta, de manera que se quedara aqui hasta que yo pueda demostrar que soy capaz de hacerme cargo de mi hermana.
Dona Elena no respondio. Se la veia apesadumbrada porque se daba cuenta de que habia herido a Amelia. Queria a su sobrina, pero sin duda los sufrimientos de la guerra la habian despojado de la dulzura de la que antano hacia gala.
– Mama, Amelia necesita nuestro apoyo, bastante tiene ya encima -dijo Laura.
– Lo siento, tenia que haberte hablado de otra manera. Has perdido a tus padres y estas destrozada, y yo… Lo siento de veras, Amelia. Ya sabes que te queremos y que cuentas con nosotros para lo que quieras…
– Lo se tia, lo se -respondio Amelia entre lagrimas.
– Manana iremos a visitar al tio Armando -dijo Antonietta intentando desviar la conversacion.
– ?A la carcel? -pregunto Amelia.
– Si, a la carcel, y yo tambien ire. Hasta ahora no he salido a la calle porque no me encontraba bien, pero tia Elena ha dicho que manana me permitira acompanarlas. Podrias venir tu tambien… -sugirio Antonietta.
– ?Si, claro que ire!
Despues, dona Elena se intereso por los planes de Amelia. Queria saber si se iba a quedar en Madrid y donde y, generosa, le ofrecio una habitacion. Amelia le dijo a su tia que como trabajaba para un periodista norteamericano y este no hablaba bien, espanol, seguramente no veria con buenos ojos que le dejara solo en la pension. Fue Laura quien tuvo la idea de que Albert James tambien se alojara en la casa.
– Podemos alquilarle una habitacion. El dinero que paga en la pension que nos lo pague a nosotras. Nos vendria muy bien, ahora que a duras penas tenemos con que mantenernos -propuso Laura.
Dona Elena parecio meditar la propuesta de su hija. Sin duda le incomodaba no poder recibir al periodista como invitado en su casa como hubiese sucedido antes de la guerra, pero la necesidad y los sinsabores pasados la habian convertido en una mujer practica.
– Podria dormir en el cuarto de Melita, que tenemos cerrado desde que se caso… Y este crio puede dormir en la habitacion de la doncella, al fin y al cabo ya no tenemos servicio, solo a Edurne. Le pondria con Jesus, pero el nino aun no esta bien del todo y necesita descansar. Si, tenemos sitio de sobra para acomodaros a todos -acepto dona Elena.
Amelia prometio proponerselo a Albert James. Para ella suponia un alivio estar con su familia, sobre todo en aquel momento en que la desgracia se habia cebado con todos ellos.
Laura nos acompano a la pension de dona Rosario para ayudarnos con el equipaje. Alli encontramos a Albert James bastante enfadado.
– ?Llevo esperandote desde mediodia! -le reprocho nada mas vernos.
– Lo siento… me han pasado tantas cosas en estas horas.
Amelia le conto entre lagrimas lo sucedido: el fallecimiento de sus padres, la enfermedad de su hermana, las desgracias que se habian cebado en su familia. El parecio aplacarse, pero no recibio de buen grado la idea de trasladarse a casa de dona Elena.
– Ve tu, es normal que quieras estar con tu familia, pero yo prefiero mantener una cierta independencia y aqui estare bien, o acaso me traslade a un hotel. Dado el estado del Florida, creo que me ire al Ritz.
Fue Laura la que, venciendo la verguenza que sentia, le explico a James que para ellos supondria una ayuda alquilarle una habitacion, en la que le garantizo que nadie le molestaria y podria sentirse igual de independiente que en casa de dona Rosario.
El vacilo, pero al final se dejo convencer por Laura. No hacia falta ser un lince para darse cuenta de que incluso familias que «-11 el pasado no habian carecido de nada ahora apenas podian mantenerse.
De manera que con las maletas en la mano fuimos caminando de nuevo hasta la casa de los tios de Amelia.
Ya era tarde cuando estuvimos todos acomodados, pero Albert James propuso que Amelia y el debian ir a casa de Lola para dejarme con ella.
Yo ansiaba encontrar a mi madre. Lola era una mujer fuerte, decidida, con la que estaba seguro de que nada me podria pasar. Ademas deseaba quedarme en Espana, no queria regresar a Francia donde, a pesar de todo, o mejor dicho, gracias a Amelia, mi padre y yo habiamos sobrevivido con dignidad.
Caminamos hasta la casa de Lola, pero alli nadie nos supo dar razon. Ella no habia regresado alli desde que al comienzo de la guerra nos fuimos a Barcelona, de manera que Amelia propuso que fueramos a la direccion que Josep le habia dado de la plaza de la Paja, donde vivia mi abuela, la madre de Lola. Me puse a temblar, no me atrevia a decirlo pero preferia quedarme con Amelia que con mi abuela. Dolores, que era tambien el nombre de mi abuela, no se llevaba bien con mi madre y yo recordaba que cuando ibamos a verla siempre discutian a causa de sus ideas politicas.
No nos costo encontrar la casa de mi abuela. Llamamos al timbre sin que nadie respondiera y fue una vecina la que nos dio noticias de la buena mujer.
– A Dolores se la han llevado al hospital. Sufre de asma y tuvo un ataque en el que casi se ahoga. Esta muy malita la mujer. Y ademas pasa tanta necesidad…
Amelia pregunto si sabia algo de Lola, pero la vecina aseguro que no se la veia por alli desde antes de la guerra.
– La Lola nunca se ha preocupado mucho de su madre, para ella lo primero era la revolucion, y del sobrino de Dolores, el Pepe, lo que se sabe es que lo mataron los comunistas porque era del POUM -respondio en voz baja mirando hacia todos lados por si alguien la escuchaba.
Nos acercamos al hospital, donde una monja nos llevo hasta la sala donde estaba mi abuela. Yo apenas la recordaba y me impresiono saber que aquella anciana de cabello blanco y mirada perdida era ella.
La pobre mujer no me reconocio y se puso a llorar cuando Amelia le explico quien era yo.
– ?Usted era la senorita amiga de mi Lola! ?Y este es mi nieto? ?Que alto esta! ?Donde esta tu madre? Hace meses que no se nada de ella, espero que no la hayan fusilado; los nacionales fusilan a todo el mundo. Claro que los revolucionarios no se han quedado cortos. Se lo dije a Lola: no puedo perdonar que mataran mi unico sobrino, al Pepe, por ser del POUM. Ya ve usted: revolucionarios matando a revolucionarios ?donde se ha visto eso? Lola odiaba al POUM, decia que eran unos traidores.
La buena mujer se comprometio a hacerse cargo de mi en cuanto saliera del hospital.
– Soy vieja y estoy enferma, pero hare por mi nieto lo que sea necesario.
Dona Elena parecio resignada a que me quedara con ellas hasta que mi abuela Dolores saliera del hospital, sobre todo cuando Albert James aseguro que pagaria tambien por mi manutencion mientras estuvieramos en la casa.
Al dia siguiente por la manana, Albert James acompano a dona Elena, a Laura, a Amelia y a Jesus a la carcel para visitar a don Armando.
James queria ver de cerca una carcel espanola, y esperaba que no pusieran grandes inconvenientes a su presencia.
Tuvo que sobornar a un par de funcionarios para que les dejaran entrar a todos al largo pasillo, donde separados por unas rejas, familiares y presos disponian de unos minutos para verse. Don Armando se emociono al ver a Amelia. Tio y sobrina no pudieron reprimir las lagrimas lamentandose de la perdida del padre de Amelia, Don Juan, y de su madre, dona Teresa.
– ?Es horrible, tio! Papa, mama, la abuela Margot, la tia Lily… y tantas personas de la familia que hemos perdido. Aun no se como voy a soportarlo -dijo llorando Amelia.
– Saldremos adelante, tu padre se mantuvo fuerte hasta el ultimo momento, y cuando se lo llevaban me pidio que os besara de su parte y os dijera cuanto os queria a Antonietta y a ti.
– ?Crees que me perdono?
