hasta tenderla sobre la mesa de caoba, donde la violo.

Amelia opuso resistencia a la brutalidad del hombre, pero el parecia un loco que disfrutaba haciendole dano. Cuando termino con ella la volvio a empujar al suelo. Amelia se encogio tratando de ocultar su cuerpo a aquel desalmado.

– No me ha gustado, con esos gimoteos no he disfrutado. Ni siquiera sirves como zorra. Eres frigida.

Amelia se levanto y se vistio deprisa, temiendo que la volviera a golpear. Mientras, el se anudo la corbata y la insulto.

– ?Puedo marcharme? -pregunto Amelia, temblando.

– Si, marchate. No se por que me he molestado en sacar a tu tio de la carcel; los rojos donde mejor estan es en el cementerio.

Cuando Amelia volvio a casa, nosotros aun no habiamos llegado. Cuando lo hicimos, Laura la encontro metida en la banera llorando. Alli le conto a su prima las vejaciones sufridas, el asco inmenso al sentir el aliento pegajoso de aquel hombre, los golpes recibidos que tanto le excitaran a el, las palabras soeces escuchadas; todo, todo lo que habia sufrido lo fue desgranando ante su prima, que no supo como consolarla.

Laura obligo a Amelia a acostarse. Dona Elena no entendia lo que sucedia, o acaso no queria saberlo puesto que el rostro de Amelia evidenciaba los golpes recibidos. Nerviosa, no dejo de parlotear anunciando que al dia siguiente su marido saldria de la carcel, tal y como nos habian confirmado esa misma tarde. A Laura y a Antonietta les ordeno que ayudaran a Edurne a limpiar la casa, para que don Armando lo encontrara todo como antes de la guerra.

Amelia no quiso levantarse para cenar y cuando Albert James insistio en verla y hablar con ella, Laura le pidio que la dejara descansar hasta el dia siguiente. Dona Elena nos mando a todos a la cama para ahorrar en luz, y James se dirigio a la habitacion de Amelia y llamo suavemente con los nudillos. Yo le oi y salte de la cama dispuesto a averiguar si Amelia le iba a contar lo sucedido.

Escuche los sollozos de Amelia y las palabras de James intentando consolarla. Le conto lo que habia hecho para salvar a su tio y el se reprocho no haber ido con ella y haberse enfrentado con aquel cerdo. Juro que al dia siguiente iria a ajustar cuentas con aquel sinverguenza, pero Amelia le suplico que no lo hiciera porque eso pondria en peligro a su familia. Luego no quise escuchar mas, me parece que el la abrazo para confortarla y que aquel abrazo fue el preludio para que dias mas tarde se convirtieran en amantes.

Don Armando salio de la carcel a primera hora de la manana del 10 de junio. Dona Elena le esperaba emocionada y cuando lo tuvo delante se fundieron en un abrazo a las puertas de la prision. Ella llorando, el conteniendo las lagrimas.

Les esperamos en casa. Laura nerviosa e impaciente; Antonietta alegre como siempre, aunque aquellos dias parecia un poco mas debil.

Laura se tiro a los brazos de su padre, que la abrazo emocionado. Luego le toco el turno a Jesus, despues a Antonietta, y a Amelia, y a Albert James, al que le agradecio que hubiera conseguido las cincuenta mil pesetas.

– Tiene usted en mi mas que a un amigo, porque le debo la vida. Usted no me conocia de nada y ha pagado por mi liberacion, nunca sabre como agradecerselo. Tenga por seguro que se lo devolvere; necesitare tiempo, pero lo hare. Espero poder volver a ejercer como abogado y si no trabajare de lo que sea con tal de sacar adelante a mi familia y pagar mi deuda.

Los primeros dias de la liberacion fueron de euforia. Melita, la hija mayor de don Armando y dona Elena, viajo desde Burgos con su marido, Rodrigo Losada, y su hija Isabel para celebrar la liberacion de su padre. La familia se sentia feliz, y la pequena Isabel se convirtio en el centro de las atenciones de todos. Solo Amelia no lograba salir del abatimiento en que estaba sumida desde su llegada a Espana.

Don Armando disfrutaba de cada momento y se regocijaba por haber vuelto a comer «como un ser humano» mientras saboreaba las patatas cocidas con tocino o las lentejas estofadas.

– En la carcel comiamos habas con gusanos -nos contaba riendo-, flotaban sobre el caldo, y no os dire a que saben los gusanos, pobrecitas, mejor que no lo sepais.

Albert James habia enviado a Edurne con dinero en busca de provisiones para celebrar la vuelta a la vida de don Armando. No es que hubiera mucho, pero, aunque a precios muy elevados, en el mercado negro siempre se encontraba algo.

Fue a finales de junio de 1939 cuando James anuncio que regresaba a Paris.

– He terminado mi trabajo aqui, ahora debo regresar y ponerme a escribir. Amelia ha decidido continuar trabajando, de manera que se viene a Paris conmigo.

Dona Elena protesto diciendo que el sitio de Amelia estaba en Madrid, junto a los suyos, pero Amelia explico el porque de su marcha.

– Aqui no puedo hacer nada. Tengo un trabajo como secretaria de Albert, gano un buen salario y con ese dinero os puedo ayudar a vosotros y a mi hermana. Quiero que a Antonietta no le falten las medicinas que necesita para curarse, y quiero que podais comer algo mas que patatas.

– Pero ?y tu hijo? -se atrevio a preguntar dona Elena.

– Santiago no me permitira jamas acercarme a el. Lo tengo bien merecido. Vendre de vez en cuando a veros y buscare la manera de acercarme a Javier; puede que algun dia pueda pedirle perdon y puede que el me perdone.

Don Armando reconocio que su sobrina tenia razon. ?De que podia trabajar Amelia en Madrid? Laura, que habia estudiado para maestra, no encontraba trabajo por ser hija de un rojo y tenia que conformarse con un puesto auxiliar en el colegio de monjas, donde habia sido alumna y en el que la madre superiora, en consideracion al afecto que le tenia, la habia acogido para el curso siguiente. Tendria que barrer, limpiar las clases, cuidar de los mas pequenos a la hora del recreo y encargarse de hacer los recados, y por todo ello apenas cobraria unas pesetas.

En cuanto a don Armando, las autoridades le dejaron claro que no podia ejercer su antigua profesion, al menos por el momento. Era mejor pasar inadvertido a los ojos del regimen. El buen hombre busco la manera de ganarse la vida con dignidad, pero no le resulto facil, y para humillacion suya tuvo que aceptar un trabajo de pasante en el despacho de abogados de un franquista, un hombre de confianza de los vencedores que necesitaba a alguien que supiera de leyes y que trabajara mucho cobrando poco y sin protestar.

Amelia le firmo un poder a su tio para que vendiera el piso de sus padres y asi pudiera pagar la deuda a Albert James y obtener un poco mas de dinero con el que aliviar las estrecheces de la familia. Al principio don Armando se nego a aceptar la idea de Amelia, aduciendo que el piso era la herencia para ella y Antonietta, pero las dos hermanas insistieron en que intentara buscar un buen comprador, seguras de que habria gente que estaria sacando provecho y podria pagar un piso en pleno barrio de Salamanca.

El dia en que Amelia y Albert James se marcharon fuimos a despedirles a la estacion del Norte. Todos lloramos, sobre todo Antonietta, a la que tuvimos que arrancar de los brazos de su hermana para que Amelia pudiera subir al tren.

Para los que nos quedabamos habia comenzado una nueva vida; para Amelia, tambien.»El profesor Soler acabo su relato, se levanto del sillon y paseo por la habitacion estirando las piernas. Hacia rato que habia anochecido y Charlotte, su mujer, habia entreabierto la puerta en una ocasion para saber si continuabamos hablando.

– Profesor, perdone, pero tengo una curiosidad, ?por que no escribe usted la historia de Amelia Garayoa?

– Porque solo conozco algunos episodios; es usted quien esta completando el puzzle.

Tengo que confesar que cuanto mas sabia de mi bisabuela mas sorprendido estaba. De mi primera impresion sobre Amelia, a quien juzgue como una joven malcriada sin ningun interes, hasta aquel momento, mi opinion habia cambiado. Amelia se me antojaba como un personaje tragico, destinado a sufrir y a generar sufrimiento.

– Bien, ahora debe continuar la investigacion -me anuncio, tal como me temia.

Como habia sucedido en las anteriores ocasiones, tenia previstas las pistas que debia seguir.

– De Madrid fueron a Paris, pero no estuvieron muchos dias. Albert James decidio ir a Londres y se llevo a Amelia con el, de manera que tendra usted que ir alli. Ya he hablado con dona Laura y esta de acuerdo, de todas maneras hable usted con ella tambien. Le facilitare un contacto en Londres: el mayor William Hurley, un militar retirado que es archivero.

– ?Usted le conoce?

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