alguna utilidad para usted. Aunque naturalmente, el tio William sera quien le cuente la parte mas sustanciosa. ?Que emocionante saber que su bisabuela fue una espia y que se jugo la vida luchando contra los nazis! Querido, pese a todo debe sentirse usted orgulloso de contar en su familia con una mujer como ella.
Al igual que con el mayor William deje que la aristocrata tomara las riendas de la conversacion. Lo mejor era escuchar; ademas, lady Victoria no habia sido educada para que nadie la interrumpiera. Encendio un cigarrillo y comenzo a hablar.
«Albert James y su bisabuela llegaron a Londres a mediados del mes de julio de 1939. Precisamente un mes antes se habia aprobado la creacion del Ejercito de Tierra femenino… pero no nos desviemos del asunto. Se instalaron en la casa que Albert tenia en
Los padres de Albert estaban en ese momento en la casa familiar en Irlanda, en Howth, cerca de Dublin, donde solian acudir todos los veranos a pesar de que el resto del ano vivian en Estados Unidos. No se si lo sabra, pero los James pertenecen a una antigua familia de la nobleza rural. Paul James era el hermano mayor y fue quien heredo la casa familiar; el padre de Albert, Ernest, decidio ir a Estados Unidos a hacer fortuna, ?y vaya si la hizo! Se convirtio en un comerciante prospero, pero nunca rompio con sus raices y, cuando ya de mayor enfermo, regreso a Irlanda para morir. Ernest hubiese querido que su hijo naciera en Irlanda, pero nacio antes de tiempo, ya sabe, prematuro, de manera que tuvo que conformarse con que su hijo fuera neoyorkino. Bueno, tampoco esta mal nacer en Nueva York, ?no cree?
Albert escribio a su madre anunciandole que iria a Irlanda acompanado de Amelia Garayoa; precisamente he encontrado la carta entre los papeles de lady Eugenie, que asi se llamaba la madre de Albert. Durante los dias que estuvieron en Londres no permanecieron inactivos. Puede imaginar la situacion politica de aquel momento: ya sabe que Chamberlain hizo todo lo posible por contemporizar con Hitler convencido de que era lo mejor, y se equivoco, claro. El tio de Albert, Paul James, hermano de su padre, trabajaba en el Almirantazgo.
Paul James invito a su sobrino y a la bellisima Amelia a cenar en su casa junto a otros amigos, la principal conversacion giro en torno a las intenciones de Hitler. Entre los invitados habia quienes estaban convencidos de que Alemania terminaria provocando una guerra en Europa y quienes, ingenuamente, creian que era posible frenarlo. Pero quiza lo mas destacado de aquella velada fue que Amelia Garayoa se encontro con un viejo amigo, Max von Schumann, a quien acompanaba su esposa, la baronesa Ludovica von Waldheim. No crea que lo que le cuento son suposiciones, es que estoy emparentada con los James y precisamente mi abuela asistio a aquella cena; ella solia hablarnos a los nietos de aquellos anos de la guerra.
Albert presento a Amelia como su ayudante, no se atrevio a mas puesto que ella estaba casada, pero para todos fue evidente que la relacion entre ambos era algo mas que profesional.
Su bisabuela era una mujer muy bella, eso lo se porque he visto algunas fotos suyas que aun se conservan en los archivos de la familia, y al parecer los asistentes a la cena quedaron rendidos ante ella. Guapa, inteligente, poliglota, no parecia espanola. No se ofenda, pero mujeres de la categoria de su bisabuela, y sobre todo espanolas, no eran habituales en aquel tiempo.
Lo ultimo que esperaban tanto Max von Schumann como Amelia Garayoa era encontrarse en aquella discreta y exclusiva cena en casa de Paul James.
– ?Amelia, que alegria! Permite que te presente a mi esposa Ludovica, la baronesa Von Waldheim. Ludovica, esta es Amelia, ya te he hablado de ella; nos conocimos en Buenos Aires en casa de mis amigos, los Hertz.
Ludovica estrecho la mano de Amelia y a nadie se le escapo que las dos mujeres se midieron con la mirada. Ambas rubias, delgadas, elegantes, de ojos claros y muy bellas… parecian dos valkirias.
Si para Albert fue una sorpresa que Amelia conociera al aleman, mucho mas lo fue para su tio Paul James.
Max von Schumann estaba en Londres con un cometido secreto: intentar convencer al Gobierno britanico para que cortaran las alas a Hitler. Von Schumann representaba a un grupo de oposicion al nazismo integrado por algunos intelectuales, activistas cristianos y unos pocos militares que llevaban tiempo intentando sin exito que las potencias occidentales dejaran de contemporizar con Hitler y asumieran que representaba un peligro para la paz en Europa. El grupo no era muy numeroso pero si muy activo, y en uno de sus ultimos y desesperados intentos por conseguir la atencion de Gran Bretana habia enviado a Von Schumann a Londres.
Max von Schumann era militar y pertenecia al cuerpo medico del Ejercito, lo que anadia un valor sustancial al hecho de que estuviera alli.
Amelia presento a Albert a Max y a su esposa Ludovica, y durante un rato los cuatro intercambiaron generalidades. A todos se les hizo evidente que Schumann buscaba la oportunidad de conversar a solas con Amelia, pero Ludovica no estaba dispuesta a facilitar a su marido semejante ocasion.
Paul James se dio cuenta enseguida de las cualidades de Amelia, y aunque no dijo nada en aquel momento, si penso que la espanola podia ser de gran utilidad en el futuro si al final se declaraba la guerra, tal y como el estaba convencido que sucederia.
– Albert, ?que planes tienes? -pregunto lord Paul James a su sobrino.
– Por lo pronto, escribir unos cuantos reportajes sobre Espana, y despues ir a ver a mis padres a Irlanda. Quiero que conozcan a Amelia.
– ?Puedo preguntarte si estais comprometidos?
Albert carraspeo incomodo, pero decidio decir la verdad a su tio.
– Amelia esta casada, separada de su marido, y me temo que por el momento no podemos formalizar nuestro compromiso. Pero estoy enamorado de ella. Es una mujer especial: fuerte, inteligente, decidida… Ha tenido que superar situaciones terribles, si hubieras visto lo que fue capaz de hacer en la Union Sovietica por salvar de la muerte a un hombre… A su padre lo fusilaron los franquistas, y ha perdido algunos de sus familiares en la guerra… En fin, no ha tenido una vida facil.
– Tu madre se llevara un disgusto, ya sabes que quiere verte casado… y, bueno, mejor que te lo diga: ha invitado a lady Mary y a sus padres a pasar las vacaciones en Irlanda. Por lo que se, parten manana de Londres camino de vuestra casa.
Paul James no podia haber dado peor noticia a su sobrino, aunque en ese momento lo que menos le preocupaba eran los contratiempos sentimentales de Albert. Convencido de que la guerra era inminente, tenia planes en los que esperaba contar con Albert.
– Despues de las vacaciones, ?tienes previsto ir a algun otro lado? -le pregunto.
– Quiza a Alemania, me gustaria ver de cerca lo que esta haciendo Hitler.
– ?Excelente! Me alegro de que vayas a Alemania.
– ?Porque, tio?
– Porque por mas que en el ministerio se empenen en no ver la realidad, la guerra es inminente. Lord Halifax parece tener una fe ciega en los informes de sir Neville Henderson, nuestro embajador en Berlin, y no te oculto que estos son demasiado complacientes para con Hitler. Chamberlain ha dedicado demasiado tiempo a apaciguar a Hitler como para aceptar que la guerra es inevitable.
– Y todo esto, ?que tiene que ver conmigo? -pregunto Albert con desconfianza.
– Tu naciste en Estados Unidos aunque en realidad seas irlandes, pero en estos momentos tener un pasaporte norteamericano puede ser muy util…
– No se en que estas pensando pero no cuentes conmigo. Soy periodista y nunca me dejare enredar en tus manejos de espionaje.
– Yo nunca te lo he pedido y no lo haria si las circunstancias no fueran excepcionales. Dentro de poco todos tendremos que elegir; no nos sera posible cruzarnos de brazos y declararnos neutrales. Tu tampoco podras, Albert, por mas que quieras no podras. Estados Unidos tambien tendra que elegir, es cuestion tic tiempo.
– Tio Paul, te encuentro muy pesimista.
– En mi oficio es peligroso enganarse a uno mismo. Eso lo dejamos para los politicos.
– En cualquier caso, no cuentes conmigo para nada de lo que se te haya ocurrido. Yo me tomo tan en serio mi profesion como tu la tuya.
– No lo dudo, mi querido Albert, pero por desgracia estoy seguro de que volveremos a hablar sobre todo esto.
