– ?Al mayor Hurley? No, no le conozco. En realidad ha sido mi amigo Victor Dupont quien me ha sugerido el nombre de Hurley, a quien conocio en un congreso de documentalistas. Creo que podra ayudarle a encontrar la pista de Albert James.
Antes de ir a Londres pase por Madrid para ver a mi madre. En esta ocasion su enfado era real, lo supe nada mas abrir la puerta.
– Te has vuelto loco, ?crees que tiene algun sentido lo que estas haciendo? Ya le dicho a mi hermana que ella es la culpable, ?menuda ocurrencia tuvo! ?A quien le importa lo que hizo tu bisabuela? ?En que nos va a cambiar la vida?
– Tia Marta ya no tiene nada que ver en el asunto -conteste.
– Pero fue ella la que te metio el veneno. Mira, Guillermo, por lo que a mi respecta no quiero saber nada sobre la vida de mi abuela, me importa un pimiento. Pero te dire mas: o paras esta locura o no cuentes conmigo para nada. No estoy dispuesta a contemplar como tiras tu vida por la ventana. En vez de estar buscando un buen trabajo te dedicas a investigar el pasado de esa Amelia Garayoa que… que… en fin, hasta despues de muerta continua fastidiando a la familia.
No logre convencer a mi madre de que la investigacion merecia la pena. Se mostro inflexible y me lo demostro anunciandome que no le pidiera ningun prestamo porque no pensaba ayudarme hasta que no abandonara lo que ella califico de «locura».
Me sento mal la cena y me fui malhumorado, pero decidido a continuar con la investigacion sobre Amelia Garayoa. Curiosamente no sentia que fuera nada mio, el interes que habia ido despertando en mi no tenia que ver con que fuera mi bisabuela. Su vida se me antojaba mas interesante que la de tantas otras personas a las que habia conocido y sobre las que como periodista habia escrito.
Dona Laura se mostro encantada con mis progresos y no puso objecion a que me fuera a Londres.
4
Llegue a Londres una manana en la que ni llovia, ni habia niebla, ni hacia frio. No es que luciera el sol, pero al menos el ambiente me resulto mas agradable que en otras ocasiones. En realidad solo habia estado en Londres una vez cuando era un adolescente y mi madre se empeno en enviarme a un viaje de esos de intercambio para que practicara el ingles.
El mayor William Hurley me parecio un viejo grunon, al menos por telefono.
– Venga a verme manana a las ocho en punto y no se retrase; ustedes los espanoles tienen la curiosa costumbre de llegar tarde.
Me fastidio esa alusion a que los espanoles somos poco puntuales, y me dije que le preguntaria a cuantos espanoles conocia y si todos ellos habian llegado tarde a sus citas.
A las ocho en punto de la manana llame al timbre de una mansion victoriana situada en Kensington. Me abrio una doncella muy joven perfectamente uniformada. La chica debia de ser caribena porque a pesar de la rigidez que se respiraba en el umbral de la puerta me sonrio ampliamente y me dijo que anunciaria sin demora mi llegada al mayor.
William Hurley me esperaba sentado junto a la chimenea en una inmensa biblioteca. Parecia distraido mirando como ardia un leno, pero enseguida se puso en pie y me tendio una mano que resulto ser de acero porque casi me aplasta los dedos.
– Le recibo a peticion del senor Dupont -me recordo.
– Y yo se lo agradezco, mayor Hurley.
– El senor Dupont me ha adelantado que quiere usted informacion sobre la familia James, ?es asi?
– Efectivamente, tengo interes en conocer todo lo referente a un miembro de esa familia, Albert James, que segun tengo entendido tenia familiares en el Origen Office y en el Almirantazgo.
– Asi es, de lo contrario no estaria usted aqui.
– ?Como dice?
– Joven, he dedicado buena parte de mi vida a estudiar archivos militares, sobre todo los concernientes a la Segunda Guerra Mundial, y efectivamente un James sirvio en el Almirantazgo durante aquella epoca. Lord Paul James era un oficial encargado de una de las secciones del contraespionaje, y precisamente uno de sus nietos se caso con lady Victoria, sobrina de mi esposa. Lady Victoria, una mujer notable, es una gran jugadora de golf, ademas de historiadora. Ella ha puesto en orden todos los archivos de su familia y tambien los de la familia de su esposo. Bien -concluyo-, ?que es lo que esta buscando?
Le explique quien era y le conte que al parecer una amante de Albert James, Amelia Garayoa, era mi bisabuela, y que mi unico interes era reconstruir su historia para la familia.
– Una mujer singular, su bisabuela.
– ?Ah! Pero ?sabe usted algo sobre ella?
– Yo no tengo tiempo que perder. El senor Dupont me telefoneo pidiendome que le recibiera y explicandome el motivo de su investigacion, de manera que he estado mirando en los archivos del Almirantazgo, los que son publicos, pues aun hay mucho material clasificado que naturalmente nunca saldra a la luz. Hubo una agente libre, una espanola, Amelia Garayoa, que colaboro con el Servicio Secreto britanico durante la Segunda Guerra Mundial. Su valedor fue Albert James, sobrino de lord Paul James, que tambien fue un agente, y de
Me quede petrificado. Mi bisabuela no cesaba de darme sorpresas.
– ?Una agente libre? ?Que significa eso? -pregunte intentando recuperarme de la sorpresa.
– No era inglesa, no pertenecia a ningun Cuerpo, pero al igual que muchas otras personas de toda Europa colaboro con los servicios de Inteligencia para derrotar al nazismo. En la guerra hubo dos frentes, y el de la Inteligencia fue tan importante como el militar.
El mayor Hurley me dio una leccion magistral sobre el funcionamiento de los servicios secretos durante la Segunda Guerra Mundial. El hombre parecia disfrutar exhibiendo sus extensos conocimientos y yo le escuche muy atento. Como periodista, una leccion que tengo bien aprendida es que nadie se resiste a que le escuchen con atencion. En realidad la gente esta muy necesitada de hacerse oir, y si uno tiene la paciencia y la humildad de escuchar sin interrumpir puede enterarse de las cosas mas insolitas.
A las diez en punto la doncella caribena golpeo suavemente la puerta para anunciarle al mayor que tenia un coche esperandole en la puerta.
– ?Ah! Tengo una cita con un viejo amigo en el club. Bien, joven, creo que le pedire a lady Victoria que le reciba, puede que ella le de informacion sobre los aspectos mas… mas… digamos personales de la relacion entre Albert James y Amelia Garayoa. Por mi parte, yo le pondre al tanto de lo que fue su actividad como agente. Le llamare a su hotel.
Sali de la casa del mayor Hurley entusiasmado. La historia de Amelia Garayoa estaba adquiriendo una perspectiva insospechada.
Lady Victoria me recibio dos dias mas tarde. Resulto ser una mujer atractiva aunque debia de tener mas o menos de la edad de mi madre.
Alta, delgada, con el cabello cobrizo, ojos azules, piel blanquisima esmaltada de pecas y con la elegancia tipica de las mujeres de clase alta a las que todo lo que tienen nada les ha costado, por mas que lady Victoria hubiera sido una alumna destacada en la Universidad de Oxford y se hubiese licenciando en historia.
– ?Que empeno tan loable el suyo, investigar el pasado de su bisabuela! Sin raices no somos nada, es como si no tuvieramos los pies firmes sobre la tierra. Debe de ser terrible no saber quien es uno, y claro, eso solo podemos saberlo si conocemos la historia de nuestros mayores.
Hice un esfuerzo para no responder a su perorata clasista, pero me calle porque la necesitaba.
– Sepa, joven, que en los archivos familiares he encontrado un monton de cosas sobre su bisabuela. Cartas, referencias sobre ella en el diario de la madre de Albert James; en fin, creo que lo que le voy a contar puede ser de
