– Es para que Pammy disfrute de una buena panoramica del World Trade Center cada vez que se deprime. Asi remonta de nuevo.
– Yo quiero algo clasico de beber -dijo Ethan-. Nada de tequilas y rollos de esos. ?Que es eso? ?Tequila? He decidido seguir vivo, se acabaron los remolinos venenosos.
– Que poetico -dijo Pammy-. Que sirva alguien. Yo quiero un trozo pequeno. ?Comemos o bebemos? Empiezo a estar confusa, y eso que apenas acabamos de empezar.
– ?Que es aquello? -dijo Jack-. ?El Edificio Municipal? ?Y ese otro? ?El Woolworth? No, imposible que se vea desde aqui, ?verdad que no?
– SI hubieras traido vino te podria servir algo clasico. Pero te puedo servir vino.
– Hemos traido pastel de carne. ?Quien mas trae pastel de carne?
– Entiendo que os habeis dejado el vino en e) taxi, supongo que debido a vuestra experiencia anterior.
– Nos ha traido un taxista que no veas -dijo Jack-. No hablaba ni papa de ingles. Se empeno en venir aqui pasando por Chinatown.
– Ah, ya veo.
– Amenaza de danos fisicos -dijo Ethan.
– ?Y aqui quien es que? Me gustaria un poco de pan con esto. No, mejor que no. Olvidalo. Cancele el pedido, camarero, que ahora soy bailarina. Mi vida es la austeridad. ?Como se dice? Un regimen austero, eso es. Aceptare una copa de todos modos siempre y cuando alguno de ustedes, pedazos de zurullo, me alcance un vaso y ponga en todo momento un cuidado exquisito, que son nuevos y sumamente caros.
– Esta ensalada esta de fabula.
– Gracias, Jack.
– Una ensalada unica entre las ensaladas del mundo -dijo Ethan.
– La ha preparado Lyle.
– Arrecian los aplausos, ovacion prolongada.
– La prepare yo.
– Queria preguntarte una cosa, Lyle: ?que pasa en la calle?
– Es la calle de las calles.
– ?Es que te han declarado oficialmente chapado a la antigua, o que? ?Eres viable, Lyle? Todos queremos que nos lo digas clarinete. ?Seguira existiendo un parque donde negociar compras y ventas de activos en un futuro proximo? ?O acaso ha de ingresar todo eso en la bruma de la historia, damas y caballeros?
– Yo voto por la bruma de la historia. La verdad es que nadie sabe nada. Se ventila una fortisima discusion desde el punto de vista de los miembros. Pero la corriente va por otros derroteros.
– De veras, ?todo eso te vas a tragar?
– No es cuestion de tragarselo. Es cuestion de abrirse. Claro esta que uno nunca sabe que es exactamente lo que abre, eso es lo malo de las corrientes, y mas si van soterradas.
– Podrian arrastrarte hasta la misma catarata.
– Y propulsarte por encima y hacerte caer en picado.
– ?Hay motivo de preocupacion? -pregunto Ethan.
– Escoge una apertura y entra con todas. Ese es, que quieres que te diga, el unico metodo de… de lo que sea, de mantener cierta resolucion, cierta presencia de animo, de ser especifico en las propias intenciones. Ahi fuera, en la calle, los amanuenses de la historia, los que envuelven los paquetes. Libertad, libertad.
– Bien aprendida llevas la leccion, Espartaco.
Casi habia anochecido. Lyle bajo a por mas alcohol y mas hielo. Marco el numero de Rosemary. No le contesto nadie. En la cocina, paso por delante de un armario con puerta acristalada y reparo en que tenia un defecto en su reflejo. Algo desconocido en plena cara. AI mismo tiempo, noto la humedad. Entro en el cuarto de bano. Era su nariz, le estaba sangrando. Se tapono el orificio con papel higienico hasta que menguo el flujo de la sangre. Acto seguido puso una caja de Kleenex en la bandeja, con el tequila, el vodka, limones verdes, hielo, y volvio a la azotea. Habia alguien en otra de las mesas. Era un chiquillo que llevaba un panama de paja. Estaba de pie contra la silla, apartando la mirada. Lyle tuvo la sensacion de que los demas lo miraban con intencion de medir las dimensiones comicas de su reaccion ante el muchacho. Camino hacia donde estaban y miro bajo la sombrilla que los cubria. Adrede, despacio, dejo la bandeja sobre la mesa y aparto el resto de los objetos con un desden calculado. Los demas esperaron a que dijera algo. Se sento tan despacio como pudo. De nuevo comenzo a sangrar por la nariz. Ese fue el chiste, como no. Mucho mas divertido que cualquier cosa que dijera. Se inserto un Kleenex en el orificio y se lo dejo colgando, adoptando una expresion de paciencia hastiada.
– Lo ha dejado su madre -dijo Jack-. Dijo que vendria enseguida. ?A quien se le ocurre dejar a un chiquillo en la azotea?
– Es un chiquillo de los anos cuarenta -dijo Pammy.
– Lleva un sombrero panama de no creerselo.
– Es un chiquillo de los anos cuarenta. Mira que traje lleva, un traje de dos tonos a juego. Me apuesto lo que quieras a que nunca crecera. Se quedara en el metro cincuenta y poco. Fumara una pipa pequena y nunca ira a ninguna parte si no es con su sombrero y su traje de dos tonos a juego. Se llamara Bill Follett. Me gustaria casarme con el. Tambien me gustaria un poco de vino blanco con soda, por favor.
– ?Y de donde se supone que lo saco?
– De donde sea. Existe, eso es todo. Existencial-mente tendrias que ser capaz de conseguirlo.
– Es una ninfula grunona donde las haya -dijo Ethan-. ?A que lo es en ocasiones? En la oficina da miedo nada mas verla.
– Es una chica de gangster de las que ya no quedan, te lo aseguro.
– Anda, quitate el Kleenex de la nariz.
– Nariz, que nariz, ni que… y callo.
Se zamparon los restos del pastel de carne. Pammy se acerco a hablar con el chiquillo. Tuvieron una grata conversacion sobre los perros del barrio. Las atenciones que ella le presto le dieron renovados animos. Ella creyo que el era consciente de toda la escena, no solo de su conversacion. Disfrutaba al formar parte de todo ello. El nino entre los adultos. Bonito traje. El ambiente. Llego su madre para llevarselo. Pammy volvio con los demas.
– Lo que yo digo es que basta -dijo entonces Lyle-, y que no sabemos que significa. Se nos ha caido encima a trozos. Es algo que se adelanta a cualquier planificacion. Nos ha salido el tiro por la culata. Aqui y ahora.
– Valles inmensos de espacio y tiempo.
– Si yo tuviera una madre como esa -dijo Jack-, tambien saldria a hacer el gamba por los terrados. De todos modos, es lo que hago, anda que no.
– ?Que es esto? ?Tequila? -pregunto Ethan-. Yo no quiero esto. Que alguien se lo lleve. SI esto es tequila y yo estoy bebiendo tequila, es que algo esta gravemente trastocado en el orden de las cosas.
– Mira, da la impresion de que ese avion va a estrellarse.
– Chicos, creo que me estoy poniendo fatal.
– Tenia muchisimas ganas de que esta noche estuviesemos juntos y fuesemos la bomba.
– Me parece que voy a echar la pastilla dentro de nada.
– Estaba seguro de que se iba a estrellar -dijo Jack.
– No quisiera echarle la culpa al pastel de carne, pero es que me esta pasando algo en el estomago, algo que no tendria por que.
– Va a echar la papa, Lyle. Anda, llevatela de aqui.
– Si hubiesemos bebido algo brillante, la bomba, aun lo entenderia. Hace ya mucho que me conformo con lo que no es precisamente lo mejor.
– Lyle, ?tu fumas? No sabia que fumases. ?Cuando has empezado a fumar?
En el espejo del cuarto de bano se miro y vio gotear la sangre. En cierto modo era hermoso. Manaba muy despacio, un fluir idealizado, sin la menor sensacion de que hubiese una fuerza que la impelia a fluir. Vio como llenaba la sangre la hendidura que se le formaba sobre el labio. Le intrigo el color de su sangre, esa floracion carnosa, casi una pelicula de la savia mas alegre que se pudiera imaginar. Echo la cabeza por fin para atras y asi quedo un rato, hasta que ceso la hemorragia, y entonces fue a la cocina, donde se hallaba Pammy ante la fregadera humeante. Abrio la nevera comprimiendola a ella contra la fregadera, un descarado gesto para molestar, ni siquiera una tenue irritacion, y saco un tarro de aceitunas.
