Burks empezaba a ponerse demasiado posesivo. Era hora de dar un giro de ciento ochenta grados y poner pies en polvorosa.

Lyle sospecho que J. iba a colgar.

– ?Cuanto tiempo ?levas dando informacion?

– Es cuestion de meses.

– ?Te pagan?

– Eso tenia que suceder tarde o temprano. Es sumamente dudoso que llegue a ver el dinero.

– Una cantidad respetable, supongo.

– Para ir tirando.

– Entonces, ?por que asumir tantos riesgos?

– La gente hace experimentos, Lyle. Son muy propensos a determinadas cosas, conscientes de las sombras, nuestra policia secreta. Yo quise entrar en ese aparato en concreto, al menos un paso o dos.

– Tienen tu nombre ligeramente trastocado.

– No sabia siquiera que lo tuvieran. Eso si es interesante. ?Entiendes lo que quiero decir? Meras tecnicas. Me pregunto como se las habran ingeniado. Tienen que haber dedicado muchisimo tiempo a rastrearme. Antes me llamaba la atencion. ?De veras les interesa lo que saquen en claro? ?Saben acaso quien soy? Sus secretos son peores que los nuestros, de largo, y eso ya es mucho explicar sobre e! porque de que sus tecnicas esten desarrolladas con tanta finura.

– ?Y ahora que?

– Sigo pidiendote toda tu confianza.

– No cuelgues aun, J.

– Dios te bendiga.

Lyle dejo el telefono y marco el de McKechnie. La nina le dijo que su papa no queria hablar con el.

5

Hablaron durante un rato de la puesta de sol, sentados en la terraza, con comida basura y bebidas. Se estaba mejor que el dia anterior a la misma hora, aunque al crepusculo le faltaban los tenues tonos malva, segun Ethan, que tuvo dos tardes antes. Entraron y cenaron despacio, un esfuerzo descoordinado. Jack se quejo de que hablaban de la comida mientras cenaban, de que hablaban de las puestas de sol mientras las miraban, y asi sucesivamente. Empezaba a ponerse de los nervios, dijo. Y lo dijo con su voz rayana en la histeria, el exagerado quejido del descontento urbano. Tras la cena se sentaron junto a la chimenea a hojear las revistas. Jack encontro un ejemplar del New York Times que tenia seis meses de antiguedad. Leyo en voz alta una lista de restaurantes resenados por diversas violaciones del codigo sanitario, salmodiando nombres y direcciones.

– Nos hace falta lena -dijo Ethan.

– Lena.

– Mas madera.

– Toca madera -dijo Jack.

– Es la guerra -dijo Pammy-. Lena al mono.

– Lena, lena.

– Haga el fuego -dijo ella- un fuego grande para calentar el cuerpo.

Por la manana fueron en coche por el puente que unia la isla al continente, el cabello aplanado por efecto del viento, y llegaron a la otra orilla. Habia cielo por todas partes. Pammy iba sentada tras los hombres, son-riendoles a los cogotes. La accion de los elementos en el paisaje habia dado a las casas una segunda vida, una vida mas profunda, mas privada, una belleza que era mas diestra en su austeridad, conquistada. Cantos rodados en medio de los campos ocres. Aqui y alla los ninos, en bicicleta, descalzos. Ella busco con detenimiento los rastros de agua, ansiosa por dejarse sorprender, por recibirla de repente, una avenida de azul endurecido entre masas de pinos, la luz del sol que rebotase en la superficie. Los ninos en bicicletas eran delgados, rubios, no,del todo bien alimentados, cierto distanciamiento, le parecio, en el modo en que le devolvian su sonrisa, con una mirada endurecida al contemplar el coche y los viajeros, los ojos entornados al sol.

En Blue Hill visitaron a un matrimonio al que conocia Ethan, tres ninos, un perro. Al marcharse, ella y Jack esperaron junto al coche a que Ethan intercambiase prolongadas despedidas con sus amigos. Jack la miraba.

– Yo en realidad no soy gay -dijo.

– Si tu lo dices, Jack…

– No lo soy, de veras.

– Es tu mente, es tu cuerpo.

– Pues entonces nadie como yo para saberlo a ciencia cierta.

Mas avanzada la tarde salio de la ducha y noto un dolor, una presion momentanea en un lateral de la cabeza. Iba a morirse en cuestion de semanas. La obligarian a someterse a largas series de pruebas horribles, pero los resultados siempre serian los mismos. Se quedo deprimida, de pie con la toalla enrollada, dejando que el cuerpo se le secara despacio, se le muriese. Que desperdicio. Se sintio fatal por Lyle. Seria para ella mucho mas facil de aceptar si no dejara atras a alguien. Gracias a Dios no tenian hijos. Se vistio y salio del cuarto de bano.

Tras la cena se ventilaron el resto del vino y algo de brandy en la terraza. Hacia la noche mas bonancible de todas las que habian tenido. Jack estaba inquieto, decidio llevar la basura al contenedor en vez de esperar a la manana siguiente. Empuno una linterna y se alejo por el camino arrastrando dos bolsas de plastico.

– Tiene razon -dijo Ethan-. Parece imposible que hagamos nada sin hablar de ello al mismo tiempo.

– Son las vacaciones -dijo ella-. Es lo que hace todo el mundo.

– No me habia percatado de que lo estabamos haciendo hasta tal extremo.

– Tu bocaza de aleman es demasiado seria.

– Tal vez sea ese el significado secreto de los sitios nuevos.

– ?Cual?

– Calla, que lo estoy pensando.

– Pues no me lo digas.

– Tiene que ver con la conciencia de uno mismo -dijo-. Luego te cuento mas.

– Dios, que estrellas.

– Cuanto mas claro esta todo. Tambien tiene que ver con eso.

– Miralas, hay millones.

– Ya las miro.

– Habiame de ellas -dijo ella-. Rapido, antes de que regrese Jack.

Mucho mas tarde hubo largos silencios entre los retazos de la conversacion. Jack saco mas jerseys para todos, y luego tres mantas. Cuando el viento traspasaba las copas de los arboles, a Pammy le costaba trabajo entender el sonido en sus fases mas tempranas, la creciente insistencia de las olas.

Mas tarde aun, en alguna interpenetracion perfecta del vino y el aire de la noche, se dejo llevar a una region mas cordial, a un no espacio en realidad, en el que prevalecia una quietud inmaculada. Entre un momento y otro de adormecimiento percibia su mente viva en el vivido frescor. La claridad resonaba en cada comentario suelto. Cuando Ethan rio en un momento dado, un resoplido idiota, sintio que sabia que nimio acontecimiento neural habia causado ese sonido. Habia un orden completo en la noche.

Entonces se volvio mas lenta, torpe, sosa. Queria acostarse, pero no tenia animos para levantarse y entrar en la casa. Seguia frisando una fase inestable del sueno. Se le resbalo el codo del brazo del sillon y se desperto con un sobresalto. Despues todo fue diferente, una pugna.

– Dios, que estrellas -dijo Jack.

A Pam se le paso por la cabeza que Ethan rara vez hablaba con Jack. Se dirigia a Jack hablando del mobiliario, las peliculas, el tiempo. Eso, mas la tercera persona. A Pammy le decia a veces cosas que estaban destinadas a Jack. A veces leia en voz alta un articulo de un periodico, o repetia una frase dicha por un locutor de television, la repetia de una manera determinada, como una parabola fragmentaria, solo para Jack. No le parecia que eso fuera

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