Habia pasado anos oyendo decir a gente de todo tipo y condicion, aqui y alla, una misma cosa: «Tu haz lo que te de la gana mientras no hagas dano a nadie.» Decian: «SI las dos partes dan su consentimiento, hazlo, da igual que sea.» Decian: «Todo lo que te pueda gustar, mientras los dos querais hacerlo y nadie se haga dano de ninguna clase, se puede hacer sin problema. Da igual que, da igual con quien.» «Todo lo que te pueda gustar», decian. Decian: «Sigue el dictado de tus instintos, se tu misma, haz realidad tus fantasias.»
6
Lyle no habia estado alli desde hacia bastantes anos, en el Lower East Side, ese
– Con un poco de gasolina, habria sido un acto politico.
– Tal como ha sido, ?que es?
– Mero desorden publico -dijo ella.
– Me pregunto contra que blanco tiran.
– La botella es el blanco. Se trata de romper la botella.
– Eso es puro zen -dijo el.
– Si funciona, lo probamos.
– La botella es el blanco, maestro.
– Pues si, zen, ?por que no?
Marina tendria unos siete anos mas que el, calculo Lyle, y ese dia, por primera vez, daba muestras de cierta propension a sentirse a sus anchas, no tan rigurosa en sus convicciones, o menos dispuesta, en todo caso, a localizar cualquier transformacion dentro de una estructura absoluta.
– ?Adonde ira J.?
– No demasiado lejos -dijo ella-. No es facil eso de desaparecer cuando tus lugares y rutas seguras se te han cerrado en las narices. J. no tiene dinero. No puede tener amigos, o no muchos, y, en cualquier caso, ?quien tendria ganas de echarle una mano?
– ?Que sucede entonces? ?Disciplina terrorista?
Ella continuo mirandole sin decir nada. Lo cual decepciono a Lyle. Habia tratado de hacerle hablar sobre ciertos aspectos de la situacion de Kinnear, del pasado y del presente. El experimento, como j. lo denominaba, no era obviamente un caso de infiltracion en el sentido convencional del termino. Con todo, Lyle creia que existia un elemento de premeditacion. El propio J. lo habia introducido; se habia infiltrado, a un nivel consciente, mucho antes de que decidiera contactar con Burks o con la agencia a la que Burks representase. Su revelacion «selectiva» de informacion meramente venia a confirmar la existencia material del espacio que habia querido ocupar, la geografia compleja, puntos de confluencia y de peligro. Todas esas especulaciones a Lyle le parecian absorbentes, por eso tenia la esperanza de que Marina aportase datos concretos que dieran mas consistencia a sus conceptos. Se trataba de encajar las piezas humanas en los huecos del tablero. Era una actividad apasionante. Era posible que Kinnear hubiera sido un agente, de espiritu, durante una veintena de anos. Funcionaba simultaneamente a dos niveles. Contrapeso. Su vida se basaba en lineas de fuerza tendentes a generar el equilibrio. Todo tenia un efecto retardado. No podia actuar, siquiera dar un paso, sin sopesar conjuntos enteros de implicaciones. Todo eso habia terminado. Desmoronamiento interior. Era posible que hubiera presionado en exceso, que lo hubiera hecho con toda la intencion.
– ?J. es homosexual?
Ella no lo sabia.
– ?Cabe la posibilidad de que se entregue, de que estampe su firma en la linea de puntos?
Gesto de indiferencia.
– ?Lo pueden matar? En caso afirmativo, ?cuando?
– Olvida todas tus dudas.
– Si, lo van a matar.
– No es una cuestion de urgencia -dijo ella-. Tenemos otras cosas de que ocuparnos.
Se aparto del volante y se acerco a Lyle con torpeza, dejando la pierna derecha en medio e impidiendo asi el efecto que buscaba, una intimidad forzada, el intercambio de compromisos intensos. Por ultimo le toco la cara con ambas manos. Fue tal el contacto que sembro un cruce de canales, un camino de reciprocidad inmediata. Tenia la mirada fija, un punto enloquecida, de nuevo un efecto indeseado. Era interesante, siempre lo era, que le tocase una mujer, la primera vez, cuya mente uno sabe que circula por lineas distintas de las propias, que vive de acuerdo con otro mapa radicalmente distinto.
– ?Estamos cerca de algo?
– A punto de llegar -dijo ella.
– ?Tenemos a un Vilar en esto?
– Tendremos a alguien mas que dispuesto.
– ?Es posible que reciba instrucciones de tu hermano?
– Querras decir que se haya preparado.
– Es que me sentaria fatal que algo detonase antes de lo previsto.
– Vilar esta confinado por completo, privado de toda comunicacion con el exterior. Ha intentado suicidarse varias veces. Lo tienen sujeto a vigilancia las veinticuatro horas del dia. Antes que seguir en la carcel, Vi-lar se quitara la vida. Es cuestion de tiempo, nada mas. Es el acto que lleva toda la vida ensayando. Antes morir que la justicia del cerdo. Ese es el destino de nuestra clase.
Volvio a ocupar su sitio en el asiento y miro por la ventanilla los desechos en la calle. Otras tres botellas se estrellaron contra la acera a media manzana de alli, de nuevo en intervalos de diez segundos.
– Pero tienes a alguien.
– Por descontado.
– ?Fabrica bombas?
– Falsifica pasaportes -dijo ella.
Era de noche. Un grupo de hombres y de jovenes aparecio en la esquina opuesta, riendo. Tres se separaron del grupo y se dirigieron al coche, meros adolescentes, uno con una botella entre las piernas, caminando como un pato.
– Asi que espero.
– Sera pronto, Lyle.
– Lo hacemos de la misma manera, ?no? Yo le abro el paso a tu hombre, le franqueo la entrada en el parque, sera mi invitado. Deja lo que tenga que dejar. En plena noche, estalla.
– Hablareis.
– ?Quien es?
– Todavia no -dijo ella.
– ?Sonaste alguna vez que encontrarias a otro George con tanta facilidad?
– Es propio de los americanos.
– ?El que?
– Es igual que los ingleses, que nunca dejaran de ser unos chiquillos. Los americanos estan condenados a realizar actos heroicos.
– Que comentario tan ironico, senalo el -dijo Lyle.
– Decide tu mismo cual de las dos enfermedades es peor.
Le sonreia. Los tres chicos pasaron por delante del coche, mirando al interior, y se fueron por el solar vacio. Ella parecia esperar a que Lyle bajara del coche. Un hombre con unos pantalones demasiado grandes y una camiseta llena de agujeros se acerco al coche por el lado del conductor. Marina dijo algo en espanol. Luego miro a Lyle. El hombre habia vomitado poco antes. Sin apartar los ojos de Lyle, dijo algo mas y el hombre se largo.
