ocultaban unos generadores de energia nuclear del tipo E — llamada antiguamente del segundo tipo —, que por no emitir radiaciones residuales duras era conveniente para las instalaciones locales.
Un sistema complicadisimo de maquinas se adentraba en las petreas entranas de la montana submarina penetrando de continuo en el fragil mineral rojo-parduzco. El trabajo mas dificil era el del piso inferior del sistema, donde se realizaba la extraccion y fraccionamiento automaticos de la roca. La maquinaria recibia senales del puesto central, que se encontraba arriba, donde se efectuaba la observacion general sobre el funcionamiento de los aparatos de corte y trituracion, el control de las variaciones de dureza y viscosidad del mineral y la verificacion de los pozos de preparacion hidraulica. La velocidad del grupo de maquinas extractoras y trituradoras se aumentaba o disminuia en dependencia del variable contenido de metal. Toda aquella labor de vigilancia y comprobacion que efectuaban los mecanicos no se podia confiar a dispositivos automaticos, debido a la limitacion del espacio protegido contra el mar.
Dar Veter era mecanico, encargado del reglaje y observacion del grupo inferior.
Sucedianse las largas guardias diarias en camaras en penumbra, llenas de esferas y cuadrantes, donde la bomba de aireacion acondicionada luchaba a duras penas contra el agobiador bochorno, agravado por el aumento de la presion a causa de los inevitables escapes de aire comprimido.
Terminada la jornada, Dar Veter y su joven ayudante salian a la superficie, a respirar durante largo rato el aire puro en la terraza con balaustrada; despues de banarse y comer, volvia cada uno a su habitacion en una de las casitas superiores. Dar Veter trataba de reanudar su estudio de una nueva rama de las matematicas: la coclear. Le parecia haber olvidado su anterior contacto con el Cosmos. Como a todos los trabajadores de la mina de titanio, le gustaba acompanar con la mirada las balsas con los lingotes de aquel mineral, cuidadosamente apilados. Despues de la reduccion de los frentes polares, las tempestades eran mucho menos fuertes, y una gran parte del transporte maritimo se efectuaba en balsas remolcadas o automotrices. Cuando llego el dia de relevar el personal, Dar Veter se quedo alli con otros dos entusiastas de los trabajos mineros.
Nada es eterno en este variable mundo, y la mina hubo de paralizarse para la reparacion correspondiente del grupo de maquinas de extraccion y fraccionamiento. Dar Veter penetro por vez primera hasta el fondo de la explotacion, donde solamente con una escafandra especial podia soportarse el calor, la elevada presion y el gas toxico que escapaba de pronto por las fisuras. A la cegadora luz de la galeria, las parduscas paredes de rutilo centelleaban con sus peculiares destellos diamantinos y lanzaban rojos fulgores, como unos ojos furibundos ocultos en la roca. Reinaba alli un silencio extraordinario. La perforadora electrohidraulica de chispa y los enormes discos — emisores de ondas ultracortas — permanecian inmoviles por primera vez en muchos meses. Al pie de ellos, aprovechando la ocasion, unos geofisicos que acababan de llegar estaban atareados instalando sus aparatos, a fin de comprobar los contornos del yacimiento.
Arriba, calidos y serenos, transcurrian los dias del otono meridional. Dar Veter fue a las montanas, donde sintio con singular fuerza la grandeza de aquellas moles de piedra que se alzaban inmoviles, en el decurso de milenios, ante el mar y el cielo. Rumoreaban las hierbas secas, con susurro de seda; de abajo, apenas llegaba el batir de las olas. El cuerpo cansado demandaba reposo, pero el cerebro captaba con ansia las impresiones del mundo, que se antojaban nuevas despues del largo y penoso trabajo subterraneo.
El ex director de las estaciones exteriores, al aspirar el aroma de las rocas recalentadas y de las hierbas del desierto, creyo que aun le esperaba mucho bueno, tanto mas, cuanto mas fuerte fuera el mismo. Y le vino a la memoria una vieja sentencia popular:
Quien siembra la accion, recoge la costumbre. Quien siembra la costumbre, recoge el caracter.
Quien siembra el caracter, recoge el destino.
Si, ?la mayor lucha del hombre era la lucha contra el egoismo! No habia que combatirlo con maximas sentimentales ni con una moral bella, pero ineficaz, sino con la comprension dialectica de lo que el egoismo significaba. Este no era un engendro de algun espiritu maligno, sino el natural instinto de conservacion del hombre primitivo, que habia desempenado tan gran papel en el salvajismo. Ahi estaba la causa de que en individualidades fuertes, brillantes, el egoismo fuera tambien fuerte, con bastante frecuencia, y dificil de vencer. Pero esa victoria constituia una necesidad, quiza mas imperiosa en la sociedad moderna. Por ello se dedicaban tantos esfuerzos y tiempo a la educacion y se estudiaba con sumo cuidado la estructura de la herencia de cada uno. En la grandiosa mezcla de razas y pueblos que habian creado una sola familia en el planeta, surgian de pronto, de las ignotas profundidades de la herencia, los mas inesperados rasgos del caracter de los antepasados. Producianse sorprendentes desviaciones psiquicas que tenian sus origenes en los tiempos de grandes calamidades de la Era del Mundo Desunido, cuando los hombres no guardaban precauciones en las pruebas y empleo de la energia nuclear, lesionando asi la herencia de multitud de personas…
Dar Veter tambien habia tenido una larga genealogia, innecesaria ya. El estudio de los antepasados se habia sustituido por el analisis directo de la estructura del mecanismo hereditario, analisis que en el tiempo presente adquiria mayor importancia debido a la longevidad. A partir de la Era del Trabajo General, los hombres vivian hasta ciento setenta anos, y ya se vislumbraba que los trescientos no eran el limite de la vida humana…
El susurro de unas piedrecillas al rodar arranco a Dar Veter de sus vagas y complejas meditaciones. Por la vertiente descendian dos personas: la operaria de la seccion de electro-fundicion, mujer callada y timida, y el ingeniero del servicio exterior, hombre pequeno y vivaracho. Los dos, colorados de la rapida marcha, saludaron al pasar con la intencion de seguir su camino, pero Dar Veter los detuvo.
— Hace tiempo queria pedirle — dijo, dirigiendose a la operaria — que ejecutara la trece sinfonia cosmica en fa menor azul. Usted ha tocado mucho para nosotros, pero nunca esa obra musical.
— ?La de Zig Zor? — inquirio la mujer, y como Dar Veter asintiera, ella se echo a reir.
— Hay pocas personas en la Tierra capaces de interpretarla… El piano solar de triple teclado es demasiado pobre, y todavia no esta hecha la transposicion… Yo dudo de que la hagan alguna vez. Pero ?por que no pide usted a la Casa de la Musica Superior que pongan la grabacion? Nuestro receptor es universal y de bastante potencia.
— Yo no se como se hace eso — barboto Dar Veter —. Antes, no…
— ?Yo la pedire esta noche! — le prometio y, luego de tenderle la mano a su acompanante, continuo el descenso.
Durante el resto del dia, Dar Veter tuvo el presentimiento de que iba a acontecer algo trascendental. Con extrana impaciencia aguardaba las once de la noche, hoja fijada por la Casa de la Musica Superior para la transmision de la sinfonia.
La operaria de la electrofundicion, como directora de la velada, coloco a Dar Veter y a otros aficionados en el campo focal de la pantalla semiesferica de la sala de conciertos, frente a la rejilla de plata de la caja de resonancia. Apago la luz, despues de explicar que esta impediria apreciar bien la parte cromatica de la sinfonia, la cual solo podia ejecutarse en una sala especialmente equipada, mientras que alli, por fuerza, veriase constrenida al espacio interior de la pantalla.
En las tinieblas, percibiase solamente la debil claridad de la pantalla y apenas se oia el constante fragor del mar. Alla, en la infinita lejania, surgio un sonido grave y tan denso que parecia tener corporeidad. Se hacia cada vez mas fuerte, conmoviendo la estancia y los corazones; luego descendio de pronto, aumentando de tono, y desgranose al punto, esparcido en millones de anicos de cristal. Unas chispas minusculas, de anaranjados destellos, rasgaron las sombras. Aquello era como la descarga del rayo primitivo que fundiera por primera vez, hacia millones de siglos, las combinaciones simples de carbono en moleculas mas complejas que habian de ser base de la materia organica y de la vida.
A continuacion, se alzo una ola de agitados sonidos desacordes, y un coro de mil voces canto el dolor, la nostalgica tristeza, la desesperacion, matizados de unos tenues fulgores purpureos y escarlata que se encendian y apagaban con celeridad.
En la sucesion de las breves notas, que vibraban con brusquedad, observose un movimiento circular ascendente, y una confusa espiral de fuego gris se elevo sinuosa a gran altura. De subito, el torbellino del coro fue hendido por unas notas largas, arrogantes y sonoras, plenas de impetuosa fuerza.
Los vagos contornos igneos del espacio eran atravesados por las nitidas lineas azules de unas flechas de fuego que volaban en las insondables tinieblas, mas alla de la espiral, para hundirse en la noche del espanto y el silencio.
Oscuridad y silencio: tal era el final de la primera parte de la sinfonia.
Antes de que los oyentes, un poco aturdidos, tuvieran tiempo de pronunciar una palabra, se reanudo la
