mesa, una estatuilla de bronce de la actriz Bello Gal, que se parecia a Veda Kong. Todo aquello, en union de un poco de ropa, cupo perfectamente en un cajon de aluminio con unas redondas cifras en relieve y unos signos lineales en la tapa. Dar Veter marco las coordenadas que le habian facilitado, abrio una trampa de la pared y dejo en el hueco el cajon, que desaparecio al momento, llevado por una cinta sin fin. Luego, inspecciono sus habitaciones. Desde hacia muchos siglos, no habia en nuestro planeta personas encargadas especialmente del arreglo de los locales. Sus funciones las desempenaba cada morador, lo que requeria singular orden y disciplina por parte de todos ellos, como asimismo un sistema bien meditado de estructuracion de las viviendas y edificios publicos y la automatizacion de su ventilacion y limpieza.
Terminada la inspeccion, Dar Veter bajo la palanquilla que habia junto a la puerta, indicando asi a la estacion distribuidora de locales que sus habitaciones quedaban libres, y salio. La galeria exterior, encristalada con placas de un color blanco lechoso, estaba caldeada por el sol, pero la brisa marina refrescaba como siempre la azotea. Los puentecillos para peatones, tendidos en la altura entre los enrejados edificios, parecian flotar en el aire e invitaban a pasear sin prisas, pero, de nuevo, no era Dar Veter dueno de si mismo. El tubo de descenso automatico le condujo al correo magneto-electrico subterraneo, y, desde este, un vagoncillo le llevo a la estacion de la Via Espiral. Dar Veter no fue al Norte, al estrecho de Bering, por donde pasaba el arco de union de la rama Oeste. Siguiendo aquel camino, hasta America del Sur, y sobre todo hasta un lugar tan meridional como la ramificacion N. 17, se tardaban cerca de cuatro dias. En cambio, por las latitudes de las zonas de viviendas Norte y Sur pasaban lineas de espiropteros de carga que daban la vuelta al planeta a traves de los oceanos y enlazaban, por el camino mas corto, las ramas de la Via Espiral. Dar Veter fue por la rama central hasta la zona Sur de viviendas, con la esperanza de convencer al jefe de transportes aereos de que el era una carga urgente. De este modo, a mas de reducir el viaje a treinta horas, Dar Veter podria ver al hijo de Grom Orm, presidente del Consejo de Aeronautica, que le habia elegido mentor del chico.
El muchacho era ya mayor y, al ano siguiente, debia emprender «los doce trabajos de Hercules». Entre tanto, trabajaba en el Servicio de Vigilancia, en los pantanos de Africa Occidental.
No habia joven alguno que no sonara con pertenecer al Servicio de Vigilancia. ?Que apasionante era acechar la aparicion de los tiburones en el oceano, de los insectos daninos, de los vampiros y los reptiles en los pantanos tropicales, de los microbios morbificos en las zonas esteparia y forestal, descubrir y aniquilar estas terribles plagas del pasado de la Tierra que, misteriosamente, aparecian una y otra vez, resurgiendo de los apartados rincones del planeta! La lucha contra las formas nocivas de la vida proseguia sin tregua. Los microorganismos, insectos y hongos reaccionaban a los nuevos medios de exterminio produciendo nuevas especies que se resistian a los compuestos quimicos mas fuertes. Hasta la Era de la Unificacion Mundial, no se habia aprendido a emplear acertadamente los antibioticos energicos, sin dar lugar a consecuencias peligrosas.
«Si Dis Ken — pensaba Dar Veter — ha sido destinado a la vigilancia de los pantanos, se hara un buen trabajador desde los anos mozos.» El hijo de Grom Orm, como todos los ninos de la Era del Circuito, se habia educado en una escuela a orillas del mar, en la zona Norte. Alli mismo habia pasado las primeras pruebas en la estacion psicologica de la APT.
Al encomendar un trabajo a los jovenes, se tenian siempre en cuenta las particularidades psicologicas de la juventud, sus impulsos hacia el futuro, elevado sentido de la responsabilidad y egocentrismo.
El enorme vagon se deslizaba raudo, sin ruido ni oscilaciones. Dar Veter subio al piso superior, con techo transparente. Alla abajo, lejos, y a ambos lados de la Via, desfilaban, veloces, edificios, canales, bosques y cimas de montanas. La cinta de las fabricas automaticas, en el limite entre las zonas agricola y forestal, refulgia al sol con sus cupulas de vidrio «lunar». Los severos contornos de las colosales maquinas se columbraban a traves de las paredes de cristal.
Paso fugaz el monumento a Zhin Kand, inventor de un medio barato de obtencion de azucar artificial, y la arcada de la Via empezo a cruzar los bosques de la zona agricola tropical. Extendianse inacabables, hasta perderse de vista, espesas franjas y selvas enteras de arboles de diversas formas y alturas, con follaje y cortezas de distintos matices. Por las llanas sendas que dividian los ingentes macizos de verdor, se deslizaban lentas las cosechadoras mecanicas, las maquinas de polinizacion y de recuento; innumerables cables brillaban como una descomunal telarana. Hubo un tiempo en que el simbolo de la abundancia era el dorado trigal. Pero en la Era de la Unificacion Mundial se comprendio ya la desventaja economica de los cultivos anuales; el traslado de toda la agricultura a la zona tropical hizo innecesario el cultivar cada ano plantas y arbustos, cosa que requeria mucha mano de obra y gran esfuerzo. Los arboles, vegetales vivaces que agotaban menos el terreno y resistian bien los rigores climaticos, constituian ya los cultivos fundamentales siglos antes de la Era del Circuito.
Arboles que proporcionaban grano para el pan, nueces, avellanas, pinones, bayas, miles de variedades de frutos ricos en proteinas, daban un quintal metrico de masa nutritiva por unidad. Inmensos vergeles, con una superficie de centenares de millones de hectareas, rodeaban la Tierra en doble cinturon, verdadero cinturon de Ceres, la diosa mitologica de la agricultura. Entre ellos se encontraba la zona forestal ecuatorial, oceano de humedos bosques tropicales que aprovisionaba al planeta de madera de todas clases:
blanca, negra, violeta, rosa, dorada, gris con reflejos de seda, dura como el hueso y blanda como la pulpa de la manzana, sumergible como la piedra y flotante como el corcho. Alli se obtenian decenas de variedades de resina, mas baratas que las sinteticas y que al propio tiempo poseian valiosisimas cualidades industriales o curativas.
Las copas de los gigantes silvestres llegaban al nivel de la Via, y un mar verde susurraba a ambos lados de ella. En sus umbrias profundidades, en medio de acogedores claros, escondianse las casas sobre altos pilotes metalicos y las enormes maquinas, semejantes a monstruosas aranas, que conseguian transformar toda aquella vegetacion salvaje, de ochenta metros de altura, en sumisas pilas de troncos y tablas.
Las redondas cimas de las celebres montanas del ecuador aparecieron a la izquierda.
Sobre una de ellas, el Kenia, se encontraba un puesto de transmision del Gran Circuito. El mar de bosques refluyo a la izquierda, dejando sitio a una pedregosa llanura. A los lados, se alzaron unas construcciones azules de forma cubica.
El tren se detuvo, y Dar Veter salio a la amplia plaza, pavimentada de cristal verde, de la Estacion del Ecuador. Cerca del puente para peatones, tendido sobre las copas planas, gris azuladas, de unos cedros del Atlas, se erguia una piramide de aplita blanca, como de porcelana, del rio Lualaba. En su truncada cuspide habia una estatua de un hombre, con mono de trabajo, de la Era del Mundo Desunido. Con la mano derecha empunaba un martillo y con la izquierda elevaba hacia el palido cielo ecuatorial un globo refulgente con los cuatro vastagos de las antenas de emision. Aquello era un monumento a los constructores de los primeros sputniks de la Tierra, que habian realizado la gran hazana laboral, plena de inventiva y audacia. Todo el cuerpo del hombre, echado hacia atras, parecia dar impulso al globo para lanzarlo al firmamento y expresaba la inspiracion del esfuerzo. Aquel esfuerzo se lo transferian las figuras de unas gentes, con vestiduras extranas, que rodeaban el pedestal.
Dar Veter contemplaba siempre con emocion los rostros de aquellas estatuas. Sabia que los hombres que habian construido los primeros satelites artificiales y llegado a los umbrales del Cosmos eran rusos, es decir, pertenecian al mismo admirable pueblo del que procedia Dar Veter y que habia sido el primero en emprender tanto la edificacion de la nueva sociedad como la conquista del Cosmos…
Y, como siempre, Dar Veter se dirigia hacia el monumento para examinar una vez mas los rasgos de los antiguos heroes, buscando parecidos y diferencias con los modernos.
Bajo las aterciopeladas ramas argentadas de los leucodendros sudafricanos que encuadraban la piramide, centelleante al sol con cegadores reflejos, aparecieron dos esbeltos jovenes y detuvieronse al momento. Uno de ellos se abalanzo hacia Dar Veter para abrazarlo. Abarcando con el brazo la potente espalda, el muchacho contemplo a hurtadillas las conocidas facciones de aquel rostro energico: la nariz grande, el menton ancho, los labios dilatados en alegre sonrisa de sorpresa que contrastaba con la expresion algo sombria de los ojos de acero, bajo las juntas cejas.
Dar Veter examino con aprobatoria mirada al hijo del hombre ilustre, constructor de estaciones en el sistema planetario del Centauro y presidente, desde hacia cinco trienios, del Consejo de Astronautica. Grom Orm debia de tener, como minimo, ciento treinta anos, tres veces mas que Dar Veter.
Dis Ken llamo a su companero, un muchacho de cabellos negros.
— Tor An, mi mejor amigo, el hijo del compositor Zig Zor. Trabajamos los dos en los pantanos. Queremos hacer juntos «los trabajos de Hercules» y no separarnos jamas.
— ?Sigues con tu aficion a la cibernetica de la herencia? — pregunto Dar Veter.
