No termino la frase, pero Dar Veter, comprensivo, le estrecho la mano y se la acerco a la mejilla. Ren Boz los seguia, a prudente distancia de Chara, que le miraba de soslayo con sus grandes ojos, ocultando una burlona sonrisa, en tanto caminaba a largos pasos.
De pronto, riendo por lo bajo, le ofrecio al fisico su brazo libre. Ren Boz se aferro a el con ansia que parecia comica en hombre tan vergonzoso.
— ?Donde buscaremos a su amigo? — inquirio Chara, deteniendose al borde del agua.
Dar Veter advirtio, a la clara luz de la luna, unas huellas humanas sobre la mojada arena. Simetricas, separadas por espacios iguales, parecian impresas con una maquina.
— Ha ido hacia alla — dijo Veter senalando a unas penas.
— Si, estas son sus huellas — confirmo Evda.
— ?Por que esta tan segura? — repuso Chara, dudosa.
— Fijese en la regularidad de los pasos. Asi andaban los cazadores primitivos o los que heredaron sus rasgos. Y yo creo que de todos nosotros, Mven, a pesar de su erudicion, es el que esta mas cerca de la naturaleza. Aunque tal vez sea usted, Chara… — y Evda se volvio hacia la pensativa muchacha.
— ?Yo? ?Oh, no! — y tendiendo el brazo hacia adelante, exclamo —: ?Ahi esta!
En la pena mas cercana, se destacaba la inmensa figura del africano, reluciente a la luz de la luna, igual que un marmol negro brunido. Mven Mas agitaba las manos con energia, como si amenazase a alguien. Los potentes musculos de su fornido cuerpo se destacaban netos, semejantes a bolas, bajo la brillante piel.
— ?Parece el espiritu de la noche, de los cuentos infantiles! — comento en voz baja Chara, emocionada.
Al divisar a los que se acercaban, Mven Mas salto de la pena para reaparecer al instante, vestido ya. En pocas palabras, Dar Veter le conto lo ocurrido. El africano manifesto su deseo de ver a Veda Kong inmediatamente.
— Vaya con Chara — dijo Evda —. Nosotros nos quedaremos aqui un poco…
Dar Veter se despidio de el con un gesto. La expresion del rostro del africano denotaba que este habia comprendido todo; en un arranque casi infantil, balbucio unas palabras de adios, hacia tiempo olvidadas. Dar Veter, emocionado y pensativo, se alejo en compania de la silenciosa Evda. Ren Boz, lleno de turbacion, quedo parado unos instantes; luego, echo a andar en pos de Mven Mas y Chara Nandi.
Evda y Dar Veter llegaron al promontorio que resguardaba el golfo de los embates del mar. Desde alli, se veian con nitidez las lucecillas que contorneaban las enormes balsas circulares de la expedicion maritima.
Despues de empujar hasta el agua una canoa transparente, Dar Veter se irguio ante Evda, aun mas corpulento y vigoroso que el africano. Ella, alzandose de puntillas, beso al companero que partia.
— Veter, yo estare con Veda — le prometio, respondiendo a los pensamientos de el —.
Volveremos juntas a nuestra zona y esperaremos alli la llegada de los astronautas.
Cuando se coloque de nuevo, comuniquemelo; para mi sera siempre un placer ayudarle…
Durante largo rato, Evda acompano con la mirada a la canoa, que se adentraba en el mar de plata…
Dar Veter gano la segunda balsa, donde todavia trabajaban los mecanicos para terminar cuanto antes la instalacion de los acumuladores. A peticion de Dar Veter, encendieron tres luces verdes, en triangulo.
Al cabo de una hora y media, el primer espiroptero que pasaba se detuvo sobre la balsa y solto su ascensor. Dar Veter monto en el. Durante un segundo, al ascensor se le vio brillar bajo el iluminado fondo del espiroptero y, al instante, desaparecio por la escotilla. Al amanecer, Dar entraba ya en su domicilio fijo, situado no lejos del observatorio del Consejo; aun no habia tenido tiempo de cambiar de vivienda. Abrio los grifos de insuflacion de aire en sus dos habitaciones. Unos minutos mas tarde no quedaba ni mota del polvo acumulado. Luego, saco de la pared el lecho, hizo girar la vivienda hacia la parte de donde venia el olor y el chapoteo del mar, a los que estaba acostumbrado en los ultimos tiempos, y se durmio profundamente.
Desperto con la sensacion de que el mundo entero habia perdido sus encantos. Veda estaba lejos, y seguiria estandolo, mientras… ?Pero el tenia el deber de ayudarla, de no complicar la situacion!
Un gran chorro giratorio de agua fresca, electrizada, se abatio sobre el en el bano. Dar Veter estuvo bajo aquella ducha tanto rato, que llego a sentir frio. Refrescado, acercose al aparato de TVF, abrio sus espejeantes portezuelas y llamo a la estacion mas proxima de distribucion de trabajo. En la pantalla aparecio un rostro joven. El muchacho reconocio a Dar Veter y le saludo con un leve matiz de respeto, lo que era considerado como una muestra de exquisita cortesia.
— Yo quisiera un trabajo dificil y prolongado — empezo a decir Dar Veter —, algo que requiriese esfuerzo fisico; en las minas antarticas, por ejemplo.
— Alli no hay ninguna vacante — repuso el informador con un dejo de pena —. Lo mismo ocurre en los yacimientos de Venus, de Marte y hasta de Mercurio. Ya sabe usted que los jovenes afluyen de buen grado a los lugares donde la labor es mas ardua…
— Si, pero yo no me puedo contar en esa envidiable categoria… Bueno, ?y que vacantes hay ahora? Necesito ocupacion inmediatamente.
— Si le atraen los trabajos mineros, hay sitios libres en las explotaciones diamantiferas de Siberia Central — comenzo a enumerar despacio el joven, consultando una lista invisible para Dar Veter —. Ademas, en las fabricas oceanicas flotantes de articulos alimenticios y en la estacion solar de bombeo del Tibet, pero alli el trabajo es ya facil. En los otros sitios, tampoco ofrece grandes dificultades.
Dar Veter dio las gracias al informador; le pidio un poco de tiempo para pensarlo y que, entre tanto, le reservase la vacante en las explotaciones diamantiferas.
Una vez desconectada la estacion de distribucion, capto la Casa de Siberia, amplio centro de informacion geografica de aquella zona. Su aparato de TVF enlazo con la maquina mnemotecnica de las ultimas grabaciones, y ante Dar Veter empezaron a desfilar lentamente inmensos bosques. La antigua taiga pantanosa, de alerces que se alzaban poco compactos sobre un terreno siempre helado, habia desaparecido; en su lugar se erguian tremendos gigantes forestales: los cedros siberianos y las secoyas norteamericanas, especie casi extinguida en un tiempo. Enormes troncos rojos se elevaban como una soberbia cerca, en torno a las colinas, tocadas con capirotes de cemento. Grandes tubos de acero, de diez metros de diametro, salian reptantes de sus faldas y, combandose sobre las lineas divisorias de las aguas, alcanzaban los rios proximos, cuyo caudal absorbian integramente con sus bocazas en forma de embudo.
Resonaba el sordo gorgoteo de las colosales bombas. Centenas de miles de metros cubicos de agua se precipitaban en las profundidades de las brechas diamantiferas, de origen volcanico, abiertas por ellos, y se arremolinaban rugientes, erosionando la roca, para volver a la superficie, dejando en las rejillas de las camaras de lavado decenas de toneladas de diamantes. En largas salas, inundadas de luz, los hombres observaban sentados las esferas moviles de las maquinas clasificadoras. Las centelleantes piedrecillas caian en cascada por las aberturas calibradas de los cajones de recepcion.
Los operarios de las estaciones de bombeo vigilaban de continuo los indicadores de los aparatos que calculaban la resistencia, continuamente variable, de la roca, la presion y el debito del agua, la profundidad del tajo y la eyeccion de particulas solidas. Dar Veter penso que la radiante vista de los bosques banados de sol no armonizaba con su estado de animo, y desconecto la Casa de Siberia. Al instante, resono la senal de llamada, y en la pantalla surgio el informador de la estacion de distribucion.
— Queria ayudarle a puntualizar sus reflexiones. Acabamos de recibir una oferta: hay una vacante en las minas submarinas de titanio de la costa occidental de America del Sur.
Este es el trabajo mas dificil de cuantos existen hoy… ?Pero hay que ir alli con urgencia!
Dar Veter se alarmo.
— No tendre tiempo de pasar las pruebas en la seccion mas proxima de la Academia de Psicofisiologia del Trabajo.
— Las pruebas anuales reglamentarias que usted ha pasado, en su anterior trabajo, le relevan de estas.
— ?Envie la comunicacion y deme las coordenadas! — replico con viveza Dar Veter.
— Punto KM40, estacion 6L, ramificacion Sur N. 17 de la rama Oeste de la Via Espiral.
Lanzo la advertencia.
El rostro serio desaparecio de la pantalla. Dar Veter recogio sus pequenos efectos personales y metio en un cofrecillo las peliculas donde estaban grabadas las imagenes y las voces de sus intimos, asi como sus propias reflexiones mas importantes. Quito de la pared una reproduccion cromorrefleja de un antiguo cuadro ruso y, de la
