enorme platano.

Arrullado por el susurro de las anchas hojas, se quedo dormido.

La Fiesta de las Copas Flamigeras debia su nombre a un conocido poema del poeta e historiador Zan Sen, que habia descrito una antigua costumbre hindu. Se elegia a las mujeres mas bellas, y estas ofrecian a los heroes que marchaban a la guerra espadas y copas con llameante resina aromosa. Las espadas y las copas habian caido en desuso hacia tiempo, y perduraban solamente como simbolo del heroismo. Las hazanas se multiplicaban sin limite entre la intrepida poblacion, plena de energias, de nuestro planeta.

La enorme capacidad de trabajo — que en el pasado unicamente poseian hombres de singulares dotes a los que se llamaba genios —, dependia por entero de la fortaleza fisica y abundancia de hormonas estimulantes. El cuidado de la salud, durante miles de anos, habia hecho que el hombre corriente fuera semejante a los heroes antiguos, avidos de proezas, amor y saber.

La Fiesta de las Copas Flamigeras era la fiesta primaveral de la mujer. Todos los anos, en el cuarto mes despues del solsticio de invierno — o sea en abril del calendario antiguo — las mas encantadoras mujeres de la Tierra mostraban en publico sus danzas, canciones y ejercicios gimnasticos. Los finos matices de belleza de las diferentes razas, que se manifestaban en la mezclada poblacion del planeta, resplandecian alli en inagotable diversidad, como multiples facetas de maravillosas gemas, proporcionando inmenso deleite a los espectadores, entre los que figuraban desde los hombres de ciencia e ingenieros, fatigados de una labor asidua, hasta los inspirados artistas o los alumnos, todavia adolescentes, de las escuelas del tercer ciclo. No menos hermosa era la fiesta otonal masculina de Hercules, que se celebraba en el noveno mes. Los jovenes que habian llegado a su mayoria de edad rendian cuentas de sus «trabajos de Hercules».

Posteriormente, se tomo la costumbre de someter al juicio publico en esos dias las obras y realizaciones notables efectuadas durante el ano. La fiesta paso a ser general — de las mujeres y de los hombres — y se dividio en los dias de la Bella Utilidad, del Arte Superior, de la Audacia Cientifica y de la Fantasia. En un tiempo, Mven Mas habia sido proclamado heroe del primero y tercer dia…

El africano llego a la monumental Sala Solar del Estadio Tirreno en el preciso momento en que actuaba Veda. Encontro el noveno sector del cuarto radio, donde estaban sentadas Evda Nal y Chara Nandi, y se puso a la sombra de una arcada a escuchar la voz grave de Veda. Toda vestida de blanco, muy alzada la cabeza de cabellos claros, tendido el rostro hacia las gradas altas, cantaba una jubilosa tonada, y a Mven Mas le parecia que ella era la encarnacion de la primavera.

Cada espectador oprimia uno de los cuatro botones instalados ante el. En el techo se encendian unas luces doradas, azules, esmeralda o rojas que indicaban al artista la apreciacion que se daba a su trabajo, sustituyendo asi los ruidosos aplausos de los antiguos tiempos.

Veda, al terminar su cancion, fue recompensada con un vivo resplandor de luces doradas y azules, entre las que se perdian algunas esmeraldas. Arrebolada, como siempre que se emocionaba, se unio a sus amigas. Entonces se acerco Mven Mas, que fue acogido afectuosamente.

Busco con la mirada a su maestro y antecesor, pero Dar Veter no aparecia por parte alguna.

— ?Donde han escondido ustedes a Dar Veter? — pregunto en broma a las tres mujeres.

— ?Y donde ha metido usted a Ren Boz? — repuso Evda Nal, y el africano rehuyo la penetrante mirada.

— Veter esta escarbando el suelo de America del Sur, para extraer titanio — explico caritativa Veda Kong, y un temblor impreciso estremecio su rostro.

Chara Nandi, con ademan protector, atrajo hacia si a la bellisima historiadora y, carinosa, apreto su mejilla contra la de ella. Los rostros de las dos mujeres, tan diferentes, se asemejaban, hermanados por la misma dulce ternura.

Las cejas de Chara, rectas bajo la despejada frente, parecian las desplegadas alas de un pajaro cernido en el espacio y armonizaban con los alargados ojos. Las de Veda se alzaban hacia las sienes.

«Una ave levanta el vuelo», comparo mentalmente el africano.

La espesa cabellera de Chara, negra y brillante, que caia sobre la nuca, esparciendose por los hombros, acentuaba el tono severo de los alisados cabellos de Veda, recogidos en alto peinado.

Chara miro al reloj de la cupula de la sala y se levanto.

Su vestido asombro a Mven Mas. Una estrecha malla de platino rodeaba los tersos hombros de la muchacha dejando ver el cuello. Bajo las claviculas, la malla se cerraba con un reluciente broche de turmalina roja.

Los pechos, firmes, turgentes, como dos esplendidas pomas de maravilloso trazo, estaban casi descubiertos. Una franja de terciopelo morado pasaba entre ellos, desde el broche hasta el cinturon. Otras franjas iguales, que mantenian tensas unas cadenillas enlazadas en la desnuda espalda, cruzaban por en medio cada seno. Cenia el breve talle un albo cinturon, tachonado de estrellas negras, con una hebilla de platino en forma de media luna. Sujeta por atras al cinturon pendia una especie de media falda larga de gruesa seda blanca, ornada igualmente de negras estrellas. La danzarina no llevaba joya alguna, salvo las refulgentes hebillas de sus zapatitos negros.

— Pronto me toca a mi — dijo Chara imperturbable, dirigiendose hacia los arcos de la entrada a escena. Lanzo una mirada al africano y desaparecio seguida de un murmullo de interes y de millares de ojos.

En el escenario aparecio una gimnasta. Era una muchacha, admirablemente formada, que no tendria mas de dieciocho anos. Aureolada por una luz de oro, ejecuto al compas de la musica una verdadera cascada de saltos, vuelos y rapidas vueltas en el aire para quedar inmovil, en inconcebible equilibrio, durante los pasajes armoniosos y lentos de la melodia. Los espectadores manifestaron su aprobacion encendiendo infinidad de luces doradas, y Mven Mas penso que a Chara Nandi no le seria facil actuar despues de un exito semejante. Un poco inquieto, observo a la multitud de enfrente, y de pronto vio en el tercer sector al pintor Kart San. Este le saludo con una alegre despreocupacion que el africano considero inoportuna, pues ?quien, sino el, que habia pintado «La hija del Mediterraneo», tomando a Chara como modelo, debia sentir mayor preocupacion por la suerte de ella en aquel momento?

Apenas hubo decidido el africano que en cuanto terminase la experiencia iria a ver el cuadro, se apagaron las luces de arriba. El transparente suelo de cristal organico iluminose con resplandor grana, como el hierro candente. De las candilejas brotaron surtidores de luces rojas que se agitaban y corrian en oleadas al ritmo de la melodia, donde el canto agudo de los violines era acompanado por los graves sones de las cuerdas de cobre. Levemente aturdido por el impetu y la fuerza de la musica, Mven Mas no advirtio al pronto que en el centro de aquel suelo en llamas habia surgido Chara y empezado su danza con una cadencia tan rapida, que mantenia en suspenso a los espectadores.

Mven Mas se pregunto con espanto que iba a ocurrir si la musica requeria aun mayor celeridad de movimientos. Ella danzaba no solo con los pies y los brazos, todo su cuerpo respondia a la llamada de la ardiente musica con el aliento, no menos calido, de la vida. Y el africano penso que si todas las mujeres de la antigua India eran como Chara, el poeta tenia razon al compararlas con copas flamigeras y dar este nombre a la fiesta femenina.

Los reflejos del escenario y el suelo daban al bronceado rojizo de Chara tonos de refulgente cobre. Y el corazon de Mven Mas empezo a palpitar con violencia. Aquella tonalidad de piel la habia visto por vez primera en los habitantes del maravilloso planeta de la Epsilon del Tucan. Precisamente entonces habia conocido la existencia de cuerpos humanos tan espiritualizados, que eran capaces de transmitir con sus movimientos, con sutilisimos cambios de bellas formas, los mas hondos matices del sentimiento, de la fantasia, de la pasion, de la jubilosa plegaria…

El africano, que tenia puesto todo su afan en aquella inaccesible lejania de noventa parsecs, acababa de comprender que en el inmenso tesoro de belleza de la humanidad terrena podian hallarse flores tan divinas como la admirable vision del lejano planeta, guardada por el con sumo cuidado. Pero aquel irrealizable anhelo, acariciado largamente, no podia desaparecer tan pronto. Al tomar el aspecto de la mujer de piel roja, hija de la Epsilon del Tucan, Chara habia hecho aun mas fuerte la tenaz decision del director de las estaciones exteriores.

Evda Nal y Veda Kong, que eran excelentes bailarinas y veian por primera vez las danzas de Chara, estaban maravilladas de su arte. Veda, en la que alentaba el antropologo y el historiador de las razas antiguas, llego a la conclusion de que en el pasado remoto las mujeres de Gondwana, de paises meridionales, habian sido siempre mas numerosas que los hombres, diezmados por las luchas con multitud de terribles fieras. Mas tarde, cuando en los paises meridionales de densa poblacion se formaron los Estados despoticos del antiguo Oriente, muchisimos

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