de Berenice y Virgo, se encontraban multitud de galaxias, islas siderales del Universo en forma de ruedas planas o discos. Muchas de ellas se habian descubierto sobre todo en la Cabellera de Berenice: aislados, regulares e irregulares, en distintas posiciones y proyecciones, a veces a inimaginables distancias de miles de millones de parsecs y en ocasiones formando enormes «nubes» de decenas de miles de galaxias. Las mas grandes llegaban a tener de veinte a cincuenta mil parsecs de diametro, como nuestra isla estelar o galaxia NN891G5 + SB23, que antiguamente se llamaba M — 31 o Nebulosa de Andromeda. Esta se divisa desde la Tierra, a simple vista, como una nubecula borrosa de debil luminosidad. Hacia mucho tiempo que los hombres habian desentranado el misterio de aquella nubecula. Se trataba de un gigantesco sistema estelar, de forma de rueda y una vez y media mayor que nuestra enorme Galaxia.
El estudio de la Nebulosa de Andromeda, a pesar de estar separada por cuatrocientos cincuenta mil parsecs de los observadores terrestres, habia contribuido grandemente al conocimiento de nuestra propia Galaxia.
Mven Mas recordaba desde su infancia magnificas fotografias de distintas galaxias, obtenidas por inversion electronica de las imagenes opticas o mediante radiotelescopios que penetraban aun mas lejos en las profundidades del Cosmos, como los de Pamir y la Patagonia, cada uno de los cuales tenia cuatrocientos kilometros de diametro. Las galaxias, inmensas acumulaciones de miriadas de estrellas, situadas a millones de parsecs unas de otras, siempre habian despertado en el un ardiente deseo de conocer las leyes de su estructura, la historia de su surgimiento y su ulterior destino. Interesabale ante todo la cuestion que apasionaba a todos los habitantes de la Tierra: la vida en los innumerables sistemas planetarios de aquellas islas del Universo, las llamas del pensamiento y del saber que alli brillaban, las civilizaciones humanas en aquellos espacios del Cosmos infinitamente lejanos. Tres estrellas, denominadas por los antiguos arabes Sirrhah, Mirrhah y Alrnah-alfa, beta y gamma de Andromeda — situadas en linea recta ascendente — surgieron en la pantalla. A ambos lados de aquella linea se extendian dos galaxias cercanas: la colosal Nebulosa de Andromeda y la bella espiral M — 33 en la constelacion del Triangulo. Mven Mas no quiso contemplar de nuevo sus conocidos contornos luminosos y cambio el cliche metalico.
Ya estaba alli, en la constelacion de los Lebreles, otra galaxia conocida desde la remota antiguedad y denominada entonces NGK5194 o M — 51. Situada a millones de parsecs, era una de las pocas que se veian desde nuestro globo «de plano», perpendicular al de la «rueda». Era un nucleo denso y refulgente, de millones de estrellas, con dos ramas espirales. Los largos extremos, que partian en sentido opuesto a traves de decenas de miles de parsecs, se hacian cada vez mas tenues y confusos hasta desaparecer en la noche sideral. Entre las ramas principales, alternando con los negros abismos de las masas de materia opaca, extendianse cortas cadenas de condensaciones estelares y nubes de gas fosforescente, curvadas como alabes de una turbina.
Bellisima era la gigantesca galaxia NGK 4565, en la constelacion de la Cabellera de Berenice. Se la veia de canto a una distancia de siete millones de parsecs. Inclinada hacia un lado, como un pajaro que planea, expandia lejos su fino disco, que debia de constar de ramas espirales, mientras en su centro brillaba un nucleo esferico, muy comprimido, semejante a una compacta masa luminosa. Advertiase con nitidez que aquellas islas estelares eran sumamente planas, y la galaxia podia compararse con la fina rueda de un mecanismo de relojeria. Los bordes de la rueda se columbraban borrosos, como si se esfumaran en las insondables tinieblas del espacio. En uno de los bordes de nuestra Galaxia, igual a aquellos, se encontraban el Sol y una minuscula particula de polvo — la Tierra —, ligada por la fuerza del saber a multitud de mundos habitados, que desplegaba las alas del pensamiento humano sobre la eternidad del Cosmos.
Dando vuelta a una manija, Mven Mas cambio de cuadro y proyecto la galaxia NGK 4594, de la constelacion de Virgo, que siempre le habia interesado mas que ninguna y tambien se veia en su plano ecuatorial. Aquella galaxia, situada a diez millones de parsecs, se parecia a una gruesa lente de ignea masa estelar envuelta en gas luminoso.
Cruzaba la convexa lente, por su ecuador, una gruesa franja negra de densa materia opaca. La Galaxia se asemejaba a una misteriosa linterna que alumbrara desde el fondo de un abismo.
?Que mundos se ocultaban en sus radiaciones, mas intensas que las de otras galaxias y que alcanzaban, por termino medio, la clase espectral F? ?Habia alli habitantes de poderosos planetas, cuyo pensamiento luchase, como el nuestro, por desentranar los misterios de la naturaleza?
El mutismo absoluto de las inmensas islas siderales crispaba los punos de Mven Mas.
Y el africano se daba cuenta de la descomunal distancia: ?la luz tardaba treinta y dos millones de anos en llegar a aquella galaxia! ?Para el intercambio de informaciones se necesitaban sesenta y cuatro millones de anos!
Mven Mas rebusco afanoso entre las bobinas, y en la pantalla se encendio un gran circulo de clara luz entre espaciadas y mortecinas estrellas. Una negra franja irregular lo dividia en dos, acentuando el fulgor de las igneas masas que se extendian a ambos lados de la negrura. Esta se ensanchaba por sus extremos oscureciendo el vasto campo de gas incandescente que aureolaba el circulo luminoso. Tal era la fotografia — obtenida con los mas inverosimiles artificios de la tecnica — de las galaxias en choque de la constelacion del Cisne. Aquella colision de gigantescas galaxias, iguales por su tamano a la nuestra o a la Nebulosa de Andromeda, se conocia de antiguo como fuente de radiactividad — quiza la mas poderosa — de la parte del Universo accesible a los terrenos. Colosales torrentes de gas corrian raudos engendrando campos electromagneticos de una potencia tan inconcebible, que expandian por todo el ambito del Universo la noticia de una catastrofe titanica. La propia materia enviaba aquella senal de desgracia por una emisora natural de mil quintillones de kilovatios. Mas la distancia hasta las galaxias era tan grande, que aquella fotografia proyectada en la pantalla solo mostraba el estado en que se encontraban hacia cientos de millones de anos. El aspecto actual de aquellas galaxias, que se interpenetraban, lo verian unicamente los terricolas al cabo de infinidad de tiempo, si para entonces existia aun la humanidad. El africano dio un salto y apoyo las manos en la maciza mesa con tal fuerza, que sus articulaciones crujieron.
Los plazos de millones de anos para el intercambio de mensajes, inaccesibles a decenas de miles de generaciones y que significaban el fatal «nunca» incluso para nuestros mas lejanos descendientes, podrian desaparecer del golpe de una varita magica.
Y la varita magica era el descubrimiento de Ren Boz y la experiencia que iban a hacer.
?Puntos del Universo situados a las mas inconcebibles distancias quedarian al alcance de la mano!
Los astronomos de la antiguedad consideraban que las galaxias corrian en distintas direcciones. La luz de las lejanas islas estelares que llegaban a los telescopios terrestres se alteraba: las ondas luminosas se dilataban, convirtiendose en ondas rojas. Aquel enrojecimiento de la luz era testimonio de que las galaxias se alejaban del observador.
Los antiguos, acostumbrados a interpretar los fenomenos de un modo rigido y unilateral, habian ideado la teoria de la dispersion o de la explosion del Universo, sin comprender aun que veian solamente un aspecto del gran proceso de destruccion y creacion.
Precisamente un solo aspecto — la destruccion y la dispersion, es decir, el paso de la energia a los grados inferiores segun la segunda ley de la termodinamica — era percibido por nuestros sentidos y los aparatos destinados a ampliarlos. El otro aspecto — la acumulacion, la concentracion y la creacion — pasaba desapercibido para los hombres, ya que la propia vida extraia su fuerza de la energia difundida por las estrellas-soles, lo que condicionaba nuestra percepcion del mundo circundante. Sin embargo, el potente cerebro humano logro tambien penetrar en los enigmaticos procesos de creacion de los mundos en nuestro Universo. Pero en aquellos remotos tiempos se creia que cuanto mas lejos de la Tierra se encontraba una galaxia, tanto mayor era la velocidad de su alejamiento.
Segun ellos, con el adentramiento de las galaxias en el espacio, su velocidad llegaba a ser cercana a la de la luz. El limite de visibilidad del Universo era la distancia desde donde las galaxias parecian haber alcanzado la velocidad de la luz, pero en realidad, los terrenos no recibirian de ellas luz alguna y no podrian verlas nunca. Se conocian ya las verdaderas causas del enrojecimiento de la luz. Estas eran varias. De las lejanas islas siderales solo llegaba la luz que emitian sus brillantes centros. Aquellas colosales masas de materia estaban cercadas por campos electromagneticos anulares que actuaban muy fuertemente sobre los rayos luminosos, tanto por su potencia como por su extension, la cual iba amortiguando gradualmente las vibraciones de la luz, convirtiendolas en ondas que se distendian y tornaban rojas. Los astronomos sabian desde hacia mucho tiempo que la luz de las estrellas muy compactas enrojecia, las rayas del espectro se desplazaban hacia la extremidad roja, y la estrella correspondiente daba la impresion de que se alejaba. Asi ocurria, por ejemplo, con la segunda componente de Sirio, el enanillo blanco Sirio B. Cuanto mas se alejaba la galaxia, mayor era la centralizacion de las radiaciones que nos llegaban y mas pronunciado su desplazamiento hacia el extremo rojo del espectro.
