mas posible en route. Puedes puntuar segun el numero de baldosas que superes al mover la colilla (con puntos extra si acabas metiendola en el desague y si la desplazas desde el principio del canalillo hasta el agujero), por la magnitud de la destruccion causada en la colilla —al parecer es muy dificil desintegrar el cono negro en el extremo quemado— y, a lo largo de la noche, por el numero de colillas despachadas de ese modo.
Tambien se puede jugar al juego de maneras mas limitadas en los pequenos urinarios individuales que ahora estan tan de moda, pero Jamie nunca lo ha probado en esos porque es tan bajito que si tuviera que usar uno de esos tendria que colocarse a un metro de distancia para hacer que su chorrillo llegara en una trayectoria por alto.
De todos modos, se lo montan de manera que hacer un pis largo resulte mas interesante, pero no estoy hecho para esas cosas, gracias al cruel destino.
—?Es tu hermano o algo asi?
—No, es mi amigo.
—Oye, ?y siempre se pone asi?
—Si, normalmente, los sabados por la noche.
Se trata de una monstruosa mentira, por supuesto. Raramente me emborracho tanto que me impida hablar o caminar derecho. Y se lo habria dicho yo mismo a Jamie si hubiera podido hablar y no hubiera estado tan concentrado en poner un pie detras de otro. Me parecia que ya no iba a ponerme a vomitar, pero esa misma parte irresponsable y destructiva de mi cerebro —probablemente formado por unas pocas neuronas, pero supongo que en todos los cerebros hay unas pocas como esas, y solo hacen falta unos cuantos gamberros para dar un mal nombre al resto— volvio a pensar en aquellos huevos fritos con beicon en el plato frio, y cada vez que ocurria me entraban arcadas. Tuve que hacer un gran esfuerzo de voluntad para ponerme a pensar en vientos helados, en cimas de montanas o en las formas que proyecta la sombra del agua sobre la arena socavada por las olas, en esas cosas que siempre me han parecido el epitome de la claridad y la pureza, y que ayudaban a distraer a mi cerebro de esa tendencia a regodearse en el contenido de mi estomago.
Sin embargo, necesitaba hacer un pis mas desesperadamente que nunca. Jamie y la chica estaban casi pegados a mi, cada uno agarrandome de un brazo y sufriendo de vez en cuando mis empellones, pero mi borrachera habia alcanzado un nuevo estado —en el momento en que las dos ultimas pintas de cerveza y el whisky de acompanamiento llegaron a pasar a mi riego sanguineo— en el que me sentia como si estuviera en otro planeta, a juzgar por las esperanzas que tenia de lograr comunicarles lo que deseaba. Caminaban cada uno a un lado y seguian hablando entre ellos, farfullando completas estupideces como si dijeran algo importante, y yo, con mas cerebro que los de ambos juntos e informacion de importancia vital que comunicar, no podia articular una palabra.
Tenia que haber una forma. Intente sacudir la cabeza e inspirar hondo un par de veces. Regularice mis pasos. Pense cuidadosamente sobre palabras y sobre como construirlas. Revise mi lengua y comprobe la garganta. Tenia que sobreponerme. Tenia que comunicarme. Mire a mi alrededor mientras cruzabamos la calle; vi la senal que anunciaba Union Street sujeta a un muro bajo. Volvi la cara hacia Jamie y despues hacia la chica, me aclare la garganta y dije con toda claridad:
—No se si en alguna ocasion vosotros habeis compartido (o, por supuesto, seguis compartiendo, que para el caso es lo mismo en lo que a mi respecta, al menos mutuamente entre vosotros pero en ningun caso incluyendome a mi) la idea equivocada que, por ventura, en cierta ocasion mantuve acerca de las palabras que componen la senal de aculla en lo alto, pero es hecho cierto que otrora yo pensara que «union» hacia referencia a, digamos, la nomenclatura que delineaba una asociacion de trabajadores, y entonces me parecio que ponerle ese nombre a una calle era un detalle bastante socialista viniendo de los prohombres del pueblo; me sorprendio pensar que todavia quedaban esperanzas con respecto a una posible paz o al menos a un alto el fuego en la lucha de clases si un reconocimiento tal del valor de los sindicatos podia llegar hasta las venerables e importantes senales del callejero en las vias publicas, pero tengo que reconocer que, tristemente, muy pronto fui sacado de mi error ante la idea tan extremadamente optimista que yo sostenia cuando mi padre, que Dios se apiade de su sentido del humor, me informo que la entonces recien confirmada union de los parlamentos de Escocia e Inglaterra habia sido la causa por la que los proceres locales —en connivencia con otros cientos de municipios de lo que hasta entonces habia sido un reino independiente— decidieron celebrarlo de manera tan solemne y permanente, sin perder de vista, por supuesto, las oportunidades de sacar beneficios que tal forma temprana de absorcion empresarial brindaba.
La chica miro a Jamie.
—?’dicho algo? ?eh?
—Creia que solo se estaba aclarando la garganta —dijo Jamie.
—Ah, me parecio que habia soltado algo sobre bananas.
—?Bananas? —dijo Jamie incredulo, mirando a la chica.
—Bueno —dijo ella, mirandome a mi y meneando la cabeza—.Ya esta bien.
Para que despues hablen de los problemas de comunicacion entre la gente, pense. Estaba claro que estaban tan borrachos que ni siquiera entendian una lengua hablada con correccion. Suspire hondo mirando primero a uno y despues a la otra mientras seguiamos avanzando lentamente por la calle principal, pasando los almacenes Woolworth y los semaforos. Mire hacia delante y trate de pensar que demonios podia hacer. Me ayudaron a cruzar la calle siguiente y casi me caigo tratando de subir a la acera. De repente fui consciente de la vulnerabilidad de mi nariz y de mis dientes si llegaran a entrar en contacto con el duro granito de las aceras de Porteneil a cualquier velocidad levemente superior a una pequena fraccion de metro por segundo.
—Oye, yo y una de mis colegas hemos hecho carreras por los carriles de la Comision Forestal que hay en los montes a cincuenta por hora, derrapando por todas partes como si fuera un circuito de carreras.
—Que chulada.
Dios mio, seguian hablando de motos.
—?A donde lo llevamos? ?A tu casa?
—A la de mi madre. Si aun esta levantada nos preparara un te.
—?Tu mama?
—Si.
—Vale.
Se me paso por la cabeza como un flash. Estaba tan claro que no podia imaginar como es que no me habia dado cuenta antes. Sabia que no tenia tiempo que perder y no podia dudarlo un instante —pronto iba a explotar— de manera que baje la cabeza, me desembarace de Jamie y de la chica y sali corriendo calle abajo. Me escaparia; haria como Eric para poder encontrar un lugar agradable y tranquilo en donde mear.
—?Frank!
—Vamos, me cago en la puta, no jodas mas, ?que quiere ese ahora?
La acera seguia bajo mis pies, que continuaban moviendose mas o menos como se espera de ellos. Podia oir a Jamie y a la chica corriendo detras mio, gritando, pero ya habia sobrepasado la vieja fabrica de serrin y el monumento a los caidos y estaba cogiendo velocidad. Mi distendida vejiga no mejoraba las cosas, pero tampoco me lo estaba poniendo tan imposible como temia.
—?Frank! ?Vuelve! ?Frank, detente! ?Que te pasa? ?Frank, estas loco, cabron, te vas a romper el cuello!
—Oh, dejalo que se largue. Se habra escondido.
—?No! ?Es mi amigo! ?Frank!
Gire en la esquina de Bank Street, esquivando por poco dos farolas, y me lance por la primera a la izquierda hacia Adam Smith Street para salir a la gasolinera de McGarvie. Llegue patinando con los pies a la explanada de la gasolinera y me escondi detras de un surtidor, jadeando y eructando y sintiendo que se me salia el corazon. Me baje los pantalones y me acuclille, apoyando mi espalda contra el surtidor de cinco estrellas, respirando pesadamente al tiempo que el charco de humeante pis se iba acumulando en los huecos del deteriorado suelo de cemento de la estacion de servicio.
Resonaron unos pasos y aparecio una sombra a mi derecha. Volvi la cabeza y vi a Jamie.
—Ahh… ahh… ahh — resoplaba sin aliento apoyandose con una mano en otro surtidor para equilibrarse, pues se habia inclinado hacia delante y se miraba los pies, y con la otra mano en la rodilla, y el pecho inflandose y desinflandose—. Por… ahh… fin… ahh… por fin… ahh… te encuentro. Fffguauu…— Se sento en la peana de cemento que sostienen los surtidores y se quedo mirando un rato el oscuro cristal de la oficina. Yo tambien estaba sentado, con la espalda pegada al surtidor, soltando las ultimas gotitas. Me desplome completamente contra mi
