– ?Como llego a esa clave?

– Descubri que el acertijo era una pregunta.

– ?Ah, si? ?Una pregunta? ?Que pregunta?

– La pregunta contenida en el acertijo era: «?cual Eco de Foucault pendiente a 545?». Despues de mucho investigar, me parecio que la respuesta era «judio portugues». -Se encogio de hombros, reprimiendo la irritacion por sentirse frustrado-. Pero, por lo visto, no lo es.

– ?No hay ningun sinonimo? A veces, Martinho jugaba con sinonimos…

– ?Ah, si? -se sorprendio Tomas, que se acaricio el menton, pensativo-. Bien, a partir del siglo xvi comenzaron a llamar «cristianos nuevos» a los judios cristianizados…

Saco el boligrafo del bolsillo de la chaqueta, cogio la libreta de notas y escribio las dos palabras. Despues, contando con los dedos, senalo por debajo los guarismos correspondientes:

Marco las dos secuencias en el codigo de la caja fuerte y aguardo un momento. De nuevo no ocurrio nada, la pequena puerta seguia cerrada. Suspiro y se paso la mano por el pelo, desanimado y ya sin ideas.

– No -exclamo meneando la cabeza-. No es esta tampoco.

El palacio se alzaba por encima de la niebla, como si estuviese suspendido sobre las nubes, cerniendose melancolicamente en la sombria cuesta de la sierra de Sintra. La fachada de piedra de Anca clara, repleta de esfinges, figuras aladas y extranos animales asombrosos, todos inscritos en nudos manuelinos o envueltos en hojas de acanto, hacia recordar un monumento del siglo xvi con toda su magnificencia de gotico manuelino, pero, en este caso, con un toque tenebroso, incluso siniestro, de fortaleza maldita, un monstruo macizo que asomase por entre los vapores parduscos de la neblina. Flotando sobre los copos rodeados de vapor que se pegaban al verde del monte, el palacete resplandecia bajo el gris de la luz refractada de la tarde brumosa; parecia un castillo fantastico, una mansion embrujada, un solar misterioso con su encaje de cimborrios, pinaculos, merlones, torres y torreones, un lugar irreal y perdido en el tiempo.

Con los ojos fijos en el palacete pendiente sobre la niebla, Tomas aun no habia decidido que pensar sobre aquel enigmatico lugar. Habia momentos en que la Quinta da Regaleira le parecia un sitio hermoso, trascendente, sublime; pero, bajo el manto encapotado de las nubes, la belleza que irradiaba de aquel espacio mistico se transformaba en algo que asustaba, lugubre, un refugio de sombras y un laberinto de tinieblas. Sintio que un escalofrio le recorria el cuerpo y consulto el reloj, eran las tres y cinco de la tarde, Moliarti se retrasaba. La quinta se encontraba desierta, era un dia entre semana, a mediados de marzo, decididamente a aquella altura del ano y de la semana no podia esperar que hubiese visitantes deambulando por alli. Deseo ardientemente que Nelson llegase de una vez, no le apetecia quedarse mucho mas tiempo solo en aquel sitio que en otros momentos le parecia placentero y que ahora se le antojaba tan aterrador.

Sentado en un banco frente al jardin, junto a la galeria central que conectaba la quinta con la calle, aparto los ojos del palacio siniestro y miro un momento la estatua que tenia delante. Era Hermes, el mensajero del Olimpo, el dios de la elocuencia y del arte de hablar bien, pero tambien la divinidad capciosa y sin escrupulos que llevaba al Infierno a las almas de los muertos, el nombre que fundo el hermetismo, el simbolo de los dominios de lo inaccesible. Tomas miro alrededor y penso que aquel era, sin duda, uno de los dioses mas apropiados para vigilar la Quinta da Regaleira, el sitio de Hermes, el lugar donde las propias piedras guardaban secretos, donde hasta el aire se cerraba en enigmas.

– Hi Tom -saludo Moliarti, con la cabeza que asomaba gradualmente por las escaleras del jardin-. Disculpe el retraso, pero me ha costado encontrar este sitio.

Tomas se levanto del banco y saludo al recien llegado, aliviado por tener, al fin, compania.

– No importa. He aprovechado para admirar el paisaje y aspirar este aire puro de la sierra.

El estadounidense miro a su alrededor.

– ?Que lugar es este? Me causa… creeps. ?Como se dice en portugues?

– Escalofrios.

– Eso. Me causa escalofrios.

– La Quinta da Regaleira es, tal vez, el lugar mas esoterico de Portugal.

– Really? -se admiro Moliarti, mirando el palacete desierto-. ?Por que?

– En el paso del siglo xix al siglo xx, aun en tiempos de la monarquia, esta propiedad fue adquirida por un hombre llamado Carvalho Monteiro. Era conocido como Carvalho dos Milhoes porque, con sus negocios en Brasil, era una de las personas mas ricas del pais. Carvalho Monteiro era tambien uno de los hombres mas cultos de su tiempo y decidio transformar la quinta en un lugar esoterico, alquimico, el sitio donde podria encarar el fantastico proyecto de resucitar la grandeza de Portugal basada en la tradicion mitica nacionalista y en la gesta de los descubrimientos, yendo a las raices de los fundamentos del Quinto Imperio. -Senalo el palacete, a la derecha, que asomaba por entre la neblina, taciturno, altivo, casi amenazador-. Mire esta arquitectura. ?A que le recuerda?

Moliarti estudio la estructura argentea y ornamentada de la mansion.

– Hmm -murmuro-. Tal vez a la Torre de Belem…

– Precisamente. Estilo neomanuelino. ?Sabe? La quinta fue construida en una epoca de revival, de recuperacion de valores antiguos. Por toda Europa imperaba entonces el neogotico. Ahora bien, el gotico portugues era el manuelino, por lo que el neogotico solo podia ser el neomanuelino. Pero este lugar fue mas lejos e intento recuperar tambien las fuentes de los descubrimientos. Encontramos por ello multiples referencias a la Orden Militar de Cristo, que en Portugal sucedio a la Orden del Temple y fue fundamental en la expansion maritima. Los simbolos magicos distribuidos aqui, segun una formula alquimica, surgen del cristianismo templario y de la tradicion clasica renacentista, con raices profundas en Roma, en Grecia, en Egipto. -Hizo un gesto amplio hacia la izquierda-. ?Ve aquellas estatuas?

El estadounidense contemplo la hilera de silenciosas figuras esculpidas en piedra de Anga, asentadas en estructuras que bordeaban un jardin geometrico frances, lleno de rectas y de angulos.

– Si.

– Le presento a Hermes, el dios que dio origen a la palabra hermetismo -dijo senalando la estatua mas proxima. Fue despues moviendo el dedo cada vez mas hacia la izquierda, a medida que nombraba cada una de las estatuas-. Este es Vulcano, el hijo deforme de Jupiter y Juno; aquel es Dioniso; el otro es el dios Pan, un satiro habitualmente representado con patas de macho cabrio y cuernos en la cabeza, como si fuese el diablo, aqui afortunadamente mas humanizado. Despues estan Demeter, Persefone, Venus, Afrodita, Orfeo y, alla al fondo, en ultimo lugar, Fortuna. Todos ellos son guardianes de los secretos esotericos de este lugar, centinelas vigilantes que protegen los misterios encerrados en la Quinta da Regaleira. -Hizo un gesto-. ?Vamos andando?

Comenzaron ambos a recorrer el camino que bordeaba las estatuas, en direccion a la galeria del fondo del jardin.

– Digame, pues, ?que tenia la caja fuerte de la vieja?

Tomas meneo la cabeza.

– No pude abrirla.

– ?Aquella no era la clave?

– Por lo visto, no.

– Que extrano.

– Pero estoy seguro de que estamos cerca. La pregunta del profesor Toscano nos remite, sin sombra de dudas, a aquel fragmento de El pendulo de Foucault.

– ?Esta seguro?

– Completamente. Fijese, el profesor Toscano se dedico a investigar los origenes de Cristobal Colon, planteando dudas sobre su nacimiento en Genova, y el fragmento en cuestion menciona justamente que Colon era un judio portugues. Claro como el agua, ?no? -Se paso la mano por el pelo-. Lo que creo, no obstante, es que hemos cometido algun error en la formulacion de la palabra clave.

Pasaron delante de Orfeo y Fortuna y, ya junto al portico ornamentado de la galeria, giraron a la derecha y escalaron el declive. El jardin geometrico dio lugar a un jardin romantico, donde se mezclaban el cesped, las piedras, los arbustos, los arboles, en una integracion continua, armoniosa. Se veian magnolias, camelias, helechos arboreos, palmeras, secuoyas, plantas exoticas traidas de todo el mundo. Entre el verdor vigoroso surgio un lago

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