El estadounidense esbozo una expresion interrogativa.
– No lo creo.
– Pues puede creerlo. -El profesor saco fotocopias de cartas manuscritas-. ?Lo ve? -Mostro un folio-. Esta es una copia de una carta de Colon a Nicolo Oderigo, embajador de Genova en Espana, fechada el 21 de marzo de 1502. Esta archivada en el Palazzo Municipale de Genova. Es la carta de un presunto genoves a otro genoves. Pues, fijese bien, esta escrita en cas-te-lla-no -deletreo la palabra silaba a silaba, para enfatizarla y cogio otra fotocopia-. En esta otra carta, para el mismo Oderigo, tambien en castellano, Colon llega a pedirle a su interlocutor genoves que traduzca la misiva a otro genoves, un tal Giovanni Luigi. -Miro a un Moliarti boquiabierto-. Convengamos en que esto es extrano, ?no? No solo Colon le escribe a un genoves en castellano, sino que, consciente de que un segundo destinatario genoves no sabe castellano, en vez de redactar la carta en italiano o en el dialecto genoves para que lo comprenda inmediatamente ese segundo destinatario, le pide a Oderigo que le traduzca la carta. Es extraordinario, ?no le parece? Sobre todo si consideramos que Colon era, supuestamente, genoves. -Una fotocopia mas-. Esta es una de las cartas dirigidas a otro destinatario genoves, en este caso una institucion bancaria, el Ufficio di San Giorgio. La misiva tambien esta escrita en castellano. -Sonrio-. O sea, que tenemos aqui a un genoves que vivio en Genova hasta los veinticuatro anos de edad, pero que no escribio una linea en italiano o en el dialecto genoves en las cartas dirigidas a sus interlocutores genoveses. -Una ultima fotocopia-. Y esta es una carta a otro italiano, el sacerdote Gaspar Gorricio. Una vez mas, sorpresa, sorpresa, en castellano. Y, no se olvide, ademas esta la carta que le habra enviado a Toscanelli. Esa carta desaparecio, pero, por la respuesta de Toscanelli, domina la idea de que Colon le escribio en portugues o en latin. En resumidas cuentas, estamos frente.1 una correspondencia mantenida con cinco interlocutores italianos, de los cuales tres son genoveses, siempre en lenguas que no son el italiano ni el dialecto genoves. Curioso, ?no?
– No entiendo, Tom. A fin de cuentas, usted mismo me dijo que creia que Colon no era espanol…
– No lo creia ni lo creo.
– Y, no obstante, me esta diciendo que solo escribia en cas- l el lano o en latin.
– Es verdad, eso he dicho.
– Entonces, si hablaba castellano y no era espanol, ?adonde quiere llegar? Que yo sepa, en Portugal no se hablaba castellano…
– Pues no.
– ?Entonces en que quedamos?
– Es que aun no le he contado todo.
– Ah, vale.
– Permitame que le aclare una cuestion previa -dijo Tomas-. Los documentos personales de Cristobal Colon se perdieron en el tiempo. Cuando su hijo portugues, Diogo Colom, murio, la correspondencia del Almirante paso a manos de la mujer de Diogo, Maria, y de su hijo, Luis, que se lo llevaron todo a las Antillas. Despues de la muerte de estos, la correspondencia regreso a Espana y fue entregada a los monjes de Las Cuevas. Despues, una querella juridica los dividio entre Muno Colon y la familia del duque de Alba. Parte de los documentos pasaron posteriormente al segundo duque de Veragua, descendiente del Almirante. En ese momento, ya solo quedaban algunas cartas de Colon a Diogo. -Levanto la mano izquierda-. Preste atencion a lo que voy a decirle ahora, Nelson, porque es importante. En todo este proceso desaparecieron casi todos los documentos. El propio diario de Colon no fue conservado, y de el solo nos queda una copia manuscrita, descubierta en el siglo xix, que «se supone» fue hecha por Bartolome de las Casas. Claro que, en medio de toda esta confusion, aparecieron muchas falsificaciones. En algunos casos, los falsificadores se limitaron a alterar pequenos detalles del texto, destinados a reforzar sus tesis, y probablemente destruyeron los originales que las habrian desmentido. En otros inventaron completamente los documentos. En ciertas situaciones, eso ocurrio para apropiarse de la nacionalidad de Colon. En otras, fue simplemente para hacer dinero. He hablado con expertos en manuscritos auto grafos, habituados a adquirir cartas raras en subastas, que me revelaron que, si llegase a aparecer una carta manuscrita de Colon y se tuviera la certidumbre de que es autentica, costana cerca de medio millon de dolares. Solamente el precio seria mayor, me dijeron esos expertos, medio en broma, medio en serio, si apareciese una carta firmada por el propio Jesucristo, fijese. Como debe imaginar, estas cifras astronomicas alentaron, y de que manera, las falsificaciones.
– ?Me esta diciendo que todo es falso?
– Estoy diciendo que, probablemente, muchas de las cartas atribuidas a Colon son falsificaciones, parciales o totales.
– ?Incluidas las cartas a los genoveses?
– Si.
Moliarti sonrio.
– Entonces eso resuelve el problema que usted me planteo hace un momento, ?no le parece? Si esas cartas son falsas, el hecho de que esten escritas en castellano no prueba nada. Son inventadas…
– Esas cartas prueban varias cosas, Nelson. Prueban que ni los falsificadores se atrevieron a escribir las cartas de Colon a genoveses en italiano, motivo mas que suficiente para quitarles credibilidad. Prueban que los originales en que se basaron, cuando habia originales, tambien estaban escritos en castellano. Y, finalmente, prueban que hubo, en efecto, una conspiracion para hacer del descubridor de America un genoves.
– Que disparate.
– No es un disparate, Nelson. Hubo muchos documentos falsificados donde se intercalo deliberadamente el nombre de Genova.
– ?Quiere decir que los documentos notariales encontrados en los archivos de Savona y Genova fueron falsificados?
– No, esos son probablemente verdaderos. El tejedor de seda Cristoforo Colombo existio realmente, sobre eso no caben iludas. Las falsificaciones afectan solamente a algunos documentos del navegante Cristobal Colon y a todos los documentos que intentan ligar Colombo con Colon, como el
– Bien, adelante -exclamo Moliarti impaciente, apuntando con un gesto la libreta de notas de su interlocutor-. ?No hay ningun texto del que podamos decir que fue escrito por la mano de Colon?
– Solo hay dos cosas en las que la certidumbre es absoluta. La primera son las cartas a su hijo Diogo, dado que las conservaron personas o instituciones debidamente identificadas a lo largo del tiempo y con un recorrido que es posible reconstruir con exactitud.
– ?El recorrido que usted menciono hace un momento?
– Si, ese. La segunda son las anotaciones hechas en los margenes de los libros que pertenecieron a Cristobal Colon y que, donados por su hijo espanol, Hernando, se conservan en la Biblioteca Colombina, en Sevilla. Aunque sea posible que, en este caso, algunas de las anotaciones hayan sido hechas por el hermano de Cristobal, Bartolomeo. Pero, de cualquier modo, hay algunas de las que tenemos la certidumbre de que fueron redactadas por el propio Almirante.
– ?Y esas cartas y anotaciones en que lengua estan escritas?
– Sobre todo en castellano. Hay algunas en latin y dos en italiano, pero solo una de las dos en italiano es seguramente de Cristobal Colon.
– ?Lo ve? Al final, siempre escribio en italiano y el resto fue en castellano y en latin. Por lo visto, no hay nada en portugues, ?no? Asi, pues, como Colon no era espanol y no escribia en portugues, solo podia ser italiano.
Tomas mantuvo su mirada fija en Moliarti, al tiempo que sus labios esbozaban una leve sonrisa.
– Nelson.
El estadounidense contrajo los musculos de la cara, con un tic nervioso. Entendio de inmediato, por el tono de voz de Tomas y por su expresion facial, que habia un detalle traicionero acechando en la sombra, dispuesto a echar abajo su razonamiento.
– ?No es asi?
– Nelson.
– Digame…
– Todos estos textos, manuscritos por Colon, aunque esten en castellano, latin o italiano, estan llenos de portuguesismos.
