– ?Esperaba quizas un gran drama?

– Eso como minimo -musito el.

Olivia se rio entre dientes y entro en la sala de baile propiamente dicha con la mirada al frente. Hacia una noche preciosa; no sabia muy bien por que no se habia dado cuenta de eso antes. La sala de baile estaba como solian estar las salas de baile, abarrotada, pero se respiraba algo distinto en el ambiente. ?Serian las velas tal vez? Quizas habia mas velas de lo normal o quizas ardian con mas intensidad. Pero su favorecedor y calido resplandor banaba a todo el mundo. Olivia reparo en que esta noche todo el mundo estaba guapo, todo el mundo.

?Que maravilla! ?Y que felices parecian todos!

– Esta en la esquina de ahi al fondo -oyo que le decia Harry a sus espaldas-. A la derecha.

Su voz le llego tibia y sedante al oido, y la recorrio por dentro como una curiosa y tremula caricia. Hizo que le entrasen ganas de reclinarse, de percibir el aire que rodeaba el cuerpo de Harry y entonces…

Camino hacia delante. Esos pensamientos no eran seguros; no en el centro de una sala abarrotada. Seguro que no, si estaban relacionados con sir Harry Valentine.

– Creo que deberia esperar aqui -le dijo Harry-. Deje que el venga a usted.

Ella asintio.

– No creo que me vea.

– Pronto lo hara.

De algun modo recibio sus palabras como un cumplido y quiso volverse y sonreir, pero no lo hizo, y no sabia por que.

– Deberia estar con mis padres -dijo ella-. Seria mas adecuado que… bueno, que todo lo que he hecho esta noche. -Olivia levanto la vista hacia el, hacia sir Harry Valentine, su nuevo vecino e, increiblemente, su nuevo amigo-. Gracias por esta maravillosa aventura.

El hizo una reverencia.

– Ha sido un placer.

Pero esa despedida sono demasiado formal y Olivia no podia soportar marcharse de semejante modo. Asi que le sonrio abiertamente con su sonrisa mas sincera, no con la que se pintaba en la cara para los cumplidos de rigor, y le pregunto:

– ?Le importaria que volviese a descorrer las cortinas en casa? Mi cuarto empieza a parecerse a una cueva.

El se carcajeo lo bastante alto como para atraer las miradas ajenas.

– ?Me espiara?

– Unicamente cuando lleve un sombrero estrafalario.

– Solo tengo uno y nada mas me lo pongo los martes.

Y, por alguna razon, esa parecio la manera perfecta de finalizar su encuentro. Olivia le hizo una pequena reverencia, se despidio y a continuacion se mezclo entre la multitud antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada mas.

Menos de cinco minutos despues de que Olivia localizase a sus padres, el principe Alexei Gomarovsky de Rusia la localizo a ella.

Tenia que reconocer que era un hombre sumamente fascinante. De belleza fria, eslava, con unos gelidos ojos azules y el pelo del mismo color que ella. Lo cual era singular, en realidad; no era frecuente ver unos cabellos tan rubios en un hombre adulto. Hacian que destacase entre una muchedumbre.

Bueno, eso y el sequito enorme que lo seguia a todas partes. Los palacios europeos podian ser lugares peligrosos, le habia dicho el principe. Un hombre celebre como el no podia viajar sin escolta.

Olivia se coloco entre sus padres y observo como la gente hacia un pasillo para dejar pasar al principe. Este se detuvo justo delante de ella, entrechocando los talones al curioso estilo de los militares. Se mantenia asombrosamente derecho, y Olivia tuvo la extrana idea de que dentro de muchos anos, cuando no pudiese recordar los detalles de su cara, recordaria su postura erguida, arrogante y correcta.

Se pregunto si habria luchado en la guerra. Harry si, pero lejos del ejercito ruso, al otro lado de Europa ?no?

No es que tuviese importancia.

El principe ladeo unos milimetros la cabeza y sonrio con los labios cerrados, una sonrisa no exactamente antipatica, sino condescendiente.

O quiza se tratase de una simple diferencia cultural. Olivia sabia que no debia emitir juicios precipitados. Tal vez la gente sonriese de otra manera en Rusia. Y aun cuando no fuese asi, el era un miembro de la realeza. Se imaginaba que un principe no podia desnudar su alma delante de muchas personas. Seguro que era un hombre sumamente simpatico y un eterno incomprendido. ?Que vida tan solitaria debia de tener!

A ella le horrorizaria.

– Lady Olivia -le dijo el en un ingles que no tenia demasiado acento-. Me alegro sobremanera de volverla a ver esta noche.

Ella le hizo una media reverencia; agachando el cuerpo mas de lo que normalmente haria en un evento de estas caracteristicas, pero no tanto como para parecer servil y fuera de lugar.

– Vuestra Alteza -le contesto en voz baja.

Cuando se incorporo, el le cogio de la mano y le deposito un suave beso en los nudillos. A su alrededor los susurros hacian crepitar el aire, y Olivia se sintio incomoda al comprender que era el mismisimo centro de atencion. Tuvo la sensacion de que todos los presentes habian retrocedido un paso, dejando un espacio libre a su alrededor; lo mejor para ver como se desarrollaba la escena.

El principe le solto la mano lentamente, luego dijo reduciendo su voz a un grave susurro:

– Como sabra, es usted la mujer mas hermosa del baile.

– Gracias, Vuestra Alteza. Es un honor oir eso.

– Me limito a decir la verdad. Es usted la estampa de la belleza.

Olivia sonrio y trato de ser la preciosa estatua que el parecia querer que fuese. La verdad es que no estaba segura de como debia responder a sus continuos cumplidos. Procuro imaginarse a sir Harry empleando tan efusivo lenguaje. Probablemente romperia a reir solo para intentar pronunciar la primera frase.

– Me esta sonriendo, lady Olivia -constato el principe.

Ella penso deprisa, muy deprisa.

– Es simplemente por la dicha que me producen sus halagos, Vuestra Alteza.

?Santo Dios! Si Winston pudiera oirla, ya estaria en el suelo revolcandose de risa. Como Miranda.

Pero saltaba a la vista que el principe aprobaba sus palabras, ya que la pasion encendio sus ojos y le ofrecio su brazo.

– Venga a dar un paseo conmigo por la sala de baile, milaya. Tal vez bailemos.

Olivia no tuvo mas remedio que colocar la mano sobre su brazo. El principe vestia un uniforme de gala de intenso color carmesi, con cuatro botones de oro en cada manga. La lana picaba y la logica indicaba que el hombre debia de estar pasando un calor espantoso en la abarrotada sala de baile, pero no manifesto senal alguna de malestar; en todo caso, parecia irradiar cierta frialdad, como si estuviese ahi para ser admirado pero no tocado.

Sabia que todo el mundo lo observaba. Debia de estar habituado a semejante atencion. Olivia se pregunto si se daria cuenta de lo incomoda que se sentia ella en este cuadro vivo. Y eso que estaba acostumbrada a que la miraran. Sabia que era popular, sabia que otras jovenes damas la consideraban el arbitro de la moda y el estilo, pero esto… esto era algo completamente distinto.

– He estado disfrutando del clima que tienen en Inglaterra -dijo el principe mientras bordeaban una esquina. Olivia se dio cuenta de que tenia que concentrarse en su modo de andar para permanecer junto a el en la posicion correcta. Cada paso era cuidadosamente medido, cada pisada absolutamente precisa, apoyando talon y luego punta con el mismo movimiento exacto cada vez.

– Digame -anadio el-, ?normalmente hace tanto calor en esta epoca del ano?

– Hemos tenido mas sol de lo habitual -contesto ella-. ?Hace mucho frio en Rusia?

– Si. Hace… como se dice… -El principe hizo un alto y Olivia detecto su fugaz expresion de concentracion

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