no estaba fabricando monedas falsas; no tenia nada que ocultar salvo a si mismo, su manera de caminar por la habitacion, su manera de vestir con descuido, su manera de acariciarse el pelo. Su bienestar esta condicionado por su libertad de no ser visto.

El pudor es una de las nociones clave de los Tiempos Modernos, epoca individualista que, hoy, imperceptiblemente, se aleja de nosotros; pudor: reaccion epidermica para defender tu vida privada; para exigir una cortina en tu ventana; para insistir en que una carta dirigida a A no la lea B. Una de las condiciones elementales del paso a la edad adulta, uno de los primeros conflictos con los padres, es la reivindicacion de un cajon para las propias cartas y cuadernos de notas, la reivindicacion de un cajon con llave; se entra en la edad adulta mediante la rebelion del pudor.

Una vieja utopia revolucionaria, fascista o comunista: la vida sin secretos, donde vida publica y vida privada no sean mas que una. El sueno surrealista de Breton: la casa de cristal, casa sin cortinas en la que el hombre vive a la vista de todos. ?Ah, la belleza de la transparencia! La unica realizacion lograda de este sueno: una sociedad totalmente controlada por la policia.

Hablo de ello en La insoportable levedad del ser: Jan Prochazka, gran personalidad de la Primavera de Praga, se convirtio, despues de la invasion rusa en 1968, en un hombre sometido a estrecha vigilancia. Frecuentaba por entonces a otro gran opositor, el profesor Vaclav Cemy, con el que le gustaba beber y hablar. Todas las conversaciones eran grabadas en secreto y sospecho que los dos amigos lo supieron y les dio igual. Pero un dia, en 1970 o 1971, queriendo desacreditar a Prochazka, la policia di fundio estas conversaciones en forma de radionovela. Por parte de la policia era un acto atrevido y sin precedentes. Y, hecho sorprendente: estuvo a punto de lograrlo; de entrada, Prochazka quedo desacreditado: porque, en la intimidad, se dice cualquier cosa, se habla mal de los amigos, se dicen palabrotas, no se es serio, se cuentan chistes de mal gusto, se repite uno, se entretiene al inter locutor diciendole enormidades que le choquen, se tie nen ideas hereticas que no se confiesan publicamente, etc. Por supuesto, todos actuamos como Prochazka, en la intimidad calumniamos a nuestros amigos, decimos palabrotas; actuar de modo distinto en privado y en publico es la experiencia mas evidente de cada uno, el fundamento sobre el que descansa la vida del individuo; curiosamente esa evidencia permanece como inconsciente, no confesada, incesantemente ocultada por los suenos liricos sobre la transparente casa de cristal, y es pocas veces en tendida como el valor de los valores que hay que defender. Tan solo de manera progresiva (pero con un furor cada vez mayor) la gente se fue dando cuenta de que el verdadero escandalo no eran las palabras atrevidas de Prochazka, sino la violacion de su vida; se dio cuenta (como tras un impacto) de que lo privado y lo publico son por esencia dos mundos distintos y que el respeto de esta diferencia es la condicion sine qua non para que un hombre pueda vivir como un hombre libre; que la cortina que separa esos dos mundos es intocable y que los que arrancan las cortinas son criminales. Y, como los arrancadores de cortinas estaban al servicio de un regimen odiado, fueron considerados unanimemente como criminales particularmente despreciables.

Cuando desde esa Checoslovaquia repleta de microfonos llegue mas tarde a Francia, vi en primera plana de una revista una gran foto de Jacques Brel ocultando el rostro, acorralado por fotografos delante del hospital donde seguia un tratamiento contra un cancer avanzado. Y, de pronto, tuve la sensacion de encontrar el mismo mal por el cual yo habia huido de mi pais; la radiodifusion de las conversaciones de Prochazka y la fotografia de un cantante moribundo que oculta su rostro me parecian pertenecer al mismo mundo; me dije que la divulgacion de la intimidad del otro, en cuanto se convierte en costumbre y norma, nos hace entrar en una epoca en la que lo que esta ante todo en juego es la supervivencia o la desaparicion del individuo.

9

Casi no hay arboles en Islandia, y los que hay estan todos en los cementerios; como si no hubiera muertos sin arboles, como si no hubiera arboles sin muertos. No los plantan al lado de la tumba, como en la idilica Europa central, sino en medio de ella, para que el visitante este obligado a imaginar las raices que, debajo, atraviesan el cuerpo. Paseo con Elvar D. por el cementerio de Reykjavik; se detiene ante una tumba donde el arbol es todavia muy pequeno; hace apenas un ano, enterraron alli a un amigo; se pone a recordarlo en voz alta: su vida privada estaba marcada por un secreto, probablemente de tipo sexual. «Como los secretos provocan una irritada curiosidad, mi mujer, mis hijas, la gente a mi alrededor insistieron en que les hablara de ello. Hasta tal punto que la relacion con mi mujer se estropeo desde entonces. No podia perdonarle su agresiva curiosidad, ella no me perdono mi silencio, para ella prueba de la poca confianza que le tenia.» Luego, sonrio y: «No he traicionado nada», dijo, «porque no tenia nada que traicionar. Me prohibi conocer los secretos de mi amigo y no los conozco». Le escucho fascinado: desde mi infancia oigo decir que el amigo es aquel con el que uno comparte secretos y que, en nombre de la amistad, tiene incluso el derecho de insistir en conocerlos. Para mi islandes, la amistad es otra cosa: es ser guardian de la puerta tras la cual oculta el amigo su vida privada; es aquel que jamas abrira esa puerta; aquel que no permitira a nadie que la abra.

10

Pienso en el final de El proceso: los dos senores estan inclinados sobre K., al que estan degollando: «Con los ojos vidriosos K. vio aun como los senores, muy cerca de su cara, mejilla contra mejilla, observaban la decision: “?Como un perro!”, dijo K.; era como si la verguenza hubiese de sobrevivirle».

El ultimo sustantivo de El proceso: la verguenza. Su ultima imagen: dos caras ajenas, muy cerca de su cara, tocandole casi, observan el estado mas intimo de K., su agonia. En el ultimo sustantivo, en la ultima imagen, esta condensada la situacion fundamental de toda la novela: ser, en cualquier momento, accesible en tu propio dormitorio; dejar que te coman el desayuno; estar disponible, dia y noche, para acudir a las citaciones; ver como confiscan las cortinas de tu ventana; no poder frecuentar a quien quieras; no pertenecerte ya a ti mismo; perder la condicion de individuo. Sientes esta transformacion de un hombre de sujeto en objeto como una verguenza.

No creo que al pedir a Brod que destruyera su correspondencia Kafka temiera su publicacion. Semejante idea no podia pasarle por la cabeza. Los editores no se interesaban por sus novelas, ?como iban a interesarse por sus cartas? Lo que le llevo a querer destruirlas era la verguenza, la verguenza elemental, no la de un escritor, sino la de un simple individuo, la verguenza de dejar cosas intimas por ahi a la vista de los demas, de la familia, de los desconocidos, la verguenza de ser convertido en objeto, la verguenza capaz de «sobrevivirle».

Sin embargo, Brod hizo publicas sus cartas; antes, en su propio testamento, habia pedido a Kafka «destruir algunas cosas»; ahora bien, el mismo lo publica todo, sin discernimiento; incluso esa larga y penosa carta encontrada en un cajon, carta que Kafka jamas se habia decidido a enviar a su padre y que, gracias a Brod, cualquier persona ha podido leer mas tarde, salvo su destinatario. La indiscrecion de Brod no tiene para mi excusa alguna. Traiciono a su amigo. Actuo contra su voluntad, contra el sentido y el espiritu de su voluntad, contra su naturaleza pudica, que el conocia.

11

Hay una diferencia de esencia entre, por un lado, la novela y, por otro, las memorias, la biografia, la autobiografia. El valor de una biografia consiste en la novedad y la exactitud de los hechos reales que se revelan. El valor de una novela, en la revelacion de las posibilidades hasta entonces ocultas de la existencia como tal; dicho de otra manera, la novela descubre lo que esta oculto en cada uno de nosotros. Uno de los elogios habituales que se hacen de la novela consiste en decir: me identifico en el personaje del libro; tengo la impresion de que el autor esta hablando de mi y me conoce; o en forma de agravio: me siento atacado, desnudado, humillado por esta novela. Jamas hay que burlarse de este tipo de juicios, aparentemente ingenuos: son la prueba de que la novela

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