aficion por la lectura. Pero habia extranado tanto su presencia: aquellas llegadas intempestivas, su manera de ver las cosas desde un angulo distinto al del resto del mundo. Sus ocurrencias, sus pequenas excentricidades, el alboroto de su locuacidad. Quise saberlo todo y le lance una catarata de preguntas: como marchaba su vida en Madrid, como estaba Johnny, como seguia Beigbeder, cuales eran las razones que le habian hecho volver a Africa. Me respondio con vaguedades y anecdotas, evitando aludir a las dificultades. Hasta que yo deje de martirizarla con mi curiosidad y entonces, mientras llenaba las copas, hablo claro por fin.

–He venido a ofrecerte un trabajo.

Rei.

–Yo ya tengo un trabajo.

–Yo te voy a proponer otro.

Volvi a reir y bebi. Pink gin, como tantas otras veces.

–Haciendo ?que? – dije al despegar la copa de mis labios.

–Lo mismo que ahora, pero en Madrid.

Me di cuenta de que hablaba en serio y se me seco la risa. Yo tambien altere entonces el tono.

–Estoy a gusto en Tetuan. Las cosas van bien, cada vez mejor. A mi madre tambien le agrada vivir aqui. Nuestro taller funciona estupendamente; de hecho, estamos pensando en contratar a alguna aprendiza para que nos ayude. No nos hemos planteado volver a Madrid.

–No hablo de tu madre, Sira, tan solo de ti. Y no haria falta cerrar el taller de Tetuan; seguramente se trataria de algo provisional. O, al menos, eso espero. Cuando todo terminara, podrias regresar.

–Cuando terminara ?que?

–La guerra.

–La guerra termino hace mas de un ano.

–La vuestra, si. Pero ahora hay otra.

Se levanto, cambio el disco y subio el volumen. Mas jazz, esta vez solo instrumental. Intentaba que nuestra conversacion no se oyera tras la cortina.

–Hay otra guerra terrible. Mi pais esta metido en ella y el tuyo puede entrar en cualquier momento. Juan Luis ha hecho todo lo que ha podido para que Espana quede al margen, pero la marcha de los acontecimientos parece indicar que va a resultar muy dificil. Por eso queremos ayudar de todas las maneras posibles para minimizar la presion de Alemania sobre Espana. Si se lograra, vuestra nacion quedaria fuera del conflicto y nosotros tendriamos mas posibilidades de ganarlo.

Seguia sin entender como casaba mi trabajo con todo aquello, pero no la interrumpi.

–Juan Luis y yo -prosiguio- estamos intentando concienciar a algunos de nuestros amigos para que colaboren en la medida de sus posibilidades. El no ha conseguido ejercer presion sobre el gobierno desde el ministerio, pero desde fuera tambien pueden hacerse cosas.

–?Que tipo de cosas? – pregunte con un hilo de voz. No tenia la menor idea de lo que pasaba por su cabeza. Mi rostro debio de resultarle divertido porque, por fin, rio.

–Don't panic, darling. No te asustes. No estamos hablando de poner bombas en la embajada alemana o de sabotear grandes operaciones militares. Me refiero a discretas campanas de resistencia. Observacion. Infiltraciones. Obtencion de datos a traves de pequenas brechas here and there, por aqui y por alla. Juan Luis y yo no estamos solos en esto. No somos un par de idealistas en busca de amigos incautos a los que implicar en una fantasiosa maquinacion.

Relleno las copas y volvio a subir el volumen del gramofono. Encendimos otro par de cigarrillos. Se sento de nuevo y hundio sus ojos claros en los mios. A su alrededor tenia unas ojeras grisaceas que nunca antes le habia visto.

–Estamos ayudando a montar en Madrid una red de colaboradores clandestinos asociados al Servicio Secreto britanico. Colaboradores desvinculados de la vida politica, diplomatica o militar. Gente poco conocida que, bajo la apariencia de una vida normal, se entere de cosas y despues las transmita al SOE.

–?Que es el SOE? – murmure.

Special Operations Executive. Una nueva organizacion dentro del Servicio Secreto recien creada por Churchill, destinada a asuntos relacionados con la guerra y al margen de los operativos de siempre. Estan captando gente por toda Europa. Digamos que se trata de un servicio de espionaje poco ortodoxo. Poco convencional.

–No te entiendo. – Mi voz seguia siendo un susurro.

Era verdad que no entendia nada. Servicio Secreto. Colaboradores clandestinos. Operativos. Espionaje. Infiltraciones. En mi vida habia oido hablar de todo aquello.

–Bueno, tampoco creas que yo estoy acostumbrada a toda esta terminologia. Para mi tambien es todo practicamente nuevo, he tenido que aprender mucho a marchas forzadas. Juan Luis, como te dije por carta, ha estrechado su relacion con nuestro embajador Hoare en los ultimos tiempos. Y ahora que el tiene los dias contados en el ministerio, ambos han decidido trabajar en conjunto. Hoare, no obstante, no controla directamente las operaciones del Servicio Secreto en Madrid. Digamos que las supervisa, que es el ultimo responsable. Pero no las coordina de manera personal.

–?Quien lo hace, entonces?

Espere a que me dijera que ella misma y destapara por fin que aquello no era mas que una broma. Y entonces las dos reiriamos a carcajadas y nos iriamos por fin a cenar y a bailar a Villa Harris, como tantas otras veces. Pero no lo hizo.

–Alan Hillgarth, nuestro naval attache, el agregado naval de la embajada: el es quien se encarga de todo. Es un tipo muy especial, marino dentro de una familia de larga tradicion en la Armada, casado con una dama de la alta aristocracia que tambien esta implicada en sus actividades. Llego a Madrid a la vez que Hoare

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