–Solo un segundo… -Me acerque al maletin y saque su contenido a manos llenas. El camison de seda, una zapatilla, el cepillo del pelo, una botella de agua de colonia: todo quedo esparcido sobre la cama y el suelo, como arrojado por el arrebato de un demente o la fuerza de un tornado. Hasta que alcance lo que buscaba en el fondo: el cuaderno con los falsos patrones, la constatacion milimetricamente pespunteada de la traicion de Manuel da Silva a los britanicos. Lo aprete con fuerza contra el pecho.
–Vamonos -dije mientras cogia el bolso con la otra mano. Tampoco podia dejarlo atras, llevaba el pasaporte dentro.
Salimos precipitados al pasillo en el momento en que sonaba el silbido; cuando llegamos a la puerta, la locomotora ya habia respondido con el suyo y el tren empezaba a ponerse en movimiento. Bajo Marcus primero mientras yo arrojaba al anden el cuaderno, el bolso y los zapatos; imposible intentarlo con ellos puestos, me romperia un tobillo en cuanto tocara el suelo. Despues me tendio la mano, la agarre y salte.
Los gritos furibundos del jefe de estacion tardaron solo unos instantes en oirse, lo vimos correr hacia nosotros a la vez que hacia grandes aspavientos con los brazos. Dos ferroviarios salieron del interior alertados por sus voces; el tren, entretanto, ajeno a lo que atras dejaba, avanzaba ganando velocidad.
–Vamos, Sira, vamos, tenemos que irnos de aqui -apremio Marcus.
Recogio uno de mis zapatos y me lo tendio, despues el otro. Los mantuve entre las manos, pero no me los puse: tenia la atencion concentrada en otro asunto. Los tres empleados, mientras, se habian arremolinado a nuestro alrededor y aportaban a la reprimenda su peculiar vision del incidente, al tiempo que el jefe de estacion nos recriminaba por nuestro comportamiento con gritos y gestos airados. Un par de mendigos se acerco a curiosear, a los pocos segundos la cantinera y un joven camarero se sumaron al grupo preguntando que habia pasado.
Y entonces, en medio de aquel caos de apremios, animos alterados y voces superpuestas, oimos el chillido afilado del tren al frenar.
Todo en el anden quedo de repente callado e inmovil, como cubierto por una sabana de quietud mientras las ruedas rechinaban sobre los railes con un sonido agudo y prolongado.
Marcus fue el primero en hablar.
–Han accionado la alarma. – Su voz se hizo mas grave, mas imperiosa-. Se han dado cuenta de que hemos saltado. Vamos, Sira, hay que salir de aqui ahora mismo.
Automaticamente, el grupo entero se puso de nuevo en accion. Volvieron los bramidos, las ordenes, los pasos sin destino y los gestos iracundos.
–No podemos irnos -replique dando vueltas sobre mi misma a la vez que barria el suelo con la mirada-. No encuentro mi cuaderno.
–?Olvidate del maldito cuaderno, por Dios! – grito furioso-. ?Vienen a por ti, Sira, tienen orden de matarte!
Note que me agarraba el brazo y tiraba de mi, dispuesto a sacarme de alli aunque fuera a rastras.
–No lo entiendes, Marcus: tengo que encontrarlo como sea, no podemos dejarlo atras -insisti mientras seguia buscando. Hasta que distingui algo-.?Esta ahi! ?Ahi! – grite intentando zafarme mientras senalaba algo en medio de la oscuridad-. ?Ahi, en la via!
El sonido chirriante de los frenos se fue debilitando y el tren quedo por fin parado con las ventanillas llenas de cabezas asomadas. Las voces y los gritos de los pasajeros se sumaron a la bronca incesante de los ferroviarios. Y entonces los vimos. Dos sombras caidas de un vagon corriendo hacia nosotros.
Calcule las distancias y los tiempos. Aun podria bajar y recoger el cuaderno, pero volver a subir al anden me costaria mucho mas: la altura era considerable y las piernas probablemente no me dieran para tanto. De todas maneras, tenia que intentarlo: debia recuperar los patrones como fuera, no podia volver a Madrid sin todo lo que en ellos habia dejado transcrito. Note entonces los brazos de Marcus agarrandome con fuerza por la espalda. Me aparto del borde casi en volandas y salto a la via.
A partir del momento exacto en que cogi el cuaderno, todo fueron carreras enloquecidas. Carreras recorriendo el anden transversalmente, carreras resonando sobre las baldosas del vestibulo vacio, carreras cruzando la oscura explanada frente a la estacion. Hasta llegar al automovil. De la mano y rasgando la noche, como en los tiempos que dejamos atras.
–?Que demonios tienes en ese cuaderno que has hecho que nos juguemos la vida por el? – pregunto intentando recuperar el aliento mientras arrancaba con un potente aceleron.
Con la respiracion entrecortada, me arrodille sobre el asiento para mirar hacia atras. Entre el polvo levantado por las ruedas traseras distingui a los hombres del tren corriendo hacia nosotros con toda su energia. Solo nos separaban unos metros al principio, pero la distancia se fue poco a poco dilatando. Hasta que vi como se rendian. Uno primero, ralentizando los movimientos hasta quedar parado y aturdido con las piernas separadas y las manos en la cabeza, como si no diera credito a lo que acababa de suceder. El otro aguanto unos metros mas, pero tampoco tardo en perder potencia. Lo ultimo que vi fue que se inclinaba hacia delante y, agarrandose el vientre, vomitaba lo que con tanta ansia habia comido un rato antes.
Cuando tuve la certeza de que ya no nos seguian, volvi a sentarme y, respirando aun con dificultad, conteste a la pregunta de Marcus.
–Los mejores patrones que he hecho en mi vida.
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Gamboa, en efecto, sospecho algo cuando te llevo las orquideas. Asi que aguardo medio escondido y espero a comprobar quien era el dueno del sombrero que habia sobre el escritorio. Y entonces me vio salir de tu habitacion. Me conoce de sobra, he estado en las oficinas de la empresa varias veces. Despues fue con la informacion en busca de Da Silva, pero su jefe no quiso atenderle; le dijo que estaba ocupado con un asunto importante, que ya hablarian por la manana. Y asi lo han hecho hoy. Y cuando Da Silva ha sabido de que se trataba, ha montado en colera, le ha despedido y ha empezado a actuar.
–?Y como has sabido tu todo esto?
–Porque el mismo Gamboa me ha buscado esta tarde. Esta desquiciado, tiene un miedo atroz y busca desesperadamente a alguien que le proteja; por eso ha pensado que tal vez podria sentirse mas seguro acercandose a los ingleses con los que antes mantenian excelentes relaciones. Tampoco sabe en que anda metido
