Me seque las lagrimas con el embozo de la sabana. El comisario me concedio un breve minuto. Apenas intuyo que el llanto habia remitido, volvio concienzudo a su tarea.
–?Lista?
–Lista -murmure.
–Mire, esta usted acusada por la direccion del hotel Continental de haber dejado impagada una factura bastante abultada, pero eso no es todo. La cuestion, por desgracia, es mucho mas compleja. Hemos sabido que tambien hay sobre usted una denuncia de la casa Hispano-Olivetti por estafa de veinticuatro mil ochocientas noventa pesetas.
–Pero yo, pero…
Un gesto de su mano me impidio proseguir con mi exculpacion: aun tenia mas noticias que ofrecerme.
–Y una orden de busqueda por la sustraccion de unas joyas de considerable valor en un domicilio particular en Madrid.
–Yo, no, pero…
El impacto de lo escuchado me anulaba la capacidad de pensar e impedia a las palabras salir ordenadas. El comisario, consciente de mi aturdimiento, intento tranquilizarme.
–Ya lo se, ya lo se. Calmese, no se esfuerce. He leido todos los papeles que traia en su maleta y con ellos he podido recomponer de manera aproximada los acontecimientos. He encontrado el escrito que dejo su marido, o su novio, o su amante, o lo que sea el tal Arribas, y tambien un certificado de la donacion de las joyas a su favor, y un documento que expone que el anterior propietario de tales joyas es en realidad su padre.
No recordaba haber llevado aquellos papeles conmigo; no sabia que habia sido de ellos desde que Ramiro los guardo pero, si estaban entre mis cosas, seguramente era porque yo misma los habia cogido de la habitacion del hotel de manera inconsciente en el momento de mi marcha. Suspire con cierto alivio al entender que tal vez en ellos podria estar la clave de mi redencion.
–Hable con el, por favor, hable con mi padre -suplique-. Esta en Madrid, se llama Gonzalo Alvarado, vive en la calle Hermosilla 19.
–No hay forma de que podamos localizarle. Las comunicaciones con Madrid son pesimas. La capital esta convulsionada, hay mucha gente desubicada: retenidos, huidos, o saliendo, o escondidos, o muertos. Ademas, la cosa para usted es mas complicada aun porque la denuncia partio del propio hijo de Alvarado, Enrique, creo recordar que es su nombre, su medio hermano, ?no? Enrique Alvarado, si -corroboro tras consultar sus notas-. Al parecer, una criada le informo hace unos meses de que usted habia estado en la casa y salio de ella bastante alterada portando unos paquetes: presuponen que en ellos estaban las joyas, creen que Alvarado padre pudo haber sido victima de un chantaje o sometido a algun tipo de extorsion. En fin, un asunto bastante feo, aunque estos documentos parecen eximirla de culpa.
Saco entonces de uno de los bolsillos exteriores de la chaqueta los papeles que mi padre me habia entregado en nuestro encuentro de meses atras.
–Por fortuna para usted, Arribas no se los llevo junto con las joyas y el dinero, posiblemente porque podrian haberle resultado comprometedores. Deberia haberlos destruido para salvaguardarse las espaldas pero, en su prisa por volatilizarse, no lo hizo. Quedele agradecida porque esto es, de momento, lo que va a salvarla de la carcel -apunto con ironia. Acto seguido, cerro los ojos brevemente, como intentando tragarse sus ultimas palabras-. Perdone, no he querido ofenderla; imagino que en su animo no estara agradecer nada a un tipo que se ha portado con usted como lo ha hecho el.
No replique a su disculpa, solo formule debilmente otra pregunta.
–?Donde esta ahora?
–?Arribas? No lo sabemos con certeza. Puede que en Brasil, quiza en Buenos Aires. En Montevideo tal vez. Embarco en un transatlantico de pabellon argentino, pero puede haber desembarcado en varios puertos. Iba acompanado al parecer de otros tres individuos: un ruso, un polaco y un italiano.
–?Y no van a buscarle? ?No van a hacer nada por seguir su rastro y detenerle?
–Me temo que no. Tenemos poco contra el: simplemente una factura impagada a medias con usted. A no ser que quiera usted denunciarle por las joyas y el dinero que le ha quitado, aunque, con sinceridad, no creo que valga la pena. Es cierto que todo era suyo, pero la procedencia es un tanto turbia y usted esta denunciada justo por lo mismo. En fin, creo que es dificil que volvamos a saber de su paradero; estos tipos suelen ser listos, tienen mucho mundo y saben como hacer para evaporarse y reinventarse a los cuatro dias en cualquier punto del globo de la forma mas insospechada.
–Pero ibamos a emprender una vida nueva, ibamos a abrir un negocio; estabamos esperando la confirmacion -balbucee.
–?Se refiere a lo de las maquinas de escribir? – pregunto sacando un nuevo sobre del bolsillo-. No habrian podido: carecian de autorizacion. Los duenos de las academias en la Argentina no tenian el menor interes en expandir su negocio al otro lado del Atlantico y asi se lo hicieron saber en el mes de abril. – Percibio el desconcierto en mi cara-. Arribas nunca se lo dijo, ?verdad?
Recorde mis consultas diarias al mostrador de recepcion, ilusionada, anhelante por el recibo de aquella carta que yo creia que iba a cambiar nuestras vidas y que ya llevaba meses en poder de Ramiro sin que jamas me lo hubiera comunicado. Mis agarraderas para defenderle iban disolviendose, haciendose humo. Me aferre con escasas fuerzas al ultimo resquicio de esperanza que me quedaba.
–Pero el me queria…
Sonrio el comisario con un punto de amargura mezclada con algo parecido a la compasion.
–Eso dicen todos los de su calana. Mire, senorita, no se engane: los tipos como Arribas solo se quieren a si mismos. Pueden ser afectivos y parecer generosos; suelen ser encantadores, pero a la hora de la verdad solo les interesa su propio pellejo y, a la primera que las cosas se ponen un poco oscuras, salen escopeteados y saltan por encima de lo que haga falta con tal de no ser cogidos en un renuncio. Esta vez la gran perjudicada ha sido usted; mala suerte, ciertamente. Yo no dudo que el la estimara, pero un buen dia le surgio otro proyecto mejor y usted se transformo para el en una carga que no le interesaba arrastrar. Por eso la dejo, no
