Hablo de nuevo esforzandose por mantener su paciencia a raya. Mi insistencia le estaba resultando cada vez mas molesta, aunque intentaba no contrariarme, habida cuenta de mi condicion clinica. En otras circunstancias posiblemente me habria tratado con muchas menos contemplaciones.

–Mire, yo no se de que pie cojea usted, si estara con el gobierno o a favor del alzamiento. – Su voz era de nuevo templada; habia recuperado todo su vigor tras un breve instante de decaimiento; probablemente el cansancio y la tension de los dias convulsos le hubiera pasado una momentanea factura-. Si le soy sincero, despues de todo lo que he tenido que ver en estas ultimas semanas, su posicion me importa mas bien poco; es mas, prefiero no enterarme. Yo me limito a seguir con mi trabajo intentando mantener las cuestiones politicas al margen; ya hay gente de sobra ocupandose, por desgracia, de ellas. Pero ironicamente la suerte, por una vez y aunque le cueste creerlo, ha caido de su lado. Aqui, en Tetuan, centro de la sublevacion, estara del todo segura porque nadie excepto yo se va a preocupar de sus asuntos con la ley y, creame, son bastante turbios. Lo suficiente como para, en condiciones normales, mantenerla una buena temporada encarcelada.

Trate de protestar, alarmada y llena de panico. No me dejo; freno mis intenciones alzando una mano y prosiguio hablando.

–Imagino que en Madrid se pararan la mayoria de los tramites policiales y todos los procesos judiciales que no sean politicos o de envergadura mayor: con lo que alli les ha caido, no creo que nadie tenga interes en andar persiguiendo por Marruecos a una presunta estafadora de una firma de maquinas de escribir y supuesta ladrona del patrimonio de su padre denunciada por su propio hermano. Hace unas semanas se trataria de asuntos medianamente serios pero, a dia de hoy, son solo una cuestion insignificante en comparacion con lo que en la capital se les viene encima.

–?Entonces? – pregunte indecisa.

–Entonces lo que usted va a hacer es no moverse; no realizar el menor intento para salir de Tetuan y poner todo de su parte para no causarme el mas minimo problema. Mi cometido es velar por la vigilancia y seguridad de la zona del Protectorado y no creo que usted sea una grave amenaza para la misma. Pero, por si acaso, no quiero perderla de vista. Asi que va a quedarse aqui una temporada y se va a mantener al margen de cualquier tipo de lios. Y no entienda esto como un consejo o una sugerencia, sino como una orden en toda regla. Sera como una detencion un tanto particular: no la meto en el calabozo ni la confino a un arresto domiciliario, asi que gozara de una relativa libertad de movimientos. Pero queda terminantemente desautorizada para abandonar la ciudad sin mi previo consentimiento, ?esta claro?

–?Hasta cuando? – pregunte sin corroborar lo que me pedia. La idea de quedarme sola de forma indefinida en aquella ciudad desconocida se me presentaba ante los ojos como la peor de las opciones.

–Hasta que la situacion se calme en Espana y veamos como se resuelven las cosas. Entonces decidire que hacer con usted; ahora mismo no tengo ni tiempo ni manera de encargarme de sus asuntos. Con inmediatez, solo tendra que hacer frente a un problema: la deuda con el hotel de Tanger.

–Pero yo no tengo con que pagar esa cantidad… -aclare de nuevo al borde de las lagrimas.

–Ya lo se: he revisado de arriba abajo su equipaje y, aparte de ropa revuelta y algunos papeles, he comprobado que no lleva nada mas. Pero, de momento, usted es la unica responsable que tenemos y en ese asunto esta igual de implicada que Arribas. Asi que, ante la ausencia de el, sera usted quien haya de responder a la demanda. Y, de esta, me temo que no la voy a poder librar porque en Tanger saben que la tengo aqui, perfectamente localizada.

–Pero el se llevo mi dinero… -insisti con la voz rota de nuevo por el llanto.

–Tambien lo se, y deje de llorar de una maldita vez, haga el favor. En su escrito el mismo Arribas lo aclara todo: con sus propias palabras expresa abiertamente lo sinverguenza que es y su intencion de dejarla en la estacada y sin un centimo, llevandose todos sus bienes. Y con un embarazo a rastras que acabo perdiendo nada mas pisar Tetuan, apenas bajo del autobus.

El desconcierto de mi rostro, mezclado con las lagrimas, mezclado con el dolor y la frustracion, le obligo a enunciar una pregunta.

–?No se acuerda? Fui yo quien la estaba esperando alli. Habiamos recibido un aviso de la gendarmeria de Tanger alertando sobre su llegada. Al parecer, un botones del hotel comento algo con el gerente sobre su marcha precipitada, le parecio que iba en un estado bastante alterado y salto la alarma. Descubrieron entonces que habian abandonado la habitacion con intencion de no volver mas. Como el importe que debian era considerable, alertaron a la policia, localizaron al taxista que la llevo hasta La Valenciana y averiguaron que se dirigia hacia aqui. En condiciones normales habria mandado a alguno de mis hombres en su busca, pero, segun estan las cosas de convulsas en los ultimos tiempos, ahora prefiero supervisarlo todo directamente para evitar sorpresas desagradables, asi que decidi acudir yo mismo en su busca. Apenas bajo del autobus se desmayo en mis brazos; yo mismo la traje hasta aqui.

En mi memoria empezaron entonces a cobrar forma algunos recuerdos borrosos. El calor asfixiante de aquel autobus al que todo el mundo, efectivamente, llamaba La Valenciana. El griterio en su interior, las cestas con pollos vivos, el sudor y los olores que desprendian los cuerpos y los bultos que los pasajeros, moros y espanoles, acarreaban con ellos. La sensacion de una humedad viscosa entre los muslos. La debilidad extrema al descender una vez llegados a Tetuan, el espanto al notar que una sustancia caliente me chorreaba por las piernas. El reguero negro y espeso que iba dejando a mi paso y, nada mas tocar el asfalto de la nueva ciudad, una voz de hombre proveniente de una cara medio tapada por la sombra del ala de un sombrero. «?Sira Quiroga? Policia. Acompaneme, por favor.» En aquel momento me sobrevino una flojedad infinita y note como la mente se me nublaba y las piernas dejaban de sostenerme. Perdi la consciencia y ahora, semanas despues, volvia a tener frente a mi aquel rostro que aun no sabia si pertenecia a mi verdugo o mi redentor.

–La hermana Virtudes se ha encargado de irme transmitiendo informes de su evolucion. Llevo dias intentando hablar con usted, pero me han negado el acceso hasta ahora. Me han dicho que tiene anemia perniciosa y unas cuantas cosas mas. Pero, en fin, parece que ya se encuentra mejor, por eso me han autorizado a verla hoy y van a darle el alta en los proximos dias.

–Y ?adonde voy a ir? – Mi angustia era tan inmensa como mi temor. Me sentia incapaz de enfrentarme por mi misma a una realidad desconocida. Nunca habia hecho nada sin ayuda, siempre habia tenido a alguien que marcara mis pasos: mi madre, Ignacio, Ramiro. Me sentia inutil, inepta para enfrentarme sola a la vida y sus envites. Incapaz de sobrevivir sin una mano que me llevara agarrada con fuerza, sin una cabeza decidiendo por mi. Sin una presencia cercana en la que confiar y de la que depender.

–En eso ando -dijo-, buscandole un sitio, no crea que es facil encontrarlo tal como estan las cosas. De todas maneras, me gustaria conocer algunos datos sobre su historia que aun se me escapan, asi que, si se siente con fuerzas, quisiera volver a verla manana para que usted misma me resuma todo lo que paso, por si hubiera algun detalle que nos ayudara a resolver los problemas en los que la ha metido su marido, su novio…

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