Acabo la cena bien salpimentada con sus correspondientes tiranteces, y unos y otros se retiraron del comedor con prisa. Las mujeres y el cachalote de Paquito se dirigieron al cuarto de las hermanas para escuchar la arenga nocturna de Queipo de Llano desde Radio Sevilla. Los hombres marcharon a la Union Mercantil para tomar el ultimo cafe del dia y charlar con unos y otros sobre el avance de la guerra. Jamila recogia la mesa y yo me disponia a ayudarla a fregar los platos en la pila cuando Candelaria, con un gesto imperioso de su cara morena, me indico el pasillo.

–Vete para tu cuarto y esperame, que ahora mismo voy yo para alla.

No necesito mas de un par de minutos para reunirse conmigo; los que tardo en ponerse presurosa el camison y la bata, comprobar desde el balcon que los tres hombres andaban ya alejados a la altura del callejon de Intendencia y asegurarse de que las mujeres estaban convenientemente abducidas por la alocada verborrea radiofonica del general sublevado -?Buenas noches, senores! ?Arriba los corazones!-. Yo la esperaba apenas instalada en el filo de la cama, con la luz apagada, inquieta, nerviosa. Oirla llegar fue un alivio.

–Tenemos que hablar, nina. Tu y yo tenemos que hablar muy en serio -dijo en voz baja sentandose a mi lado-. Vamos a ver: ?tu estas dispuesta a montar un taller? ?Tu estas dispuesta a ser la mejor modista de Tetuan, a coser la ropa que aqui nunca nadie ha cosido?

–Dispuesta claro que estoy, Candelaria, pero…

–No hay peros que valgan. Ahora escuchame bien y no me interrumpas. Veras tu: despues del encuentro con la alemana en la peluqueria de mi comadre, me he estado informando por ahi y resulta que en los ultimos tiempos contamos en Tetuan con gente que antes no vivia aqui. Igual que te ha pasado a ti, o a las raspas de las hermanas, a Paquito y la gorda de su madre, y a Matias el de los crecepelos: que con lo del alzamiento os habeis quedado todos aqui, atrapados como ratas, sin poder cruzar el Estrecho para volver a vuestras casas. Bien, pues hay otras personas a las que les ha pasado mas o menos lo mismo, pero en vez de ser un hatajo de muertos de hambre como los que a mi me habeis caido en suerte, resulta que son gentes de posibles que antes no estaban y ahora si estan, ?entiendes lo que te digo, nina? Hay una actriz muy famosa que vino con su compania y se tuvo que quedar. Hay un buen punado de extranjeras, sobre todo alemanas de las que, segun dicen por ahi, algo han tenido que ver con sus maridos en ayudar al ejercito a sacar las tropas de Franco para la Peninsula. Y asi, unas cuantas: no muchas, la verdad, pero si las suficientes como para poderte dar trabajo una buena temporada si las consigues como clientas, porque ten en cuenta que ellas no le guardan fidelidad a ninguna modista porque no son de aqui. Y, ademas, y esto es lo mas importante, tienen buenos duros y, al ser extranjeras, esta guerra les trae al pairo, o sea, que tienen cuerpo de jarana y no van a pasarse lo que dure el follon vistiendo de trapillo y atormentandose por quien gana cada batalla, ?me sigues, mi alma?

–La sigo, Candelaria, claro que la sigo, pero…

–?Sssssssshhhh! ?Que he dicho que no quiero peros hasta que yo termine de hablar! Vamos a ver: lo que tu ahora necesitas, ahora mismito, ya, de hoy a manana, es un local de campanillas donde ofrecer a la clientela lo mejor de lo mejor. Por mis muertos te juro que no he visto a nadie coser como tu en toda mi vida, asi que hay que ponerse manos a la obra inmediatamente. Y si, ya se que no tienes ni un real, pero para eso esta la Candelaria.

–Pero si usted no tiene una perra tampoco; si esta todo el dia quejandose de que no le llega ni para darnos de comer.

–Ando canina, talmente: las cosas han estado muy dificilisimas en los ultimos tiempos para conseguir mercancia. En los puestos fronterizos han colocado destacamentos con soldados armados hasta las cejas, y no hay manera humana de traspasarlos para llegar a Tanger en busca de genero si no es con cincuenta mil salvoconductos que a mi menda nadie le va a dar. Y alcanzar Gibraltar esta aun mas complicado, con el trafico del Estrecho cerrado y los aviones de guerra en vuelo raso dispuestos a bombardear todo lo que por alli se mueva. Pero tengo algo con lo que podemos conseguir los cuartos que necesitamos para montar el negocio; algo que, por primera vez en toda mi punetera vida, ha venido a mi sin que yo lo buscara y para lo que no he necesitado salir de mi casa siquiera. Ven para aca que te lo ensene.

Se dirigio entonces a la esquina de la habitacion donde se acumulaba el monton de trastos inutiles.

–Date antes un garbeo por el pasillo y comprueba que las hermanas siguen con la radio puesta - ordeno en un susurro.

Cuando volvi con la confirmacion de que asi era, ya habia retirado de su sitio las jaulas, el canasto, los orinales y las palanganas. Delante de ella solo quedaba el baul.

–Cierra bien la puerta, echa el pestillo, enciende la luz y acercate -requirio imperiosa sin levantar la voz mas de lo justo.

La bombilla pelada del techo lleno de pronto la estancia de luminosidad mortecina. Llegue a su lado cuando acababa de levantar la tapa. En el fondo del baul solo habia un trozo de manta arrugado y mugriento. Lo alzo con cuidado, casi con esmero.

–Asomate bien.

Lo que vi me dejo sin habla; casi sin pulso, casi sin vida. Un monton de pistolas oscuras, diez, doce, tal vez quince, quiza veinte, ocupaban la base de madera en desorden, cada canon apuntando a un lado, como un peloton dormido de asesinos.

–?Las has visto? – bisbiso-. Pues cierro. Dame los trastos, que los ponga encima, y vuelve a apagar la luz.

La voz de Candelaria, aun queda, era la de siempre; la mia nunca lo supe porque el impacto de lo que acababa de contemplar me impidio formular palabra alguna en un buen rato. Volvimos a la cama y ella al cuchicheo.

–Habra quien aun piense que lo del alzamiento se hizo por sorpresa, pero eso es mentira cochina. Quien mas y quien menos sabia que algo fuerte se estaba cociendo. La cosa llevaba ya un tiempo preparandose, y no solo en los cuarteles y en el Llano Amarillo. Cuentan que hasta en el Casino Espanol habia un arsenal entero escondido detras de la barra, vete tu a saber si es verdad o no. En las primeras semanas de julio tuve alojado en este cuarto a un agente de aduanas pendiente de destino, o eso al menos decia el. La cosa me olia rara, para que te voy a enganar, porque para mi que aquel hombre ni era agente de aduanas ni nada que se le parezca pero, en fin, como yo nunca pregunto porque a mi tampoco me gusta que nadie se meta en mis chalaneos, le arregle su cuarto, le puse un plato caliente en la mesa y santas pascuas. A partir del 18 de julio no le volvi a ver mas. Igual se unio al alzamiento, que salio por piernas por las cabilas hacia la zona francesa, que se lo llevaron para el Monte Hacho y lo fusilaron al amanecer: ni tengo la menor idea de lo que fue de el, ni he querido hacer averiguaciones. El caso es que, a los cuatro o cinco dias, me mandaron a un tenientillo a por sus pertenencias. Yo le entregue sin preguntar lo poco que habia en su armario, le dije vaya usted con Dios y di el asunto del agente por terminado. Pero al limpiar la Jamila el cuarto para el siguiente huesped y ponerse a barrer debajo de la cama,

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