–A mi tambien me entran las cagaleras de la muerte, a ver si te crees tu que yo soy de yeso. No es lo mismo trapichear con mis apanos que intentar colocar docena y media de revolveres en tiempos de contienda. Pero no tenemos otra salida, criatura.

–?Y como lo haria?

–Tu de eso no te preocupes, que ya me buscare yo mis contactos. No creo que tarde mas de unos cuantos dias en traspasar la mercancia. Y entonces buscamos un local en el mejor sitio de Tetuan, lo montamos todo y empiezas.

–?Como que empiezas? ?Y usted? ?Usted no va a estar conmigo en el taller?

Rio calladamente y movio la cabeza con gesto negativo.

–No, hija, no. Yo me voy a encargar de conseguirte el dinero para pagar los primeros meses de un buen alquiler y comprar lo que necesites. Y despues, cuando todo este listo, tu te vas a poner a trabajar y yo me voy a quedar aqui, en mi casa, esperando el fin de mes para que compartamos los beneficios. Ademas, no es bueno que te asocien conmigo: yo tengo una fama nada mas que regular y no pertenezco a la clase de las senoras que necesitamos como clientas. Asi que yo me encargo de poner los dineros iniciales y tu las manos. Y despues repartimos. Eso se llama invertir.

Un ligero aroma a Academias Pitman y a los planes de Ramiro invadio de pronto la oscuridad de la habitacion y a punto estuvo de trasladarme a una antigua etapa que no tenia el menor interes en revivir. Espante la sensacion con manotazos invisibles y retorne a la realidad en busca de mas aclaraciones.

–?Y si no gano nada? ?Y si no consigo clientela?

–Pues la hemos jinado. Pero no me seas ceniza antes de tiempo, alma de cantaro. No hay que ponerse en lo peor: tenemos que ser positivas y echarle un par de narices al asunto. Nadie va a venir a solucionarnos a ti y a mi la vida con todas las miserias que llevamos a rastras, asi que, o luchamos por nosotras, o no nos va a quedar mas salida que quitarnos el hambre a guantazos.

–Pero yo le di mi palabra al comisario de que no iba a meterme en ningun problema.

Candelaria hubo de hacer un esfuerzo para no carcajearse.

–Tambien me prometio a mi mi Francisco delante del cura de mi pueblo que me iba a respetar hasta el fin de los dias, y el hijo de mala madre me daba mas palos que a una estera, maldita sea su estampa. Parece mentira, muchacha, lo inocente que sigues siendo con la de mandobles que te ha propinado la suerte ultimamente. Piensa en ti, Sira, piensa en ti y olvidate del resto, que en estos malos tiempos que nos ha tocado vivir, aquel que no come se deja comer. Ademas, la cosa tampoco es tan grave: nosotras no vamos a liarnos a pegar tiros contra nadie, simplemente vamos a poner en movimiento una mercancia que nos sobra, y a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga. Si todo resulta bien, don Claudio va a encontrarse con tu negocio montado, limpito y reluciente, y si te pregunta algun dia de donde has sacado los cuartos, le dices que te los he prestado yo de mis ahorros, y si no se lo cree o no le gusta la idea, que te hubiera dejado en el hospital a cargo de las hermanas de la Caridad en vez de traerte a mi casa y ponerte a mi recaudo. El anda siempre liado con un monton de follones y no quiere problemas, asi que, si se lo damos todo hecho sin hacer ruido, no va a molestarse en andar con investigaciones; te lo digo yo, que lo conozco bien, que son ya muchos anos los que llevamos midiendonos las fuerzas, tu por eso quedate tranquila.

Con su desparpajo y su particular filosofia vital, sabia que Candelaria llevaba razon. Por mas vueltas que dieramos a aquel asunto, por mucho que lo pusieramos boca arriba, boca abajo, del derecho y del reves, en resumidas cuentas aquel triste plan no era mas que una solucion sensata para remediar las miserias de dos mujeres pobres, solas y desarraigadas que arrastraban en tiempos turbulentos un pasado tan negro como el betun. La rectitud y la honradez eran conceptos hermosos, pero no daban de comer, ni pagaban las deudas, ni quitaban el frio en las noches de invierno. Los principios morales y la intachabilidad de la conducta habian quedado para otro tipo de seres, no para un par de infelices con el alma desportillada como eramos nosotras por aquellos dias. Mi falta de palabras fue interpretada por Candelaria como prueba de asentimiento.

–Entonces, ?que? ?Empiezo manana a mover el genero?

Me senti bailando a ciegas en el filo de un precipicio. En la distancia, las ondas radiofonicas seguian transmitiendo entre interferencias la charla bronca de Queipo desde Sevilla. Suspire con fuerza. Mi voz sono por fin, baja y segura. O casi.

–Vamos a ello.

Satisfecha mi futura socia, me dio un pellizco carinoso en la mejilla, sonrio y se dispuso a marcharse. Se recompuso la bata e irguio su corpulencia sobre las desvencijadas zapatillas de pano que probablemente llevaban acompanandola la mitad de su existencia de malabarista del sobrevivir. Candelaria la matutera, oportunista, peleona, desvergonzada y entranable, ya estaba en la puerta rumbo al pasillo cuando, aun a media voz, lance mi ultima pregunta. En realidad, apenas tenia que ver con todo lo que habiamos hablado aquella noche, pero sentia una cierta curiosidad por conocer su respuesta.

–Candelaria, ?usted con quien esta en esta guerra?

Se volvio sorprendida, pero no dudo un segundo en responder con un potente susurro.

–?Yo? A muerte con quien la gane, mi alma.

10

Los dias que siguieron a la noche en que me mostro las pistolas fueron terribles. Candelaria entraba, salia y se movia incesante como una culebra ruidosa y corpulenta. Iba sin mediar palabra de su cuarto al mio, del comedor a la calle, de la calle a la cocina, siempre con prisa, concentrada, murmurando una confusa letania de grunidos y ronroneos cuyo sentido nadie era capaz de descifrar. No interferi en sus vaivenes ni le consulte sobre la marcha de las negociaciones: sabia que cuando todo estuviera listo, ella misma se encargaria de ponerme al corriente.

Paso casi una semana hasta que, por fin, tuvo algo que anunciar. Regreso aquel dia a casa pasadas las nueve de la noche, cuando ya estabamos todos sentados frente a los platos vacios esperando su llegada. La cena transcurrio como siempre, agitada y combativa. A su termino, mientras los huespedes se esparcian por la pension con rumbo a sus ultimos quehaceres, nosotras comenzamos a recoger juntas la mesa. Y en el camino, entre el traslado de cubiertos, loza sucia y servilletas, ella, como con cuentagotas, me fue desgranando entre susurros el remate de sus planes: esta noche se resuelve por fin el asuntillo, chiquilla; ya esta todo el pescado vendido; manana por la manana comenzamos a mover lo tuyo; que ganitas que tengo, alma mia, de acabar con este jaleo de una maldita vez.

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