hay mucho espanolito que anda medio chiflado por el embrujo de las musulmanas.

–?Y luego?

–Cuando llegues al barrio moro, date unas cuantas vueltas por sus calles y asegurate de que nadie se fija en ti o te sigue los pasos. Si te cruzas con alguien, cambia de rumbo con disimulo o alejate todo lo posible. Al cabo de un rato, vuelve a salir a la Puerta de La Luneta y baja hasta el parque, sabes por donde te digo, ?verdad?

–Creo que si -dije esforzandome por trazar a ciegas el recorrido.

–Una vez alli, te vas a dar de frente con la estacion: cruza la carretera de Ceuta y metete en ella por donde pilles abierto, despacito y bien tapada. Lo mas probable es que no haya por alli mas que un par de soldados medio dormidos que no te haran ni punetero caso; seguramente te encuentres a algun marroqui esperando el tren para Ceuta; los cristianos no empezaran a llegar hasta mas tarde.

–?A que hora sale el tren?

–A las siete y media. Pero los moros, ya sabes, llevan otro ritmo con los horarios, asi que a nadie extranara que andes por alli antes de las seis de la manana.

–?Y yo tambien debo subirme, o que es lo que tengo que hacer?

Se tomo Candelaria unos segundos antes de responder e intui que a su plan apenas le quedaba ya camino por el que avanzar.

–No; tu en principio no tienes que coger el tren. Cuando llegues a la estacion, sientate un ratillo en el banco que esta debajo del tablon de los horarios, deja que te vean alli y asi sabran que eres tu quien lleva la mercancia.

–?Quien tiene que verme?

–Eso da lo mismo: quien tenga que verte, te vera. A los veinte minutos, levantate del banco, vete para la cantina y arreglatelas como puedas para que el cantinero te diga donde tienes que dejar las pistolas.

–?Asi, sin mas? – pregunte alarmada-. Y si el cantinero no esta, o si no me hace caso, o si no puedo hablarle, entonces ?que hago?

–Ssssshhhhh. No alces la voz, a ver si van a oirnos. Tu no te preocupes, que de alguna manera te enteraras de lo que hay que hacer -dijo impaciente, incapaz de imponer a sus palabras una seguridad de la que a todas luces carecia. Decidio entonces sincerarse-. Mira, nina, todo ha salido esta noche tan malisimamente que no han sabido decirme mas que eso: que las pistolas tienen que estar en la estacion a las seis de la manana, que la persona que las lleve tiene que sentarse veinte minutos debajo del tablon de los horarios, y que el cantinero sera quien le diga como hay que hacer la entrega. Mas no se, hija mia, y mira que lo lamento. Pero tu no sufras, prenda, que ya veras como una vez alli todo se endereza.

Quise decirle que lo dudaba mucho, pero la preocupacion de su cara me aconsejo no hacerlo. Por primera vez desde que la conocia, la capacidad de resolucion de la matutera y aquella tenacidad suya para solventar con ingenio los trances mas turbios parecian haber tocado fondo. Pero yo sabia que si ella hubiera estado en disposicion de actuar, no se habria amedrentado: habria logrado llegar a la estacion y cumplir el cometido usando cualquiera de sus argucias. El problema era que aquella vez mi patrona estaba atada de pies y manos, inmovilizada en su casa por la amenaza de un registro policial que tal vez llegara aquella noche o tal vez no. Y yo sabia que, si no era capaz de reaccionar y agarrar firme las riendas, aquello seria el final para las dos. Asi que saque fuerzas de donde no existian y me arme de valor.

–Tiene razon, Candelaria: ya encontrare yo la manera, pierda cuidado. Pero antes, digame una cosa.

–Lo que tu quieras, criatura, pero date prisa, que quedan ya menos de dos horas para las seis - anadio intentando disimular su alivio al verme dispuesta a seguir peleando.

–?Adonde van a ir a parar las armas? ?Quienes son esos hombres de Larache?

–Eso a ti lo mismo te da, muchacha. Lo importante es que lleguen a su destino a la hora prevista; que las dejes donde te digan y que recojas los dineros que te tienen que dar: mil novecientos duros, acuerdate bien y cuenta los billetes uno a uno. Y, luego, te vuelves para aca echando las muelas, que yo te estare esperando con los ojos como candiles.

–Nos estamos exponiendo mucho, Candelaria -insisti-. Dejeme por lo menos saber con quien nos estamos jugando los cuartos.

Suspiro con fuerza y el busto, apenas medio tapado por la bata ajada que se habia echado encima en el ultimo minuto, volvio a subir y bajar como impulsado por un inflador.

–Son masones -me dijo entonces al oido, como con miedo a pronunciar una palabra maldita-. Estaba previsto que llegaran esta noche en una camioneta desde Larache, lo mas seguro es que ya anden escondidos por las fuentes de Buselmal o en alguna huerta de la vega del Martin. Vienen por las cabilas, no se atreven a andar por la carretera. Probablemente recojan las armas en donde tu las dejes y ni siquiera las suban al tren. Desde la misma estacion, digo yo que volveran a su ciudad atravesando de nuevo las cabilas y esquivando Tetuan, si es que no los pillan antes, Dios no lo quiera. Pero en fin, eso no es nada mas que un suponer, porque la verdad es que no tengo ni pajolera idea de lo que esos hombres se traen entre manos.

Suspiro con fuerza mirando al vacio y prosiguio en un murmullo.

–Lo que si se, criatura, porque todo el mundo lo sabe tambien, es que los sublevados se han ensanado a conciencia con todos los que tenian algo que ver con la masoneria. A algunos les metieron un tiro en la cabeza entre las mismas paredes del local en donde se reunian; los mas afortunados huyeron a todo correr a Tanger o a la zona francesa. A otros se los llevaron para el Mogote y cualquier dia los fusilan y a tomar viento. Y probablemente unos cuantos anden escondidos en sotanos, buhardillas y zaguanes, temiendo que cualquier dia alguien de un chivatazo y los saquen de sus refugios a culatazo limpio. Por esa razon no he encontrado a nadie que se haya atrevido a comprar la mercancia pero, a traves de unos y otros, consegui el contacto de Larache y por eso se que sera alli a donde iran a parar las pistolas.

Me miro entonces a los ojos, seria y oscura como nunca antes la habia visto.

–La cosa esta muy fea, nina, muy requetefeisima -dijo entre dientes-. Aqui no hay piedad ni miramientos y, en cuantito alguien se significa una miajita, se lo llevan por delante antes de decir amen. Ya han muerto muchos pobres desgraciados, gente decente que nunca mato una mosca ni a nadie jamas hizo el menor

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