–?Pero si te has quedado masacrada, criatura! ?Si pareces talmente el Cristo de las Cinco Llagas! – exclamo ante mi cuerpo desnudo-. ?Te duele mucho, hija mia?
–Un poco -murmure mientras me dejaba caer como un peso muerto sobre la cama. Mentia. La verdad era que me dolia hasta el alma.
–Y estas sucia como si vinieras de revolearte por un vertedero -dijo con la cordura del todo recuperada-. Voy a poner a la lumbre unas ollas de agua para prepararte un bano calentito. Y despues, unas compresas con linimento en las heridas, y luego…
No oi mas. Antes de que la matutera terminara la frase, me habia quedado dormida.
13
Tan pronto la casa estuvo recogida y recobramos todos la normalidad, Candelaria se lanzo a buscar un piso en el ensanche para instalar en el mi negocio.
El ensanche tetuani, tan distinto de la medina moruna, habia sido construido con criterios europeos para hacer frente a las necesidades del Protectorado espanol: para albergar sus instalaciones civiles y militares, y proporcionar viviendas y negocios para las familias de la Peninsula que poco a poco habian ido haciendo de Marruecos su lugar de residencia permanente. Los edificios nuevos, con fachadas blancas, balcones ornamentados y un aire a caballo entre lo moderno y lo moruno, se distribuian en calles anchas y plazas espaciosas formando una cuadricula llena de armonia. Por ella se movian senoras bien peinadas y senores con sombrero, militares de uniforme, ninos vestidos a la europea y parejas de novios formales agarrados del brazo. Habia trolebuses y algunos automoviles, confiterias, flamantes cafes y un comercio selecto y contemporaneo. Habia orden y calma, un universo del todo distinto al bullicio, los olores y las voces de los zocos de la medina, ese enclave como del pasado, rodeado de murallas y abierto al mundo por siete puertas. Y entre ambos espacios, el arabe y el espanol, a modo casi de frontera se hallaba La Luneta, la calle que estaba a punto de dejar.
En cuanto Candelaria encontrara un piso para instalar el taller, mi vida daria un nuevo giro y yo me tendria que amoldar otra vez a el. Y anticipandome a ello, decidi cambiar: renovarme del todo, deshacerme de viejos lastres y empezar de cero. En escasos meses habia dado un portazo en la cara a todo mi ayer; habia dejado de ser una humilde modistilla para convertirme de manera alternativa o paralela en un monton de mujeres distintas. Candidata apenas incipiente a funcionarla, beneficiaria del patrimonio de un gran industrial, amante trotamundos de un sinverguenza, ilusa aspirante a directiva de un negocio argentino, madre frustrada de un hijo nonato, sospechosa de estafa y robo cargada de deudas hasta las cejas y ocasional traficante de armas camuflada bajo la apariencia de una inocente nativa. En menos tiempo aun deberia hacerme con una nueva personalidad porque ninguna de las anteriores me servia ya. Mi viejo mundo estaba en guerra y el amor se me habia evaporado llevandose consigo mis bienes e ilusiones. El hijo que nunca nacio se habia licuado en un charco de coagulos de sangre al bajar de un autobus, una ficha con mis datos circulaba por las comisarias de dos paises y tres ciudades, y el pequeno arsenal de pistolas que habia trasladado pegado a la piel tal vez se habria llevado ya alguna vida por delante. Con intencion de dar la espalda a un bagaje tan patetico, resolvi afrontar el porvenir tras una mascara de seguridad y valentia para evitar con ella que se entrevieran mis miedos, mis miserias y la punalada que aun seguia clavada en el alma.
Decidi comenzar por el exterior, hacerme con una fachada de mujer mundana e independiente que no dejara vislumbrar ni mi realidad de victima de un cretino, ni la oscura procedencia del negocio que estaba a punto de abrir. Para ello habia que maquillar el pasado, inventar a toda prisa un presente y proyectar un futuro tan falso como esplendoroso. Y habia que actuar con apremio; tenia que empezar ya. Ni una lagrima mas, ni un lamento. Ni una mirada condescendiente hacia atras. Todo debia ser presente, todo hoy. Para ello opte por una nueva personalidad que me saque de la manga como un mago extrae una ristra de panuelos o el as de corazones. Decidi trasmutarme y mi eleccion fue la de adoptar la apariencia de una mujer firme, solvente, vivida. Deberia esforzarme para que mi ignorancia fuera confundida con altaneria, mi incertidumbre con dulce desidia. Que mis miedos ni siquiera se sospecharan, escondidos en el paso firme de un par de altos tacones y una apariencia de determinacion bien resuelta. Que nadie intuyera el esfuerzo inmenso que a diario aun tenia que hacer para superar poco a poco mi tristeza.
El primer movimiento fue encaminado a iniciar un cambio de estilo. La incertidumbre de los ultimos tiempos, el aborto y la convalecencia habian menguado mi cuerpo en al menos seis o siete kilos. La amargura y el hospital se llevaron por delante la rotundidad de mis caderas, algo del volumen del pecho, parte de los muslos y cualquier tipo de adiposidad que algun dia hubiera existido en el contorno de la cintura. No me esforce por recuperar nada de aquello, me empece a sentir comoda en la nueva silueta: un paso mas hacia adelante. Rescate de la memoria la forma de vestir de algunas extranjeras de Tanger y decidi adaptarla a mi escueto guardarropa mediante arreglos y composturas. Seria menos estricta que mis compatriotas, mas insinuante sin llegar al indecoro ni la procacidad. Los tonos mas vistosos, las telas mas livianas. Los botones de las camisas algo mas abiertos en el escote y el largo de las faldas un poco menos largo. Ante el espejo resquebrajado del cuarto de Candelaria, recompuse, ensaye e hice mios aquellos glamurosos cruces de piernas que a diario observe a la hora del aperitivo en las terrazas, los andares elegantes recorriendo con garbo las anchas aceras del Boulevard Pasteur y la gracia de los dedos recien pasados por la manicura sosteniendo una revista de moda francesa, un gin-fizz o un cigarrillo turco con boquilla de marfil.
Por primera vez en mas de tres meses preste atencion a mi imagen y descubri que necesitaba un enlucimiento de emergencia. Una vecina me depilo las cejas, otra me arreglo las manos. Volvi a maquillarme tras haber pasado meses con la cara lavada: elegi lapices para perfilar los labios, carmin para rellenarlos, colores para los parpados, rubor para las mejillas,
Las intenciones de Candelaria quedaron materializadas apenas unos dias despues. Primero localizo en el ensanche tres inmuebles disponibles para inmediato alquiler. Me explico los pormenores de cada uno de ellos, escudrinamos juntas lo que de bueno y malo tenia cada cual y finalmente nos decidimos.
El primer piso del que Candelaria me hablo parecia en principio el sitio perfecto: amplio, moderno, a estrenar, cercano a correos y al teatro Espanol. «Hasta una ducha movible tiene igualita que un telefono, chiquilla, solo que, en puesto de oir la voz de quien habla contigo, te sale un chorro de agua que tu te apuntas para donde quieras», explico la matutera asombrada ante el prodigio. Lo descartamos, sin embargo. La razon fue que colindaba con un solar aun vacio en el que campaban a sus anchas los gatos flacos y los desperdicios. El ensanche crecia, pero aun tenia aqui y alla puntos por urbanizar. Pensamos que tal situacion quiza no ofreciera una buena imagen para esas clientas sofisticadas que pretendiamos captar, asi que la opcion del taller con ducha telefonica quedo descartada.
La segunda propuesta estaba emplazada en la principal via de Tetuan, la que aun era la calle Republica, en una hermosa casa con torretas en las esquinas cerca de la plaza de Muley-el-Mehdi que pronto
