–No hay mas que hablar entonces. No me parece una mala idea y, como usted dice, puede que sea positivo para todos. ?Alguna condicion mas?
–Ninguna por nuestra parte -dijo Rosalinda alzando su copa a modo de pequeno brindis.
–Perfecto. Todo aclarado entonces. Bien, creo que ahora me corresponde a mi ponerlas a ustedes al tanto del asunto para el que me han requerido.
El estomago me dio un vuelco: habia llegado la hora. La comida y el vino parecian haber aportado a Marcus Logan una dosis moderada de vigor, se le veia bastante mas entonado. Aunque habia mantenido la negociacion con fria serenidad, se percibia en el una actitud positiva y una evidente voluntad de no importunar a Rosalinda y Beigbeder mas alla de lo necesario. Supuse que tal vez ese temple tenia algo que ver con su profesion, pero me falto criterio para confirmarlo; al fin y al cabo, aquel era el primer periodista que conocia en mi vida.
–Quiero que sepan antes de nada que mi contacto ya esta sobre aviso y cuenta con el traslado de su madre para cuando movilicen el siguiente operativo de evacuacion desde Madrid hasta la costa.
Tuve que agarrarme con fuerza al borde de la mesa para no levantarme y abrazarle. Me contuve, sin embargo: el comedor del hotel Nacional estaba ya lleno de comensales y nuestra mesa, gracias a Rosalinda, era el principal foco de atraccion de la noche. Solo habria faltado que una reaccion impulsiva me hubiera llevado a abrazar con euforia salvaje a aquel extranjero para que todas las miradas y cuchicheos se hubieran volcado sobre nosotros de inmediato. Asi las cosas, frene el entusiasmo e insinue mi alborozo tan solo con una sonrisa y un leve gracias.
–Tendra que facilitarme algunos datos; despues los cablegrafiare a mi agencia en Londres; desde alli se pondran en contacto con Chritopher Lance, que es quien esta al mando de toda la operacion.
–?Quien es? – quiso saber Rosalinda.
–Un ingeniero ingles; un veterano de la Gran Guerra que lleva ya unos cuantos anos instalado en Madrid. Hasta antes del alzamiento trabajaba para una empresa espanola con participacion britanica, la compania de ingenieria civil Gines Navarro e Hijos, con oficinas centrales en el paseo del Prado y sucursales en Valencia y Alicante. Ha participado con ellos en la construccion de carreteras y puentes, en un gran embalse en Soria, una planta hidroelectrica cerca de Granada y un mastil para zepelines en Sevilla. Cuando estallo la guerra, los Navarro desaparecieron, no se sabe si por voluntad propia o a la fuerza. Los trabajadores formaron un comite y se hicieron cargo de la empresa. Lance pudo haberse marchado entonces, pero no lo hizo.
–?Por que? – preguntamos al unisono las dos.
El periodista se encogio de hombros mientras bebia un largo trago de vino.
–Es bueno para el dolor -dijo a modo de disculpa mientras alzaba la copa como para mostrarnos sus efectos medicinales-. En realidad -continuo-, no se por que Lance no regreso a Inglaterra, nunca he conseguido obtener de el una razon que realmente justifique lo que hizo. Antes de empezar la guerra los ingleses residentes en Madrid, como casi todos los extranjeros, no tomaban partido por la politica espanola y contemplaban la situacion con indiferencia, incluso con cierta ironia. Tenian conocimiento, por supuesto, de la tension existente entre las derechas y los partidos de izquierda, pero lo veian como una muestra mas del tipismo del pais, como parte del folclore nacional. Los toros, la siesta, el ajo, el aceite y el odio entre hermanos, todo muy pintoresco, muy espanol. Hasta que aquello revento. Y entonces vieron que la cosa iba en serio y empezaron a correr para salir de Madrid lo antes posible. Con unas cuantas excepciones, como fue el caso de Lance, que opto por enviar a su mujer a casa y quedarse en Espana.
–Un poco insensato, ?no? – aventure.
–Probablemente este un poco loco, si -dijo medio en broma-. Pero es un buen tipo y sabe lo que se trae entre manos; no es ningun aventurero temerario ni un oportunista de los que en estos tiempos florecen por todas partes.
–?Que es lo que hace exactamente? – inquirio entonces Rosalinda.
–Presta ayuda a quien la necesita. Saca de Madrid a quien puede, los lleva hasta algun puerto del Mediterraneo y alli los embarca en buques britanicos de todo tipo: lo mismo le sirve un barco de guerra que un paquebote o un carguero de limones.
–?Cobra algo? – quise saber.
–No. Nada. El no gana nada. Hay quien si saca rendimiento con estos asuntos; el no.
Iba a explicarnos algo mas, pero en ese momento se acerco a nuestra mesa un joven militar con breeches, botas brillantes y la gorra bajo el brazo. Saludo marcial con rostro concentrado y tendio un sobre a Rosalinda. Extrajo ella una cuartilla doblada, la leyo y sonrio.
–I'm truly very sorry, pero van a tener que perdonarme -dijo introduciendo sus cosas precipitadamente en el bolso. La pitillera, los guantes, la nota-. Ha surgido algo anesperado; inesperado, perdon -anadio. Se acerco a mi oido-. Juan Luis ha vuelto de Sevilla antes de tiempo -susurro impetuosa.
A pesar de su timpano reventado, probablemente el periodista tambien la oyo.
–Sigan hablando, ya me contaran -anadio en voz alta-. Sira, darling, te vere pronto. Y usted, Logan, este preparado para manana. Un coche le recogera aqui a la una. Comera en mi casa con el alto comisario y dispondra despues de toda la tarde para seguir con su entrevista.
El joven militar y el descaro de multiples miradas acompanaron a Rosalinda a la salida. En cuanto desparecio de nuestra vista, urgi a Logan para que continuara con sus explicaciones en el mismo punto en el que las habia dejado.
–Si Lance no obtiene beneficios y no le mueven cuestiones politicas, ?por que actua entonces de esa manera?
Volvio a encogerse de hombros con un gesto que excusaba su incapacidad para encontrar una explicacion razonable.
–Hay gente asi, les llaman
