despedida.

Por fortuna para todos, nunca mas volvio a Marruecos. A Rosalinda, sin embargo, el desgaste provocado por aquella convivencia tan ingrata le costo casi medio ano de convalecencia. A lo largo de los meses posteriores a la marcha de Peter, ella permanecio en cama, sin apenas salir de casa en mas de tres o cuatro ocasiones. El alto comisario traslado practicamente su lugar de trabajo a su dormitorio y alli solian pasar ambos largas horas, ella leyendo entre almohadones y el trabajando con sus papeles en una pequena mesa junto a la ventana.

La exigencia medica de permanecer en cama hasta recuperar la normalidad no limito del todo su ajetreo social, pero si lo disminuyo en gran manera. Con todo, tan pronto como su cuerpo comenzo a mostrar los primeros sintomas de recuperacion, se esforzo por seguir abriendo su casa a los amigos, dando pequenas fiestas sin salir de entre las sabanas. A casi todas asisti, mi amistad con Rosalinda se mantenia sin fisuras. Pero nada nunca fue ya igual.

34

El 1 de abril de 1939 se publico el ultimo parte de guerra; a partir de entonces ya no hubo bandos ni dineros ni uniformes que dividieran al pais. O, por lo menos, eso nos contaron. Mi madre y yo recibimos la noticia con sensaciones confusas, incapaces de anticipar lo que aquella paz iba a traer consigo.

–?Y que va a pasar ahora en Madrid, madre? ?Que vamos a hacer nosotras?

Hablabamos casi en susurros, inquietas, observando desde un balcon el bullicio del gentio echado en manadas a la calle. Llegaban cercanos los gritos, la explosion de euforia y nervios desatados.

–Que mas quisiera yo que saberlo -fue su sombria respuesta.

Las noticias volaban alborotadas. Se decia que iban a reinstaurar el transito de barcos de pasajeros en el Estrecho, que los trenes se estaban preparando para llegar otra vez a Madrid. El camino hasta nuestro pasado empezaba a despejarse, ya no habia razon alguna que nos obligara a seguir en Africa.

–?Tu quieres volver? – me pregunto por fin.

–No lo se.

En verdad no lo sabia. De Madrid guardaba un baul lleno de nostalgia: estampas de ninez y juventud, sabores, olores, los nombres de las calles y recuerdos de presencias. Pero, en lo mas profundo, no sabia si aquello tenia peso suficiente como para forzar un regreso que implicaria desmontar aquello que con tanto esfuerzo habia construido en Tetuan, la ciudad blanca donde estaban mi madre, mis nuevos amigos y el taller que nos daba de comer.

–Quiza, en principio, sera mejor que nos quedemos -sugeri.

No me respondio: tan solo asintio, dejo el balcon y volvio al trabajo, a refugiarse entre los hilos para no pensar sobre el alcance de aquella decision.

Nacia un nuevo Estado: una Nueva Espana de orden, dijeron. Para unos llego la paz y la victoria; ante los pies de otros se abrio, sin embargo, el mas negro de los pozos. La mayoria de los gobiernos extranjeros legitimaron el triunfo de los nacionales y reconocieron su regimen sin dilacion. Los tinglados de la contienda comenzaron a desmantelarse y las instituciones del poder fueron despidiendose de Burgos y preparando su regreso a la capital. Empezo a tejerse un nuevo tapiz administrativo. Se inicio la reconstruccion de todo lo devastado; se aceleraron los procesos de depuracion de indeseables y los coadyuvantes de la victoria se pusieron en cola para recibir su porcion del pastel. El gobierno de tiempos de guerra se mantuvo todavia unos meses ultimando decretos, medidas y ordenanzas: su remodelacion hubo de esperar hasta bien entrado el verano. De ella, sin embargo, supe yo en julio, apenas llego la noticia a Marruecos. Y antes de que el rumor trepara por los muros de la Alta Comisaria y se extendiera por las calles de Tetuan; mucho antes aun de que el nombre y la fotografia aparecieran en los diarios y toda Espana se preguntara quien era aquel senor moreno de bigote oscuro y gafas redondas; antes de todo eso, ya tenia yo conocimiento de quien habia sido designado por el Caudillo para sentarse a su derecha en las sesiones de su primer Consejo de Ministros en tiempo de paz: don Juan Luis Beigbeder y Atienza en calidad de nuevo ministro de Asuntos Exteriores, el unico integrante militar del gabinete con rango inferior al de general.

Rosalinda recibio la inesperada noticia con emociones encontradas. Satisfaccion por lo que para el suponia tal cargo; tristeza al anticipar el abandono definitivo de Marruecos. Sentimientos revueltos en unos dias freneticos que el alto comisario paso a caballo entre la Peninsula y el Protectorado, abriendo asuntos alli, cerrando asuntos aca, dando carpetazo definitivo al estado de provisionalidad generado por los tres anos de contienda y empezando a montar los andamios de las nuevas relaciones externas de la patria.

El dia 10 de agosto se produjo el anuncio oficial y el 11, a traves de la prensa, se hizo publica la formacion del gabinete destinado a cumplir los destinos historicos bajo el signo triunfante del general Franco. Todavia conservo, amarillentas y a punto de deshacerse en pedacitos entre los dedos, un par de paginas arrancadas del diario Abe de aquellos dias con las fotografias y el perfil biografico de los ministros. En el centro de la primera de ellas, como el sol en el universo, aparece Franco orondo en un retrato circular. A su izquierda y su derecha, ocupando puestos preferentes en las dos esquinas superiores, Beigbeder y Serrano Suner: Exteriores y Gobernacion, las mejores carteras en sus manos. En la segunda de las paginas se desgranan todos los detalles de filiacion y se loan los atributos de los recien nombrados con la retorica grandilocuente de la epoca. A Beigbeder le definieron como ilustre africanista y profundo conocedor del islam; se alabo su dominio del arabe, su solida formacion, su larga residencia en pueblos musulmanes y su magnifica labor como agregado militar en Berlin. «La guerra ha revelado al gran publico el nombre del coronel Beigbeder -decia Abe-. Organizo el Protectorado y, en nombre de Franco y siempre acorde con el Caudillo, consiguio la colaboracion esplendida de Marruecos, que tanta importancia ha tenido.» Y, como premio, pum: el mejor ministerio para el senor. De Serrano Suner se alababa su prudencia y energia, su enorme capacidad de trabajo y su bien probado prestigio. Para el, por los meritos acumulados, el Ministerio de Gobernacion: el encargado de todos los asuntos internos de la patria en su nueva era.

El valedor para la sorprendente entrada del anonimo Beigbeder en aquel gobierno fue, segun supimos mas tarde, el propio Serrano. En su visita a Marruecos quedo impresionado por su comportamiento con la poblacion musulmana: el acercamiento afectivo, el dominio de la lengua, el aprecio entusiasta por su cultura, las efectivas campanas de reclutamiento e incluso, paradojicamente, las simpatias hacia los afanes independentistas de la poblacion. Un hombre trabajador y entusiasta este Beigbeder, poliglota, con buena mano para tratar con extranjeros y fiel a la causa, debio de pensar el cunado; seguro que no nos da problemas. Al conocer la noticia, a mi mente volvio como un destello la noche de la recepcion y el final de la conversacion que oi escondida tras el sofa. Nunca volvi a preguntar a Marcus si habia trasladado al alto comisario lo que yo alli escuche pero, por el bien de Rosalinda y del hombre al que tanto queria, desee que la confianza que Serrano tenia entonces en el hubiera ganado consistencia con el paso del tiempo.

Al dia siguiente de saltar su nombre a la tinta de los papeles y a las ondas de la radio, Beigbeder se traslado a Burgos y con ello termino para siempre la conexion formal con su Marruecos feliz. Todo Tetuan acudio a darle su adios: moros, cristianos y hebreos sin distincion. En nombre de los partidos politicos marroquies, Sidi

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