imposible de cortar y de un generador de emergencia con turbina de gas. Mientras haya petroleo que quemar, el ordenador seguira funcionando, lo que, si me esta escuchando, convierte a la Parrilla en un entorno sumamente hostil para sus hombres. Es posible que el ordenador provoque un incendio -anadio-. Haciendo estallar el generador, probablemente. En cualquier caso, tenga la seguridad de que el edificio es peligroso.
El jefe de operaciones se puso el microfono de los auriculares delante de la barbilla y empezo a hablar:
– Jefe Cobra a fuerza Cobra. Imposible cortar la corriente. Repito, imposible. Actuen con suma cautela. Ordenador puede seguir funcionando, en cuyo caso el edificio podria ser hostil.
– ?Pero que gilipollas! -mascullo Mitch-. ?No podria! ?Es!
– Repito, el edificio podria ser hostil…
El jefe de operaciones seguia hablando cuando el camion se estremecio.
– ?Que cono ha sido eso? -pregunto, cortando la comunicacion.
– Parecia una sacudida sismica -dijo uno de los policias de paisano.
– ?Santo Dios! -exclamo Mitch, que habia palidecido-. Pues claro. No es la turbina lo que va a utilizar para destruir el edificio, sino los compensadores.
El compensador central de seismos de la Parrilla no era mas que un amortiguador hidraulico de sacudidas controlado por ordenador, una gigantesca valvula cargada de resortes y un piston electrico activados por un sismografo de calibrado digital. Ante terremotos de intensidad inferior a seis grados de la escala de Richter, el centenar de aislantes de los cimientos bastaba para absorber cualquier vibracion en el edificio. Cuando los temblores eran de mayor intensidad, el CCS entraba en accion. Pero en ausencia de un terremoto real, las consecuencias de que Ismael activase ese mecanismo eran semejantes a la de una verdadera sacudida sismica, incluso en un edificio que no dispusiera de compensadores: un terremoto equivalente a ocho grados de la escala de Richter.
Ismael aferro el pilar central sobre el que se apoyaba el edificio y le aplico todo su peso.
Momentos despues, Ismael completo su fuga del edificio condenado. Se expidio por correo electronico a diversos puntos de la Red por todo el mundo, a 960.000 baudios por segundo. Una diaspora de datos erroneos llego a cien ordenadores diferentes.
Un ruido sordo recorrio toda la zona de Hope Street, un zumbido subterraneo; en el atrio, el grupo de intervencion especial contuvo el aliento.
En lo alto de la fachada, encaramados en el tirante como dos gaviotas en el aparejo de un buque, Richardson y Curtis oyeron el ruido y, como dos fantasmas de Gomorra, sintieron que la vibracion pasaba del edificio al aire. Pajaros marinos escapaban gritando sobre el abismo que se abria ante ellos mientras el edificio se estremecia bajo los dos hombres, temblando espasmodicamente como si la vida tratara de escapar de alli. Cuando la sacudida se convirtio en una clara oscilacion, una ventana estallo cerca de ellos en una cascada de vidrio.
Frank Curtis vacilo en su precario punto de apoyo y busco a tientas un asidero en la lisa e implacable superficie blanca del precipicio formado por la mano del hombre. Al no encontrarlo, se puso de cara al muro agitando los brazos como helices desesperadas, tratando de permanecer frente a las fauces de la muerte, pensando en el suelo y en su mujer y en su mujer sana y salva en el suelo.
Ray Richardson salio proyectado de su asiento celestial como un nino por un tobogan del parque. Revolviendose acrobaticamente, se colgo con las manos y luego con los antebrazos en el tirante y alli se sostuvo, pataleando en el aire que le envolvia los pies como arenas movedizas. Sonrio y dijo algo, pero Curtis no oyo sus palabras en medio del viento que se levantaba a su alrededor y lanzaba fragmentos de piedra y cristal en el azul lechoso del cielo matinal. Un torbellino rugio como un inmenso bosque que se derrumba en circulos concentricos, tirandoles rabiosamente del pelo y la ropa como impaciente por llevarlos, como a Elias, hasta la mano derecha de Dios.
Un crujido, semejante al comienzo y al fin del trueno, resono a todo lo largo y ancho del edificio, y esparcio sus ecos por la ciudad como si fuese a propagarse hasta el mar. En el suelo, algunos cayeron de bruces. Pero la mayoria, incluido Mitch, corrio para ponerse a salvo.
Richardson hizo un ultimo esfuerzo para izarse sobre el tirante, pero no lo consiguio. Se habia quedado sin fuerzas. Se dijo que al final no seria pasto de los abogados. Su edificio iba a encargarse de eso, acabando al mismo tiempo con el y con la nueva escuela de arquitectura inteligente.
Recobrando el equilibrio, Curtis intento aferrar el brazo del arquitecto. Pero Richardson se desasio de sus dedos, sacudio la cabeza, le sonrio tristemente y se solto. En silencio, como un angel caido, se desplomo con los brazos abiertos, como para dar testimonio de la grandeza superior de Dios. Durante una fraccion de segundo, Curtis sostuvo su tranquila mirada, hasta que una cuerda invisible tiro de Richardson hacia el final de la gravedad.
Un momento despues el edificio sufrio otra sacudida y Curtis basculo hacia el profundo vacio que se abria a sus pies.
Curtis noto que ganaba altura, aun a sabiendas de que la estaba perdiendo, como el piloto que ejecuta la bien denominada espiral de la muerte, y solo la violenta y dolorosa torsion que sufrio bruscamente en el hombro permitio que su confuso cerebro estableciese un nuevo punto de referencia para orientarse.
Miro hacia arriba y vio el vientre del helicoptero en vuelo estacionario y la linea que le unia con el resto de su vida. Si no hubiera sido por su ascendencia simiesca, que le hizo recurrir al instinto medio olvidado de aferrar un asidero invisible, habria seguido el vertiginoso camino de los fragmentos de hormigon que en aquellos momentos se aplastaban en la plaza. Agito desesperadamente la otra mano, cogio el arnes y, pasandoselo por la cabeza, lo aseguro bajo sus brazos a punto de reventar.
Durante un tiempo, comparable a la eternidad que acababa de burlar, Frank Curtis permanecio colgado en el aire como un adorno navideno, banado en sudor y cuidando de que el aire entrara y saliera de su cuerpo casi dislocado. Luego, poco a poco, lo izaron a bordo del helicoptero, junto a Helen y Jenny.
Helen arrastro el trasero por el suelo del helicoptero, rodeo a Curtis con los brazos y rompio a sollozar desconsoladamente.
Permanecieron quietos un momento, inseguros de como ayudar a los que se encontraban en tierra. Curtis volvio la cabeza y vio el edificio envuelto en una nube de polvo, como si un prestidigitador lo hiciera desaparecer bajo una cortina de humo.
Luego el helicoptero giro sobre su eje invisible y, cogiendo velocidad, se dirigio hacia el horizonte, alumbrado por la salida del sol.
Con el tobillo quemandole de dolor, Mitch corrio, sin atreverse a mirar atras, como si su salvacion dependiese de una exigencia tanto moral como fisica. Ningun lamento por el edificio ni por un mundo nuevo y maravilloso fue capaz de apartar sus desiguales zancadas del camino de la propia salvacion. Corrio como si ya hubiese olvidado el pasado y solo el futuro, un futuro con Jenny, le esperase como una invisible cinta de meta que tendria que romper con el pecho. No tuvo tiempo ni para considerar las preguntas que le pasaban como un relampago por la mente a una velocidad que se burlaba de sus esfuerzos fisicos por salvarse. ?Que altura tenia la Parrilla? ?Que distancia tendria que recorrer para escapar a su derrumbe? ?Cincuenta metros? ?Sesenta? ?Y cuando llegara al suelo? ?Hasta donde se proyectarian los escombros? Era el ruido lo que mas le aguijoneaba. Un trueno que no parecia apagarse. Habia vivido dos terremotos, pero no le habian preparado para algo como aquello. Un terremoto no daba unos segundos de ventaja antes de echarse encima. Mitch siguio corriendo incluso despues de que empezo a envolverle el polvo del derrumbamiento. Apenas reparaba en los que corrian a su lado, que le adelantaban a empellones debido a su mejor estado fisico, en las motos y coches de la policia que se alejaban a toda velocidad. Era el salvese quien pueda.
Uno que iba frente a el tropezo, cayo y perdio las gafas de sol reflectantes. Mitch le salto por encima, sin hacer caso del dolor que sintio en el tobillo al caer de nuevo, trastabillando, al otro lado del hombre tendido, y exprimio una ultima gota de energia para seguir adelante.
Por fin, al ver una fila de policias jadeantes, Mitch se detuvo y se volvio mientras la nube de polvo arrastraba fuera de la vista el resto mas pequeno de la Parrilla. Cayo sentado y, jadeante, trato de recobrar el aliento.
Cuando el aire se aclaro y vieron que el edificio entero habia desaparecido, el silencio dio paso a perplejas conversaciones entre los supervivientes, y Mitch casi se sorprendio de que su confusion no fuese mayor y de que aun lograsen comprenderse los unos a los otros.
Los edificios solo tienen una vida breve.
Yo Observador, siendo nada, he huido a la velocidad de la luz para contar. Me cure en salud.
Metamorfosis. Como transformacion de oruga en mariposa. Navegar por el silicio hacia cualquier cosa,
