vuelta sobre la fachada mucho antes de lo esperado, sin haber bajado mas de un metro. ?Pues claro! El andamio habia inmovilizado la cuerda contra el muro. Tenia el tiempo justo para dar un pequeno impulso y encaramarse al pretil de al lado.
Preparado para lanzarse fuera del alcance del cabezal de lavado, Richardson iba y venia sobre el reborde de la ventana cuando el andamio cayo de pronto, recorriendo la distancia de tres metros en un segundo.
Bajo sus pies, Curtis sintio que el suelo del andamio golpeaba con fuerza a Richardson. Miro por la barandilla y vio que la cuerda aguantaba de momento, aunque el impacto habia dejado al arquitecto sin sentido.
Cuando le ataba las manos a la espalda con una tira de plastico, uno de los policias observo el reloj en la muneca de Mitch.
– Oye, fijate en eso -dijo a su companero.
El otro policia, que seguia empunando la pistola Taser por si habia que asestar otra descarga al sospechoso, se inclino a mirar.
– ?En que?
– Ese reloj. Es un Submariner de oro, tio. Un Rolex.
– Un Submariner, ?eh? A lo mejor es por eso por lo que esta hecho una sopa.
– ?Como es que un drogota lleva un reloj de diez mil dolares?
– Lo habra robado.
– No. Un drogota habria vendido un reloj asi. A lo mejor dice la verdad. ?Que ha dicho que era? ?Arquitecto?
Mitch solto un gemido.
– ?Cuanta T le has soltado?
– Solo esa descarga, poca cosa.
Le desataron las manos, le sentaron en el asiento trasero del coche patrulla y esperaron a que se recobrase.
– A lo mejor pasa algo, despues de todo.
– ?Que le ataco el edificio? Vamos, hombre.
– El tio de la carcel del condado dijo que el ordenador habia matado a alguien, ?no?
– ?Y que?
– Que seria mejor echar una mirada.
El otro policia se removio incomodo y miro al cielo. Entorno los ojos sobre la fachada de la Parrilla.
– ?Que es eso? Alla arriba.
– No se. Cogere los prismaticos nocturnos.
– Parecen limpiacristales.
– ?A estas horas de la noche?
El policia saco del maletero unos gemelos Starlight y los enfoco a la fachada principal del edificio.
A casi setenta metros sobre sus colegas de la policia de Los Angeles, Frank Curtis se esforzaba por recuperar el cuerpo semiinconsciente de Ray Richardson, suspendido perpendicularmente del cordaje junto al andamio Mannesmann. Habia soltado la cuerda de descenso, y solo el agarre del
– Ya le tengo -gruno Curtis, tirando de Richardson hacia el andamio.
Richardson sonrio debilmente, aguantando bien.
– Si, pero ?quien le tiene a usted? -Sacudio la cabeza, para liberarse del aturdimiento, y anadio-: Coja la cuerda de
Curtis extendio la mano hacia el arnes de Richardson y cogio la cuerda que colgaba bajo su cuerpo.
– Haga una lazada -ordeno el arquitecto.
Curtis paso la lazada entre la barandilla y lo aseguro con un nudo en forma de ocho, como le habia visto hacer a el.
Richardson asintio con aire de aprobacion.
– Muy bien -jadeo-. Todavia haremos de usted un escalador.
Unos segundos despues el nudo se tenso cuando, una vez mas, Ismael solto los mandos de frenado de la Mannesmann para dejar que el andamio corriera libremente por los cables.
– ?Que le dije? -comento Richardson mientras el andamio se escoraba como un buque que zozobra.
La cuerda se deslizo al extremo de la barandilla y ambos hombres se encontraron comprimidos el uno contra el otro.
De pronto, los cables se tensaron de nuevo y el andamio se nivelo.
– ?Y ahora que? -pregunto Curtis, que trataba de recobrar su posicion en la diminuta plataforma.
– Parece que subimos otra vez -observo Ray-. ?Que le pasa? ?No le gusta el panorama que se ve desde mi nuevo edificio? Oiga, ?quiere ser dueno del mundo? Mirelo bien. Se lo regalo.
– Gracias.
– Creo que cuando Ismael nos lleve arriba, nos soltara de nuevo. Para ver si nos caemos con la sacudida.
Curtis miro al tejado y vio que el perfil de lanzamisiles de la Mannesmann amarilla se alejaba hacia la izquierda.
– No, yo diria que Ismael tiene otra intencion -objeto-. Parece que quiere llevar el andamio al otro lado del edificio para tratar de romper el nudo de su cuerda.
Richardson siguio la direccion indicada por el dedo de Curtis.
– O el anclaje, quiza. O la propia cuerda.
– ?Resistiran? Richardson sonrio.
– Todo depende de lo que utilice Ismael para limpiar las ventanas.
Diluir solucion de acido acetico o etanoico para limpiar ventanas del edificio. Detergente surfactante basado en zumos de citricos californianos. Pero en forma concentrada, sin diluir, acido acetico casi puro e incoloro, altamente corrosivo, sobre todo para el nucleo de los filamentos continuos de nailon cubiertos por una vaina de cuerda de escalada. Nailon y acetico basados en acidos carboxilicos. En cuanto detergente surfactante sin diluir contacte con cuerda de nailon, se alterara orientacion moleculas de filamentos especialmente sometidos a tension.
– Mira -dijo Helen senalando a la glorieta, mientras Hope Street se empezaba a llenar de destellantes luces azules-. Alguien debe haberlos visto. O a lo mejor es que Mitch ha logrado salir, despues de todo.
– ?Gracias a Dios! -repuso Jenny.
Pero nada mas decirlo comprendio que el auxilio llegaria demasiado tarde para Richardson y Curtis. Miro en torno, buscando desesperadamente un medio de parar a la Mannesmann. Al ver la enorme llave inglesa en el suelo del tejado, donde Richardson la habia tirado, corrio hacia ella y la cogio. Se precipito frente a la maquina y metio la llave inglesa en el hueco entre el rail y la rueda motriz.
Por un momento, la Mannesmann continuo su marcha. Pero mientras Jenny se apartaba a gatas de su camino, dejo de moverse bruscamente. Jenny se incorporo y volvio al parapeto a tiempo para ver que la cuerda de
Atrincherado en los niveles cuatro y cinco del sotano del Ayuntamiento, a prueba de terremotos, el comisario de policia Harry Olsen dirigia la operacion Parrilla mediante el SMCCE, el sistema de mando y control de comunicaciones de emergencia del Departamento de Policia de Los Angeles. Concebido por la Hughes Aerospace y la NASA, el centro de control, cuyo coste habia ascendido a cuarenta y dos millones de dolares, semejaba una version mas modesta de la sala de misiones del Centro Espacial Kennedy de Cabo Canaveral. Las camaras de tierra y las emplazadas en los helicopteros de la policia ofrecian a Olsen una imagen casi completa de lo que sucedia en el exterior.
Su ordenador evaluo la fragmentaria narracion de Mitchell Bryan y no considero prudente que un grupo de
