intervencion penetrara en el edificio hasta que no se cortara el suministro principal de energia.

Mediante una linea telefonica exclusiva, el SMCCE se comunicaba con los servicios publicos mas importantes y, entre ellos, el hidroelectrico. En cuanto Olsen estudio el plan de accion recomendado por el ordenador, hablo con el encargado de servicio y le pidio que cortaran el circuito correspondiente.

Los pilotos de los helicopteros lanzaban ya arneses de salvamento a las dos mujeres del tejado. Olsen penso que tenian aspecto de haberlo pasado bastante mal. Se trataba de un rescate bastante sencillo. Pero el de los dos hombres del andamio podia resultar un poco mas delicado.

– Tenemos que salir de este puto agujero -dijo Richardson-. Antes de que besemos la acera, como el Papa.

Desengancho el mosqueton que le unia al extremo de la cuerda de rappel, espero a que el andamio se estabilizara un poco y luego se encaramo agilmente a uno de los tirantes que daban su fisonomia caracteristica a la fachada de la Parrilla. El travesano ofrecia un apoyo de unos cincuenta centimetros de ancho. Alli, en el extremo del edificio, no habia ventanas, solo hormigon. Y el andamio se encontraba ahora a metro y medio de la fachada, mas retirado que cuando habia estado frente a las ventanas.

Curtis, al tiempo que se quitaba el arnes y se preparaba para el salto, contemplaba el vacio con aire inseguro. Era una distancia insignificante, lo sabia. Pero a casi setenta metros de altura parecia mayor. Sobre todo cuando tenia las piernas como dos columnas de gelatina.

– Vamos, hombre, salte. ?Que cono le pasa?

Los cables que soportaban el andamio se tensaron amenazadoramente.

– ?Rapido!

Curtis salto sobre el tirante y se cogio a la mano de Richardson. Recobro el equilibrio, se volvio de cara a la ciudad y descubrio que el andamio ya no estaba donde lo habia dejado unos segundos antes. Habia desaparecido. Sobre sus cabezas solo quedaban los dos cables del brazo de la Mannesmann para recordarles donde habian estado un momento antes. El descubrimiento le sobrecogio y, cerrando los ojos, apoyo la espalda contra el muro de hormigon y emitio un hondo suspiro.

– ?Joder, se ha librado por un pelo! -dijo Richardson, que se sento cuidadosamente con las piernas colgando.

Curtis abrio los ojos y vio que Richardson, al parecer inconsciente del abismo que se abria a sus pies, se desgarraba una manga de la camisa para vendarse la herida de la cabeza, que le sangraba.

– ?No se como puede quedarse asi sentado, cono! ?Como si se refrescara los pies en el rio! ?Son veinte pisos!

– Es mas comodo que estar de pie.

– Yo vomitaria si no tuviera tanto miedo de caerme con las arcadas.

Richardson miro tranquilamente el cielo, lleno del zumbido de helicopteros. De cuando en cuando, los reflectores eran tan intensos que debia protegerse los ojos.

– ?Que ruido tan agradable! -comento- Un Bell Jet Ranger. Lo se porque tengo uno. De manera que tomeselo con calma. Creo que no pasaremos mucho tiempo aqui. ?Hay que joderse, me parece que vamos a salir en la tele!

– ?Como?

– Uno de esos helicopteros lleva en el flanco el anagrama de la KTLA.

– ?Gilipollas!

– Su horrible experiencia esta a punto de terminar, amigo mio. Pero me temo que la mia acaba de empezar.

– ?Por que?

– Este es el pais de los abogados. Van a perseguirme como putas barracudas. Incluso usted, Frank.

– ?Yo? ?Por que habria de demandarle? Odio a los abogados.

– Se pondran en contacto con usted, creame. Su mujer le convencera. Conmocion nerviosa, lo llamaran, o algun rollo por el estilo. Le garantizo que a las setenta y dos horas de volver a casa ya tendra a un abogado trabajando en su caso. Le cobrara un porcentaje de lo que saque en el juicio, asi que, ?que tiene que perder?

– Oiga, pero ?no tiene un seguro? No le pasara nada.

– ?Seguro? Ya encontraran un medio de escurrir el bulto. Es lo que suelen hacer. Asi son los negocios, Frank. Abogados, companias de seguros. Todo el edificio esta podrido. Como esta asquerosa construccion.

– Bueno, pues para que lo denuncien tiene que estar vivo -dijo Curtis-, y todavia no hemos bajado de esta roca de plata.

Los ingenieros municipales se comunicaron con Olsen por el SMCCE.

– Hemos cortado el circuito de Hope Street que suministra energia al edificio Yu -anuncio el encargado del turno de noche-. Ya no deberia haber peligro. Cuando quiera restablecer la corriente, comuniquemelo. Y necesitare algo por escrito para cubrir nuestra responsabilidad.

– El ordenador se lo esta enviando por correo electronico -le informo Olsen.

– Si, exacto. Ya esta llegando.

– Muchas gracias.

Olsen llamo al jefe de operaciones sobre el terreno, que estaba en la plaza frente al edificio Yu.

– Muy bien, escuche. La corriente esta cortada. No hay peligro en el edificio. Busque a los supervivientes. Una de las mujeres del helicoptero dice que puede quedar alguien con vida en la planta veintiuno. Se llama Beech.

– ?Que hay de los dos hombres de la fachada?

– Un helicoptero los bajara lo antes posible. Pero el edificio desprende bastante calor, lo que provoca turbulencias. Puede que todavia tarden un poco. Uno de ellos es un agente de la Brigada Criminal.

– ?Brigada Criminal? ?Y que cono esta haciendo ahi arriba? ?Trabajos particulares?

– No lo se, pero confio en que no le den vertigo las alturas.

Un corte de corriente era un acontecimiento relativamente raro en Los Angeles. Normalmente indicaba un desastre importante, como un terremoto o un incendio, o ambas cosas. El generador de emergencia de la Yu Corporation estaba concebido para proteger a la empresa de cualquier interrupcion del suministro, de modo que no perdiera datos. Habia una unidad estatica alimentada por energia solar que proporcionaba diez preciosos minutos de corriente mientras el ordenador ponia en marcha el generador de emergencia.

Un combustible liquido, petroleo puro refinado, que entraba a borbotones en la camara de combustion de la turbina, tan amarillo como la primera pisada de las mejores uvas blancas, se mezclo con cierto volumen de aire y ardio a presion constante en las entranas de la Parrilla, como algo infernal, hasta el momento en que el gas caliente y agitado puso en movimiento las palas de la turbina y proporciono a Ismael, aquel leviatan algoritmico, la energia suficiente para su ultimo acto.

Mitch estaba sentado en una ambulancia mientras le aplicaban un vendaje provisional en el ojo herido.

– Puede perder la vision si no va pronto al hospital -le aviso el enfermero.

– Yo no me muevo de aqui hasta que mis companeros esten a salvo -declaro Mitch.

– Como quiera, amigo. Es su ojo. Sujete aqui, ?quiere?

Al otro lado de la plaza, un grupo de intervencion rapida estaba entrando en la Parrilla.

– Pero ?que cono pretenden hacer? -dijo Mitch-. Les he dicho…

Terminado el vendaje, Mitch bajo penosamente de la ambulancia y se acerco cojeando al enorme camion articulado de color negro con las palabras dpla e intervencion especial escritas en el remolque. Subio los escalones de la parte de atras y, en el interior, encontro al jefe de operaciones y a dos policias de paisano que miraban atentamente a una bateria de monitores.

– Esta entrando gente por la puerta principal -anuncio Mitch.

– Usted deberia estar en el hospital -le recrimino el jefe de operaciones-. Dejelo todo en nuestras manos. El ingeniero municipal ha cortado la corriente en toda la calle. Y sus amigos seran evacuados de la fachada de un momento a otro.

– ?Hay que joderse! -dijo Mitch-. ?Cualquiera diria que el herido es usted, gilipollas de mierda! Le dije que no entrara nadie sin hablar primero conmigo. ?Para que cojones les sirven las orejas? Da lo mismo que corten el suministro de energia. Es un edificio inteligente. Mas que usted, en cualquier caso. Se adapta a las circunstancias. Incluso a un corte de corriente. ?Me he explicado bien? Dispone de energia solar

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