expresion mas seria.

– Al cabo de un tiempo, la version 3.0 escribe la version 3.1. O, si lo prefieres, Abraham engendra la siguiente generacion del programa: Isaac. ?Quien podria hacerlo mejor? Esa version mejorada de Abraham, Isaac, es aun mas capaz de gestionar las futuras necesidades de expansion de la Yu Corporation. A partir de entonces, ya con Isaac funcionando a un nivel superior de capacidad, y una vez cumplidos sus deberes paternos, Abraham se queda esteril y primero reduce su actividad a un simple servicio de mantenimiento para luego desactivarse totalmente cuando Isaac engendre la siguiente generacion del programa, o cuando la version 3.1 escriba la version 3.2, si lo prefieres.

Mitch cruzo las manos y asintio con aire paciente.

– Todo eso ya lo se -repuso Mitch-. ?Quieres ir al grano, por favor?

– Muy bien. Entonces, el caso es que parece…

– ?Parece? -tercio Beech-. Nada de parece, tio. La punetera realidad.

– Resulta que Abraham ya ha iniciado su propio programa de autorreproduccion. Lo que significa…

– Lo que significa -le interrumpio Mitch- que tiene en cuenta un nivel de ocupacion absolutamente insignificante. Es decir, nosotros. No la Yu Corporation, como deberia ser.

– Te dije que Mitch lo entenderia -le dijo Beech a Yojo.

– Eso es, exactamente -confirmo Kenny-. O sea que, si unicamente nos tiene en cuenta a nosotros y a un punetero grupo de obreros, no tiene sentido que Abraham evolucione a un nivel superior de capacidad y engendre a Isaac.

– Pero ?eso es lo que ha pasado? -inquirio Mitch-. ?Que ya existe Isaac?

Aidan asintio con aire afligido.

– ?Y que dice Abraham de todo esto? -pregunto Mitch.

– No lo preguntaras en serio, ?verdad? -dijo Beech.

– No se. -Mitch se encogio de hombros-. Tu diras.

Bob Beech sonrio y, extendiendo el pulgar y el indice, se atuso las guias del impresionante bigote.

– Mira, somos los mejores, pero aun estamos en el siglo XX, Mitch. Para explicar algo primero hay que entenderlo.

– No si la pregunta se formula del modo adecuado -arguyo Mitch.

– Si, buena idea -observo Hideki Yojo-. Si hubiesemos llegado a un nivel tan alto de perfeccion. A pesar de nuestros progresos, solo hemos conseguido superar la vieja logica binaria de «verdadero o falso», ?comprendes? La logica difusa abarca la logica binaria, pero permite la hipotesis de que algo forme parte de dos conjuntos diferentes.

– De modo que algo puede ser en parte verdadero o en parte falso.

– Eso es. O del todo verdadero, en determinadas condiciones.

– He leido algo sobre eso -dijo Mitch-. ?No se hablo acerca de la forma en que un ordenador deberia definir a los pinguinos?

– Ah, eso. -Beech asintio, con aire de fastidio-. Si, un ordenador convencional sabe que los pajaros vuelan. Pero si se le dice que los pinguinos no vuelan, insiste en que un pinguino no es un ave. Los ordenadores programados con logica difusa soslayan esa dificultad reconociendo que no todos los pajaros vuelan, aunque si la mayoria.

– Y, de modo semejante -tercio Aidan-, en lo que se refiere al control de los sistemas de gestion, el controlador difuso, Abraham, en este caso, permite cierta interpolacion entre los tipos de datos suministrados por los sensores.

– Escuchad un momento -intervino Yojo-. ?Podemos dejar de utilizar la palabra «difuso» y emplear el termino adecuado, por favor? Me pone enfermo. Estamos hablando de un ordenador adaptable analogico, Mitch, algo que funciona como un cerebro humano. Es decir, tiende a la adaptacion antes que a la precision y utiliza valores relativos en vez de absolutos. ?Vale?

– Mirad, chicos -intervino Kenny-, lo que tenemos que discutir…

– Tiene que haber pasado algo con la «desdifusificacion» -continuo Beech, que, al ver la mueca de fastidio e irritacion de Yojo, le hizo un gesto obsceno con el dedo-. Una especie de fallo en la salida de la informacion difusa, que se ha transmitido como valor unico…

– ?Pero que capullo…!

– … y… y ese valor debe de haber distorsionado la interpretacion que ha hecho Abraham de la salida de informacion difusa.

– Lo que tenemos que discutir realmente -insistio Kenny, alzando la voz- es que cono vamos a hacer ahora.

– Amen, hermano -apostillo Yojo.

Parecian esperar que Mitch sugiriese algo.

– No se -dijo, encogiendose de hombros-. Vosotros sois los ingenieros. Yo solo soy el arquitecto. ?Que proponeis?

– Bueno, es que, hagamos lo que hagamos, siempre habra riesgos -advirtio Kenny.

– ?A que clase de riesgos te refieres?

– Riesgos caros -aclaro Yojo con una risita.

– Nunca hemos desconectado un sistema autorreproductor -explico Beech-. No sabemos que puede pasar exactamente.

– El caso es, Mitch -intervino Kenny-, que todavia no hemos confiado el control total del edificio a Abraham. De manera que, en cierto modo, no podemos comprobar adecuadamente todos los sistemas de gestion hasta que desconectemos a su progenie; es decir, a Isaac.

– Si dependiera de mi -dijo Beech-, dejaria las cosas tal como estan durante un tiempo para ver lo que pasa. Seria interesante. Es decir, que seria importante no solo para los sistemas de gestion de vuestro edificio, sino tambien para el futuro del Yu-5.

– El problema que plantea esa posibilidad -objeto Yojo- es que corremos el riesgo de que Abraham se quede esteril. Y cuanto mas tiempo tardemos en desconectarlo, mas peligro habra.

– Por otro lado -arguyo Beech-, si desconectamos a Isaac correremos el riesgo de que Abraham no pueda engendrar otro programa. A menos que se reconstruya todo el sistema desde el principio.

– ?Y pretendeis que decida yo? -dijo Mitch.

– Si, supongo que si.

– ?Vamos, chicos, que no soy el rey Salomon!

– ?Partir la criatura en dos! -rio Yojo-. ?Que buena idea!

– Pues esperabamos que nos ayudaras a decidir -corroboro Kenny.

– Pero ?y si tomo una decision equivocada?

Kenny se encogio de hombros.

– Lo que quisiera saber es cuanto. Cual seria el coste de tomar una decision equivocada.

– Cuarenta millones de dolares -dijo Yojo.

– Si, piensalo despacio, tio -le aconsejo Beech.

– ?Venga -protesto Mitch-, no lo direis en serio! No puedo decidir una cosa asi.

– Coordinacion tecnica, Mitch -le recordo Aidan Kenny-. Eso es lo que nos hace falta. Un poco de coordinacion. Directrices de los que mandan.

Mitch se puso en pie y se situo a espaldas del hijo de Kenny. El nino seguia con el juego, indiferente a la discusion que se desarrollaba en torno a el, con los ojos miopes pegados a la enorme pantalla y moviendo de un lado para otro el joystick analogico. Mitch contemplo un momento el juego, tratando de adivinar su sentido. Era dificil entender bien lo que pasaba. Parecia consistir en que Michael dirigiese a un comando espacial armado hasta los dientes a traves de una ciudad subterranea. De cuando en cuando una interminable variedad de criaturas de horrible aspecto aparecian por una puerta, salian del ascensor o caian por un agujero del techo con intencion de matar al protagonista. En ese momento estallaba un feroz tiroteo. Mitch miraba el pulgar de Michael, que pulsaba furiosamente un boton en la parte superior del joystick, para activar un lanzallamas de flujo continuo en forma de sierra mecanica que despanzurraba a las criaturas a medida que iban apareciendo y esparcia sus restos por todos los rincones de la pantalla. Los dibujos eran soberbios, penso Mitch. Las heridas causadas a las criaturas eran de un realismo extremo. Incluso

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