– ?Sabes una cosa? -dijo entonces-. Estaba pensando preguntarle al senor Yu si no le importaria dejarnos su apartamento de vez en cuando.
– ?De vez en cuando? -repitio ella, adoptando una postura provocativa, de chica
– Sabes que no es cierto, carino.
– ?Ah, no? ?Ya le has contado lo nuestro a Alison?
– No, no exactamente.
– ?Que significa «exactamente»?
– Es dificil. Ya sabes como es. Fragil. -Se encogio de hombros-. En realidad, creo que se esta extraviando.
– ?Quieres decir que se esta volviendo loca?
– Podria sufrir una especie de crisis nerviosa. Pero, aunque quisiera, no tengo tiempo de contarselo. Con todo este trabajo paso muy poco tiempo en casa.
Jenny se realzo una nalga con la palma de la mano y estudio el efecto en el espejo.
– Me parece que por eso empezamos esto. Porque te venia bien. Quiero decir, porque yo trabajaba de asesora en la obra.
– En cuanto se calmen las cosas, te aseguro que encontrare la manera de decirselo.
– Eso suena bastante categorico.
– Lo digo en serio.
– Oye, ?tengo demasiado grande el trasero?
– Es un culo esplendido.
Salio de la banera y alargo la mano para que Jenny le diera una toalla.
– No soy tu esclavita, ?sabes, Mitch? -replico ella, enfadada, y le arrojo la toalla a la cara.
– ?De que hablas?
– De la forma en que acabas de mirarme. Como si yo estuviera aqui para atender el mas minimo de tus deseos.
Mitch se envolvio en la toalla y la abrazo.
– Lo siento -dijo-. No queria…
– Olvidalo. Vamos a comer. Tengo hambre.
Mitch lanzo una mirada furtiva al reloj. Deberia haberse ido a casa, pero nunca encontraba argumentos solidos cuando contemplaba la exquisita desnudez de Jenny. Le habria resultado mas facil refutar a Euclides.
– De acuerdo. Si no nos quedamos hasta muy tarde. Manana por la manana tengo reunion con el grupo de proyecto.
– Espero que hayas solucionado los problemas que te dije, Mitch.
– Estate tranquila, se estan arreglando.
– No puedo firmar el informe hasta que no vea que todo esta en orden. Y eso no te gustaria, ?verdad?
Mitch lo penso un momento.
– No -repuso sin mucha conviccion-. Supongo que no.
– Por cierto, no es nada importante, pero he visto otra serie de cosas que habra que cambiar.
Mitch adopto una expresion afligida.
– ?Como cuales, por el amor de Dios?
– Debes entender que hasta hace poco no he tenido ocasion de estudiar el horoscopo del senor Yu. Es un hombre muy ocupado.
– ?Como? ?Que hay que cambiar, Jenny?
– La puerta de este apartamento, para empezar. Desde el punto de vista de la geomancia, esta mal orientada. Hay que situarla en un plano mas oblicuo. Como hicimos con la puerta principal. Y luego la escultura de esta planta. Los angulos de la vitrina apuntan directamente a la puerta. Sera mejor desplazarla.
– ?Mierda! -gimio Mitch.
– Ah, si. Y el letrero de la plaza. No esta donde dicen los planos. Tiene que dar al oeste. Ademas, esta muy bajo. Hay que ponerlo mas alto, si no, se produciran fricciones entre el personal.
– Eso le va a encantar a Richardson -comento Mitch con sarcasmo.
– No puedo evitarlo -repuso Jenny, encogiendose de hombros Un edificio es propicio o no. Ahora mismo, este no lo es en absoluto.
Mitch emitio un sonoro gemido.
– Vamos, animate -le consolo ella-. No es una tragedia. Foster tuvo que cambiar de sitio todas las escaleras mecanicas en el Hong Kong y Shanghai.
– No me extrana -repuso Mitch, que empezo a vestirse-. ?Donde quieres ir a cenar?
– Hay un chino en North Spring Street. Invito yo.
Bajaron al garaje en el ascensor y salieron del edificio. Al llegar a lo alto de la rampa, Mitch se encontro con un borracho que dio un bandazo delante del coche y casi lo atropello. Paro, pero cuando bajo la ventanilla para decirle algo, el individuo habia desaparecido.
– ?Estara loco, el gilipollas ese? -exclamo Mitch-. ?Donde se ha metido?
– Ha venido de este lado -dijo Jenny con un escalofrio-. Tu ibas muy deprisa.
– ?Y una mierda! ?El tio se me echo encima!
Quiza Aidan Kenny tenia razon, quiza deberia haberse comprado un Cadillac Protector.
El restaurante estaba lleno y tuvieron que esperar mesa en la barra.
– Tengo que ir al bano -dijo ella-. Pideme un gin-tonic, ?quieres, carino?
Se alejo con paso majestuoso. No solo Mitch siguio con los ojos su impresionante recorrido por la sala. Cheng Peng Fei, que cenaba con unos amigos de la universidad, la observo: era muy bella. Luego vio a Mitch, y lo reconocio. Recordo la naranja podrida y se pregunto si podria causar desperfectos mas apreciables, tal como su patrocinador japones -no se le ocurria otra palabra- le habia sugerido.
Espero a que los condujesen a la mesa y luego, dando una excusa a sus amigos, salio del restaurante. Se dirigio al aparcamiento, fue a su coche, abrio el maletero y saco la manivela de la rueda. El coche de Mitch, un Lexus nuevo de color burdeos, era bastante facil de reconocer. Cuando Cheng Peng Fei se aseguro de que no habia nadie a la vista, se acerco y lanzo la herramienta con todas sus fuerzas contra el parabrisas. Luego, mas tranquilo de lo que imaginaba, subio a su coche y se marcho.
Allen Grabel llevaba bebiendo todo el dia cuando, poco despues de las nueve, Mitch estuvo a punto de atropellarlo. Estaba seguro de que no le habia reconocido, sobre todo porque llevaba un sombrero de paja barato. Solo habia visto a la mujer que lo acompanaba un instante, pero fue suficiente para saber que no era su esposa. Grabel se pregunto que habrian hecho hasta tan tarde en el edificio. Su unica pertenencia era la botella. Aunque casi se habia metido debajo de las ruedas, no la habia soltado. Menos mal.
Llego a su cuarto del sotano y cerro la puerta. Se sento en el catre de tijera y bebio un trago de la botella. No le parecia justo que hubiese dos mujeres en la vida de Mitch. No es que tuviera nada contra el. Era a Richardson a quien odiaba. Y lo bastante para querer verlo muerto. Normalmente, Grabel no era una persona rencorosa. Pero habia pensado mucho en la forma de desquitarse de su antiguo jefe.
Hideki Yojo tecleo una serie de instrucciones de programacion y se recosto en el respaldo del asiento, flexiono el cuello con las manos cruzadas en la nuca y se alegro de que la cabeza le doliera menos desde que iba al quinesioterapeuta de Aidan Kenny. Hacia dias que no sufria una jaqueca verdaderamente mala. No se encontraba tan bien desde hacia mucho tiempo. Probablemente no habia razon para inquietarse. No es que Yojo estuviese muy satisfecho de su salud. Nunca lo habia estado. La tension arterial, que Abraham le habia tomado al darle acceso al terminal cuando puso la palma de la mano en la pantalla, quiza estaba un poco alta. Abraham tambien le habia analizado la orina, avisandole de que contenia un nivel elevado de proteinas y azucar. No cabia duda, penso Yojo. Una vez que el sistema Yu-5 estuviese instalado, tendria que pasar menos tiempo delante de una pantalla. Era la tercera noche seguida que se quedaba trabajando hasta altas horas para eliminar un fallo en la aplicacion holografica. Habia escrito una secuencia de instrucciones para eludir el futuro programa de entrenamiento fisico de los empleados de la Yu Corporation, pero quiza seria mejor borrarla y tratar de ponerse en forma. Y salir un poco mas. Ver a algun amiguete. Ir a los sitios que frecuentaba antes y descubrir otros nuevos. Follar un poco. No tenia sentido ganar una fortuna si no podia gozar de los frutos de su trabajo. Llevaba
