portador de malas noticias. Tenia que comunicarles el ultimo boletin sobre el
– ?Mitch! -le saludo Ray Richardson-. Me alegro de que te decidieras a venir por fin.
Seria mejor esperar el momento oportuno para darles las malas noticias.
El grupo de proyecto y Bob Beech se hallaban sentados frente a una pantalla de television de setenta y dos centimetros que estaba recibiendo las primeras imagenes en linea de la Parrilla. Mitch miro a Kay, le guino un ojo y se sento a su lado. Llevaba una blusa negra transparente que ofrecia una vision completa de su sosten. Ella le contesto con una sonrisa de aliento. En la pantalla habia una imagen del atrio con el arbol dicotiledoneo en el estanque rectangular.
– ?Kay? -dijo Richardson-. ?Has terminado de dar la bienvenida a Mitch? ?Sabes que llevas una blusa preciosa?
– Gracias, Ray -sonrio ella.
– ?Habeis notado que Kay suele llevar blusas transparentes? O sea, que siempre se sabe de que color lleva el sosten, ?no? -Richardson esbozo una sonrisa desagradable-. Se me ocurrio el otro dia: el sosten es a Kay lo que los calzoncillos que marcan paquete a Superman.
Todos rieron menos Mitch y Kay.
– Muy divertido, Ray -dijo Kay, que borro la sonrisa de sus labios y pincho una tecla de su ordenador portatil, como si quisiera sacarle un ojo a Richardson. Lo que mas la irritaba era la risa de Joan. ?De que se reia aquella zorra fondona? Kay se pregunto si se reiria tambien si le contara lo que le habia pasado con Richardson unos meses atras, la noche que se quedaron solos en la cocina y ella consintio que le metiera mano bajo el sosten y las bragas. Se alegraba de que las cosas no hubiesen ido mas lejos.
En la pantalla aparecio un dibujo tridimensional del nuevo estanque redondo para el arbol. Moviendo con el pulgar un raton del tamano de un dedal, Kay hizo girar la fotografia para superponerla al dibujo. Noto que se ruborizaba.
– Bueno, ?que? ?Os interesa mas mi sosten que el dibujo?
– Pues si nos das a elegir… -murmuro Levine, y solto una carcajada.
– Lo siento, Kay, era una broma -se disculpo Richardson-. Me parece muy bien. Pero ?de veras ha llevado una semana dibujarlo?
– ?Por que no se lo preguntas a Tony? -replico Kay.
Richardson se volvio.
– ?Tony?
– Pues si, Ray -dijo Levine-. Me temo que si.
Richardson lanzo a Levine su mirada mas sarcastica. Mitch puso mala cara, sintiendolo por el joven.
– ?Por que tienes que ser tan literal, Tony? -gruno Richardson-. Lo que quiero saber es
Sacudio la cabeza y suspiro, como compadeciendose de si mismo por tener que tratar con aquel hatajo de estupidos incompetentes. Luego se puso a hacer garabatos en una hoja de papel. Mitch, que le conocia bien, se dio cuenta de que estaba conteniendo el mal humor.
Richardson apreto la mandibula con beligerancia y dirigio su malevola atencion hacia Aidan Kenny.
– ?Y que cono pasa con ese sistema tuyo de control holografico?
– Nada, Ray, solo algunas dificultades a causa de lo novedoso del sistema -contesto animadamente Kenny-. Yojo se quedo anoche para solucionarlas. Supongo que a estas horas ya esta todo arreglado.
– Supones… -mascullo Richardson. Como si refrenara a duras penas su impaciencia, anadio-: ?Y no sera mejor que se lo preguntemos a el? ?Por el amor de Dios…!
Kenny se volvio a Kay.
– ?Puedes ponernos con el centro informatico, por favor, Kay?
Kay pulso otra tecla del ordenador y el circuito cerrado de television mostro a Hideki Yojo, que seguia sentado en su silla. Durante unos momentos todo parecio normal. Pero luego, cuando los diversos miembros del grupo notaron el color de su rostro y la sangre que tenia en la boca y la pechera de la camisa, hubo un sobresalto general.
– ?Santo Dios! -exclamo Willis Ellery- ?Que le ha pasado?
Kay Killen y Joan Richardson se taparon la boca simultaneamente, como si fuesen a vomitar. Helen Hussey respiro hondo y aparto la vista.
– ?Hideki! -grito Tony Levine- ?Nos puedes oir? ?Estas bien?
– ?Esta muerto, pedazo de imbecil! -murmuro Richardson-. Cualquier cretino lo veria.
– Los ojos -observo David Arnon- Tiene los ojos… morados.
Kay ya habia suprimido la imagen e iniciaba una busqueda por video de Sam Gleig, el agente de seguridad.
Richardson se puso en pie, sacudiendo la cabeza con una mezcla de ira y disgusto.
– Sera mejor que alguien llame a la policia -sugirio Ellery.
– ?Es increible! -comento Richardson-. ?Es que no me lo puedo creer! -Miro a Mitch, con cierto aire acusador, y anadio-: ?Haz algo, Mitch, por Dios! ?Solucionalo! ?Lo que me faltaba, joder!
En Los Angeles era mas facil ser agente de seguridad que camarero. Antes de convertirse en guarda jurado, Sam Gleig habia cumplido condena en la Prision Metropolitana, por tenencia ilicita de armas y estupefacientes. Y antes de eso habia sido infante de marina. Sam Gleig habia visto un monton de cadaveres en su vida, pero nunca como el que estaba sentado en el centro informatico de la Parrilla. El muerto tenia la cara tan azul como la camisa de su uniforme, casi como si lo hubiesen estrangulado. Pero lo que mas le impresiono fueron los ojos: parecia que se le hubiesen achicharrado en las orbitas como dos bombillas fundidas.
Sam se acerco a la consola y le tanteo la muneca para ver si habia pulso. Convenia estar seguro, aunque Hideki Yojo estaba inequivocamente muerto. Y por si no hubiera dado credito a sus ojos, estaba el olor. Aquel olor, semejante al de un cuarto lleno de panales sucios, nunca enganaba. Solo que, por lo general, un cadaver tardaba en oler de aquel modo.
Al soltar la muneca de Yojo, Sam rozo con la mano la base de la lampara. Solto un taco y retiro la mano bruscamente. La lampara estaba al rojo vivo. Como la pantalla de la consola, habia estado toda la noche encendida. Chupandose la quemadura, se dirigio a otra consola y, por primera vez en su vida, marco el 911.
Pasaron la llamada al servicio de control central, que, desde su bunker subterraneo del Ayuntamiento, coordinaba todas las intervenciones de la policia de Los Angeles. Un coche patrulla que iba en direccion oeste por Pico Boulevard recibio instrucciones de dirigirse a la Parrilla antes de que el informe llegara a New Parker Center por correo electronico y apareciese en la pantalla del comisario jefe de la Brigada Criminal. Randall Mahoney echo una mirada al informe y luego abrio el archivo que contenia la lista del servicio de guardia. Con el raton, desplazo el mensaje por la pantalla y lo dejo en la bandeja informatizada de uno de sus inspectores. Eso era lo que tenia que hacer. El nuevo metodo. Luego lo hizo a la antigua. Levanto su voluminosa humanidad de la silla y se dirigio a la sala de inspectores. Se fijo en un hombre de aspecto robusto con cara de guante de beisbol. Estaba sentado frente a un escritorio, mirando fijamente la pantalla apagada de su ordenador.
– Mejor seria que encendieras de vez en cuando ese jodido aparato, Frank -gruno Mahoney-. Asi ahorrarias trabajo a mis piernas.
– Quiza -respondio el otro-, pero a todos nos viene bien un poco de ejercicio. Incluso a un tipo tan atletico como tu.
– ?Que listo eres! ?Que sabes de arquitectura moderna? -pregunto Mahoney.
El inspector Frank Curtis se paso una mano grande y fuerte por los cortos y acerados rizos que se le arremolinaban en el craneo como muelles de un viejo sillin de bicicleta, y reflexiono unos instantes. Penso en el Museo de Arte Contemporaneo, donde su mujer habia trabajado hasta que fue sustituida nada menos que por un CD-ROM, y luego en el proyecto de la sala de conciertos Walt Disney que habia visto en los periodicos. Un edificio que parecia una serie de cajas de carton abandonadas bajo la lluvia. Se encogio de hombros.
– Menos que de ordenadores -reconocio-. Pero si me preguntas mi opinion sobre la estetica de la arquitectura
