mucho tiempo sin comerse una rosca. Era hora de divertirse un poco. Y, de todos modos, ya era hora de irse a casa. Creia haber resuelto el problema.
El monitor y la lampara de la consola parpadearon un momento.
Yojo dio un golpecito a la pantalla con la palma de la mano. Parecio arreglarse.
– ?Hay alguna averia electrica, Abraham?
– Negativo.
– Entonces, ?que pasa?
– Una sobretension transitoria -contesto el ordenador.
– El otro dia una bajada de corriente, y hoy esto. ?Que ocurre? Suerte que tenemos un generador de emergencia, ?eh?
– Si, senor.
El contacto de su mano habia producido ciertas impurezas en el color de la pantalla.
– Desmagnetiza la pantalla, por favor.
– Si, senor.
Yojo se inclino sobre la lampara de la consola. Italiana, por supuesto. La sencillez y la elegancia del diseno eran inconfundibles. Dio unos golpecitos con los nudillos al transformador. La luz de la diminuta bombilla se estabilizo y Yojo volvio a concentrarse en la pantalla, que repasaba rapidamente las operaciones de la tarde.
Habia terminado, sin duda. El programa holografico funcionaria.
– Felicitame, Abraham. Acabo de arreglar nuestro problema.
– Buen trabajo, senor -repuso la voz inglesa, muy similar a la de un mayordomo de maneras refinadas.
– ?Quieres verificar el programa holografico, por favor?
– Lo que usted diga, senor.
El ordenador comprobo el trabajo e informo de que el programa funcionaba perfectamente.
– ?Que alivio! -dijo Yojo-. Ya he tenido bastante por esta noche.
– ?Desea que active la secuencia de control de los hologramas?
– Negativo -dijo Yojo-. Es hora de volver al mundo. La vida me espera. -Bostezo al tiempo que se desperezaba-. Podemos ejecutarlo por la manana, Abraham. Es decir, si no tienes nada mejor que hacer. -Sonrio y se froto los ojos-. ?Joder, como odio esta habitacion! Sin ventanas. ?A quien se le ocurriria semejante idea?
– No lo se, senor.
– ?Que tiempo hace fuera?
El ordenador presento en pantalla una imagen del cielo purpureo de Los Angeles.
– Parece que hace buena noche -observo el ordenador-. Posibilidad de precipitacion inferior al cinco por ciento.
– ?Como esta el trafico?
– ?En la Freeway o en la superautopista de la informacion?
– Primero la Freeway.
– Despejado.
– ?Y en la superautopista?
– Debido a su presencia esta noche, aun no he tenido ocasion de salir del edificio para averiguarlo. Pero anoche habia mucha actividad. Numerosos surfistas en el silicio.
– ?Algun consejo?
– Si posee acciones de la British Telecom, yo venderia. Y Viacom hara una oferta para la Fox.
– La Fox, ?eh? Mejor sera que adquiera unas cuantas de esas. Gracias, Abe. Bueno, creo que me voy para casa. Ha sido una larga jornada. Y me vendria bien un bano. En realidad me vendria bien un monton de cosas mas. Como un buen polvo y un coche nuevo. Pero de momento me conformare con un bano.
– Si, senor.
La mano de Yojo, a punto de pulsar el interruptor de la lampara, se detuvo. Yojo se volvio en la silla y miro atras. Por un momento creyo haber oido pasos en la pasarela, mas alla de la acristalada puerta del centro informatico. Casi esperaba que apareciese Sam Gleig para charlar un rato, como hacia a veces. Pero no habia nadie. Y una rapida comprobacion en el ordenador demostro que Sam se encontraba en su sitio habitual, en su oficina de la planta baja.
– Debo sufrir alucinaciones auditivas -murmuro.
Se pregunto si Sam sabia que lo despedirian en cuanto los sistemas de seguridad funcionasen a pleno rendimiento. Desde luego no era el quien fuera a tener remordimientos de conciencia porque echaran a un par de vigilantes. No tenia sentido tener perro y ladrar por el.
– Es posible que lo que haya oido sean las puertas del ascensor al abrirse, senor. Mientras usted hablaba, subi una cabina para que no tuviera que esperar.
– Muy amable, Abraham.
– ?Quiere que haga algo mas, senor?
– No creo, Abraham. Si hubiese algo mas, supongo que ya lo habrias hecho, ?verdad? -Si, senor.
Mitch seguia furioso cuando llego a la oficina a la manana siguiente para la reunion semanal del grupo de proyecto. ?Por que se les habia ocurrido ir a un restaurante chino, precisamente? Debia haber pensado en la posibilidad de encontrarse con algun manifestante de la plaza que pudiera reconocerlo. La cena, aunque buena, habia durado mas de lo previsto, y ya era tarde cuando descubrieron el coche. Los de la Asociacion Automovilistica Americana se presentaron pasada medianoche con un parabrisas de recambio. Asi que cuando Mitch llego finalmente a casa, Alison tenia ganas de bronca. Incluso tuvo que ensenarle los papeles de la AAA para que le creyera. Y luego, despues de desayunar, justo cuando se disponia a salir, volvio a la carga, despues de mirar mas detenidamente los papeles.
– ?Y que estabas haciendo en el restaurante Mon Kee de North Spring Street?
– ?Y tu que crees? Fui a comer algo.
– ?Con quien?
– Pues con unos companeros del grupo de proyecto, ?con quien, si no? Mira, carino, te habia dicho que volveria tarde.
– Venga, Mitch. Una cosa es tarde y otra a la hora que viniste. Siempre que vienes despues de medianoche me llamas, y tu lo sabes. ?Por que fuiste precisamente alli?
Mitch miro el reloj. Iba a conseguir que llegara tarde a la reunion.
– ?Tenemos que hablar de eso ahora? -imploro.
– Solo quiero saber con quien estabas, nada mas. ?Es tan absurdo?
Alison era una mujer alta, de considerable elegancia, voz de ultratumba y siniestras sombras bajo los ojos castanos. Tenia el pelo largo, liso y brillante, pero a Mitch empezaba a recordarle a Morticia, el personaje de la familia Addams.
– ?Es tan raro que quiera saber con quien estuvo mi marido hasta la una de la madrugada?
– No, supongo que no -repuso el-. Muy bien, estaban Hideki Yojo, Bob Beech, Aidan Kenny y Jenny Bao.
– ?Una mesa para cinco?
– Eso es.
– ?Reservasteis mesa?
– ?Por el amor de Dios, Alison! Fue algo improvisado. Todos estuvimos trabajando hasta tarde. Teniamos hambre. Sabes que habria estado en casa antes de medianoche si no hubiese sido por el cabron ese de la manivela. Y te habria llamado, ?vale? Pero me puse tan furioso que se me olvido todo lo demas. Y lo siento, siento mucho confesar que eso tambien te incluye a ti, carino.
– Deberias tener telefono en el coche. Otros lo tienen, Mitch. ?Por que tu no? Me gustaria estar en contacto contigo.
Mitch le puso las manos en los huesudos hombros.
– Sabes lo que pienso de los telefonos en el coche. Necesito tiempo para estar solo y el coche es practicamente el unico sitio que tengo. Si tuviera telefono, los del estudio me llamarian continuamente. Sobre todo Ray Richardson. Arregla esto, Mitch. Soluciona lo otro. Mira, esta noche vendre pronto, te lo prometo. Entonces hablaremos. Pero tengo que irme ya.
La beso en la frente y se marcho.
Llego veinte minutos tarde a la reunion. No le gustaba llegar tarde a ningun sitio. Sobre todo cuando era
