– Mira, eso es lo que yo llamo una planta de interior -dijo Curtis.
– Supongo que ya no le preguntaras al arquitecto por que tenia que ser tan alto este edificio. ?Te has fijado en el tamano de eso?
Un policia y un guarda jurado se les acercaron. Curtis se colgo la identificacion en la solapa de la chaqueta y dijo:
– Brigada Criminal de la Policia de Los Angeles. ?Donde esta el cadaver?
– Cuarta planta -contesto el policia-. En el centro informatico. Los fotografos y el equipo forense ya estan arriba, senor.
– Bueno, pues llevanos a nuestras butacas -dijo Curtis-. No queremos perdernos el comienzo del espectaculo.
– Si hacen el favor de seguirme, caballeros -dijo el guarda jurado.
Se dirigieron a un ascensor que esperaba y subieron.
– Centro de datos -ordeno el agente.
Las puertas se cerraron y el ascensor se puso en marcha.
– Ese ha sido un buen numero -observo Curtis-. ?Eres tu quien ha encontrado el cadaver?
– No, senor -contesto el guarda-. Yo soy Dukes. Acabo de empezar mi turno. Fue Sam Gleig quien encontro al senor Yojo. Hace el turno de noche. Esta arriba con los demas agentes.
Recorrieron una galeria que daba al atrio, iluminada por una fila de luces empotradas en el suelo a unos centimetros de la balaustrada de vidrio.
– ?Que es esto? -pregunto Curtis senalando a sus pies-. ?La pista de aterrizaje?
– Por si se produce un incendio -explico Dukes-. Para que no se caiga la gente si el edificio se llena de humo.
– ?Que precavidos!
Torcieron por un pasillo y se acercaron a la pasarela que llevaba a la sala de informatica. Coleman se quedo atras, y se asomo a la galeria para apreciar la amplitud del edificio.
– Echa una mirada a este tenderete, Frank. Es increible.
– Vamos, Toto -le llamo Curtis-. Que ya no estamos en Kansas.
– No ha visto ni la mitad -dijo Dukes-. Esto es como
– Pongase al mando del grupo de desembarco, senor Coleman -dijo Curtis-. Y quiero respuestas.
– Si, senor.
Coleman saco un cigarrillo y luego cambio de parecer cuando vio el cartel de «Prohibido fumar» en la puerta de la sala de informatica. Con el Halon 1301 no habia que andarse con bromas.
Los fotografos y el equipo forense trabajaban concienzudamente y con rapidez, y el objeto de su indagacion seguia sentado en la silla.
– Joder, que habitacion -decia uno-. Yo no podria vivir en un sitio sin ventanas.
– ?Vas a indicar eso como probable causa de la muerte?
A lo largo de los anos Curtis habia tenido ocasion de conocer a la mayoria del personal del equipo forense; sabia que las caras nuevas tendrian alguna relacion con la victima. Amigos o colegas. Dijo a Coleman que los sacara de alli y les tomase declaracion si era necesario. Luego observo el cadaver con mas detenimiento.
El ayudante del forense, un individuo alto de aspecto muy adecuadamente cadaverico, pelo lacio y gafas ahumadas, se irguio y espero a que el inspector concluyese su rapido examen.
– ?Joder, Charlie! ?Parece que este tio paso el fin de semana en una playa del atolon de Bikini!
Curtis dio un paso atras agitando la mano delante del rostro para alejar el pestilente olor.
– Pero ?que hizo? ?Se cago hasta la muerte?
– Eso parece, a juzgar por el olor.
– Murio en la silla, ?verdad?
– A la vista esta, ?no?
– Pero hasta ahora las sillas no eran mortales, salvo la electrica, claro. Vamos, Charlie, ?hay indicios medicos que hagan sospechar?
Charlie Seidler encogio sus insignificantes hombros.
– Es dificil decirlo, a primera vista.
Curtis miro de forma elocuente las facciones moradas y ensangrentadas de Yojo.
– ?Seguro que has visto lo mismo que yo, Charlie? -dijo, sonriendo-. Echale otra mirada, ?quieres? Los ojos no se ponen tan morados por pasarse con el maquillaje. ?Y de donde viene toda esa sangre?
– De la boca. Se partio la lengua.
Seidler mostro una bolsa de plastico que contenia algo parecido a la larva de un insecto.
– Encontramos la punta sobre sus piernas.
– ?Bonito recuerdo!
Curtis se pellizco la nariz y se acerco a echar otra mirada.
– ?Causa de la muerte?
– Demasiado pronto para decirlo. Podrian haberlo estrangulado. O envenenado. Tiene la boca demasiado cerrada para ver lo que hay dentro. Pero podria tratarse de causas naturales. Crisis cardiaca. Algun ataque. No sabremos nada hasta que lo tengamos en la mesa de diseccion.
– Tu vida privada es cosa tuya, Charlie.
Curtis sonrio y fue en busca de los testigos.
Encontro a Coleman esperandolo con Mitchell Bryan, Aidan Kenny, Sam Gleig y Bob Beech. Estaban sentados en torno a una mesa de cristal bajo uno de los solidos tirantes del edificio. El inspector paso la mano sobre el liso y blanco acabado de fluoropolimero que revestia el aluminio del tirante, y luego se asomo a la galeria que daba al atrio. Era, penso, como una extrana y absurda catedral moderna: la Iglesia de los Astronautas de los Primeros Dias. El Templo de Jesucristo, Primer Hombre del Espacio. La Primera Mezquita Orbital del Mundo.
– Este edificio suyo es un verdadero espanto -sentencio, sentandose a la mesa.
– A nosotros nos gusta -repuso uno de ellos.
– Nos gustaba -apostillo otro-. Hasta esta manana.
Nathan Coleman hizo las presentaciones y luego resumio lo que le habian contado.
– El difunto se llamaba Hideki Yojo. Jefe de aplicaciones informaticas de la Yu Corporation, propietaria de este edificio. Su cadaver lo descubrieron los senores Beech, Kenny y Bryan, aqui presentes, por el circuito cerrado de television durante una reunion que se celebraba en las oficinas de Richardson y Asociados, en Sunset. Son los arquitectos que han proyectado este edificio. Cuando se descubrio el cadaver, a eso de las nueve y media, se encargo al agente de seguridad de servicio, el senor Gleig, aqui presente, que fuese a investigar. Encontro el cadaver a eso de las nueve cuarenta.
– ?Observo algo fuera de lo normal? -Curtis sacudio la cabeza-. Lo siento. Creo que deberia repetirle la pregunta en otros terminos, porque este es el sitio mas raro que he visto en mi vida. Esa sala de ordenadores parece sacada de una pelicula. Yo solo soy un poli. La idea que tengo de un edificio como es debido es que se pueda encontrar facilmente el retrete. Sin animo de ofender, senores.
– No se preocupe -dijo Mitch que, senalando por encima del hombro de Curtis, anadio-: Y a proposito, el retrete esta por ahi.
– Gracias. Bueno, Sam, ?puedo tutearte? ?Notaste algo inhabitual? Aparte del cadaver, naturalmente.
Sam Gleig se encogio de hombros y dijo que no habia observado nada anormal.
– El hombre estaba muerto. Eso lo vi inmediatamente. He estado en el ejercito y no me cupo la menor duda, ?comprende? Hasta entonces habia sido una noche tranquila. Igual que siempre. El senor Yojo solia trabajar hasta muy tarde. De vez en cuando me levantaba y daba una vuelta por el edificio, pero pase la mayor parte del tiempo en la oficina de seguridad. Desde alli se puede vigilar todo, con las camaras. Aun asi, no preste demasiada atencion. Es decir, que de eso se ocupa el ordenador. Abraham se limita a indicarme el sitio donde debo echar un vistazo, ?sabe? Y le aseguro que anoche solo estabamos los dos. El senor Yojo y yo.
– Bueno, ?y quien es Abraham? -inquirio Curtis, frunciendo el ceno-. ?Se me ha escapado algo?
– Asi llamamos al ordenador, inspector -le explico Beech, encogiendose de hombros.
– Ah, ya entiendo. Yo tambien llamaba un monton de cosas a mi coche. Pasemos a ese circuito cerrado de television. ?Hay un video de lo que paso?
