– Lo creas o no -explico Beech-, Abraham era demasiado rapido para el programa de ITR. Para enganar al ojo y hacerle creer que una imagen holografica se esta moviendo de verdad, se necesita un minimo de sesenta actualizaciones por segundo. Lo que implica un cumulo de datos de alrededor de doce billones de bits por segundo. Los anteriores programas de ITR no daban mas que uno o dos segundos de imagenes interactivas en movimiento, y aun asi temblaban bastante. Pero utilizando LEMON, el nuevo programa de compresion de datos de la Yu Corp, y un tratamiento en paralelo, descubrimos la forma de simular las prestaciones de un chip terahertziano y dar al programa de ITR un aspecto tan real como la vida misma. El unico problema era que el programa elaborado por nosotros no podia seguir ese ritmo. Hideki trataba de encontrar cierto equilibrio para conseguir una imagen mas fluida.

– ?Vas a ejecutar el programa ahora, Bob? -pregunto Kenny, un tanto sorprendido-. ?Crees que es buena idea?

– Es lo mejor que se me ocurre para saber si funciona.

– Supongo que tienes razon. Pero voy a echar una mirada por el atrio, a ver si hay alguien rondando por ahi.

– ?Ah, bien pensado! -rio Beech-. El programa de ITR puede darle un susto mortal a cualquiera. Y ya hemos tenido bastantes emociones por hoy.

El centro medico presbiteriano Queen of Angels de Hollywood, en la North Vermont Avenue, se encontraba al norte de la Hollywood Freeway, no lejos de New Parker Center. Alli era donde se realizaban las autopsias de la Brigada Criminal cuando el indice de asesinatos en la ciudad era aun mas alto que de costumbre y en el Hospital General del Condado no habia espacio para mas cadaveres.

Curtis y Coleman ya habian ido cuatro veces en aquella semana, y para ganar tiempo asistian a dos autopsias: la de un joven gangster negro asesinado a tiros y la de Hideki Yojo.

Lo del tiroteo era bastante simple. A Roo Evans, de veinte anos y con el tatuaje de una chica de Playboy que identificaba a su banda, lo habia perseguido en coche una banda rival por la Harbor Freeway. Cuando le dieron alcance, cerca del Centro de Congresos de Los Angeles, le dispararon once balas de nueve milimetros en el pecho.

Tras la primera autopsia, Curtis y Coleman habian ido a la sala de policias a beber un cafe mientras esperaban que la doctora les anunciaria que estaba lista para abrir a Hideki Yojo.

– ?Como lo hace?

– ?Quien?

– Janet. La doctora Bragg. Dos seguidas. ?Joder, ha destripado a ese chico como si fuera una punetera trucha!

– No ha tenido que hacer nada especial -observo Curtis-. Once balas del nueve. Esos tios no querian que se les escapara. Con una Glock. Como la tuya, Nat.

– ?Es que sospechas de mi?

– ?Siempre has llevado una del nueve con doble cargador?

– Consejo de mi mama. Nunca fui buen tirador, asi que pense que seria mejor tener algo que soltara mucho plomo.

Se abrio la puerta y una atractiva mujer negra de mediana edad asomo la cabeza por el umbral.

– Estamos a punto de empezar, caballeros -anuncio Janet Bragg, y le tendio a Curtis un frasquito de aceite de eucalipto.

Curtis desenrosco el tapon y se unto un poco bajo las aletas de la nariz. Nathan Coleman hizo lo mismo y encendio un cigarrillo como medida de proteccion adicional.

– Dile el aspecto que tienen los pulmones de un fumador cuando los tienes en la mesa de diseccion, Janet - dijo Curtis cuando salieron al pasillo.

– Pues es algo digno de verse -admitio ella, sin cargar las tintas-. Aunque el olor es insoportable. Como a ceniceros concentrados.

Bragg iba vestida como si trabajase en una fabrica de hamburguesas: mono blanco, botas de goma, cofia de plastico, gafas de proteccion, delantal, gruesos guantes de goma.

– Que guapa estas hoy, Janet -dijo Coleman-. Hmm. Me gustan las mujeres que saben como vestirse para excitar a un hombre.

– Ya que hablas de eso -dijo Bragg-, habia semen en los calzoncillos del cadaver.

– ?Se corrio en los calzoncillos antes de morir?

En la sorpresa de Coleman habia una nota de asco.

– Desde luego, no se corrio despues -apostillo Curtis-. Eso seguro.

– No es raro en casos de estrangulamiento.

– ?Ha sido eso, entonces? -pregunto Curtis-. ?Lo han estrangulado?

Bragg abrio una puerta compuesta por dos membranas transparentes que conducian a una estancia amplia y fria.

– Pronto lo sabremos.

El cuerpo desnudo de Yojo yacia en un frigorifico cercano a una mesa de diseccion de acero inoxidable. Curtis habia visto trabajar muchas veces a Bragg y sabia que no necesitaba ayuda para trasladar el cadaver a la mesa. Unos rulos que habia bajo la rejilla perforada de la mesa le permitieron poner a Yojo sobre la mesa con una sola mano; realizo la maniobra con la consumada destreza del prestidigitador que retira el mantel de debajo de una mesa con los cubiertos puestos. Luego ajusto la altura y puso en marcha un aparato de extraccion de aire conectado a un conducto de evacuacion bajo la mesa. En un extremo habia una pila para biopsias con dos grifos mezcladores de manivela y un tubo flexible terminado en una ducha de telefono. Abrio los grifos y el tubo de la ducha.

Cuando estuvo preparada, Curtis acciono una camara de Super-8 para filmar la autopsia. Comprobo el foco y dio un paso atras para ver el trabajo de la doctora.

– Signos clinicos habituales de asfixia, pero no hay marcas en el cuello -observo Bragg girando de un lado a otro la cabeza de Yojo-. Dificil decir como lo han estrangulado.

– ?Quiza con una bolsa de plastico en la cabeza? -aventuro Curtis.

– No me atosigues, Frank -replico ella, y cogio el escalpelo.

El procedimiento de la autopsia habia cambiado muy poco en los veinte anos que Frank Curtis llevaba trabajando en la Criminal. Tras examinar el exterior del cuerpo en busca de alguna anomalia o traumatismo, las incisiones principales siempre eran las mismas. Una en forma de Y a partir de las axilas, cada brazo de la letra cruzando el pecho hasta el final del esternon; y otra que seguia desde ese punto de union hasta el bajo vientre y la zona genital. Janet Bragg trabajaba rapido, ligando las arterias de la cabeza, cuello y brazos, y canturreaba una melodia mientras se preparaba a extirpar los organos para su posterior diseccion.

La melodia se convirtio en la letra de una cancion de Madonna.

– ?Fiesta-a! ?Todo ira muy bien! ?Fiesta-a!

– Me encantan las mujeres que trabajan con alegria -dijo Curtis.

– Una se acostumbra a todo.

Extirpo los organos del pecho, los puso en una cubeta de plastico y repitio la operacion con los del abdomen, depositandolos en otra cubeta. Los organos siempre se extraian por grupos, para determinar cualquier anomalia en sus relaciones funcionales. Luego cogio la sierra electrica y empezo a abrir la boveda craneana de Hideki Yojo.

Curtis busco con la mirada a Nathan Coleman y lo encontro sentado frente a una mesa de trabajo, examinandose un cabello por el microscopio.

– Mira, Nat, igual que pelar un huevo duro -observo cruelmente-. ?O eres de esos chalados que golpean la parte de arriba y van quitando trocitos de cascara?

Coleman trato de no oir el ruido de la sierra.

– No como huevos -repuso con calma-. No soporto el olor.

– ?Que sensible eres!

– ?Cono! -jadeo Bragg. Lo que vio al extirpar la boveda la dejo pasmada por primera vez desde hacia anos.

– ?Que es?

– Nunca he visto… -dijo, con una mueca de excitacion-, nunca he visto una cosa asi.

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