– ?Y el nombre de su identificacion?
– ?Ah, si! Tienes razon, Frank. Lo siento.
– ?Pues claro que tengo razon, cono! Hace menos de setenta y dos horas, Nat. -Sacudio la cabeza y sonrio con aire bonachon-. ?Que habras estado haciendo!
– Setenta y dos horas -suspiro Coleman-. Solo un dia de trabajo normal en la Criminal.
– No sigas -intervino Foghorn-. Vas a hacerme llorar.
– ?Quien ha sido el primero en llegar, Foghorn?
– ?Agente Hernandez!
Un agente con la nariz partida y un bigote a lo Zapata se destaco del grupo de policias y se puso frente a los tres hombres de paisano.
– Soy el inspector jefe Curtis. Este es el inspector Coleman.
Hernandez asintio en silencio. Tenia un aire hosco, a lo Marlon Brando.
Curtis se inclino hacia el y olfateo el aire.
– ?Que es ese olor que lleva, Hernandez?
– Locion para despues de afeitarse, inspector.
– ?Locion? ?Que clase de locion?
– Obsession. De Calvin Klein.
– Calvin Klein. ?En serio? ?Lo hueles, Nat?
– Claro que si, senor.
– Vaya. Un poli que huele bien. Eso es mas propio de Beverly Hills, ?no crees, muchacho?
Hernandez sonrio y se encogio de hombros.
– Mi mujer lo prefiere al tufo del sudor, senor.
Curtis se abrio la chaqueta y se olisqueo el sobaco.
– No he querido decir…
– Bueno, Calvin, ?que paso cuando tu y tu locion aparecisteis esta madrugada por aqui?
– Pues el agente Cooney y yo, inspector, llegamos a eso de las dos treinta de la manana. Buscamos un timbre o algo semejante y luego vimos que la puerta estaba abierta. Asi que entramos en el vestibulo y entonces nos encontramos con Kelly Pendry en el mostrador. -Hernandez se encogio de hombros y prosiguio-: Bueno, nos dijo donde teniamos que ir. Que cogieramos el ascensor hasta el sotano. Asi que bajamos y lo encontramos.
Senalo al ascensor salpicado de sangre.
– ?Y luego, que?
– Cooney dio parte del 187 mientras yo echaba una mirada por ahi. En el vestibulo hay una oficina de seguridad y parece que este tio acababa de salir de ahi. El ordenador estaba encendido y habia un termo y unos emparedados.
– ?Y los constructores? ?Lo saben ya?
– Pues encontre una lista del personal en el ordenador. Ya sabe, capataz, maestro de obras, esas cosas. Asi que entonces llame a mi padre.
– ?A tu padre? ?Para que cono llamaste a tu padre?
– Porque trabajaba en la construccion. De remachador. Pense que sabria a quien era mejor llamar. Y me dijo que el aparejador es el que controla todos los trabajos y da instrucciones a los capataces. De todas formas, no tenia ni idea de que fuese una mujer. Es decir, que solo ponia H. Hussey. A lo mejor tenia que haber llamado a otro. En cualquier caso me dijo que vendria enseguida.
– Es su trabajo, ?no? Es la responsable de las obras. Ademas, trabajando aqui ya debe de estar acostumbrada.
– ?Como dice?
– Nada.
Curtis vio que Charlie Seidler se dirigia a los ascensores y le saludo con la mano.
– Gracias, Hernandez. Eso es todo. ?Hola, Charlie!
– Parece que no salimos de aqui, ?eh?
– Por eso lo llaman edificio inteligente -repuso Curtis-. Si alguien es inteligente, no pone los pies en el. Bueno, hazme un resumen de la situacion.
– Pues tiene mas de una herida en la cabeza -dijo Seidler, con cautela-. Y eso excluiria la posibilidad de que se hubiera herido como consecuencia de un desmayo o algo parecido.
– ?Vamos, Charlie! ?Uno no se hace una herida asi al tropezar con el cordon del zapato, joder! No fue un accidente.
Seidler no abandono su actitud cautelosa.
– La sangre que broto de la cabeza pareceria indicar que siguieron produciendose heridas cuando ya estaba en el suelo. Pero…, pero…, bueno, echa una mirada a esto, Frank.
Seidler subio al ascensor e hizo senas a Curtis para que le siguiera.
– ?Ordenador? -dijo cuando Curtis hubo subido-. Cierra las puertas, por favor.
– ?Que piso desea?
– Quedate en esta planta, por favor. -Senalo al interior de las puertas que se cerraban-. Ahora, fijate en eso. Hay salpicaduras de sangre a la altura del pecho. Pero no fuera del ascensor. Tampoco en ninguno de los pisos superiores. Lo se porque los he inspeccionado uno por uno.
– Vaya, que eficiencia la tuya, Charlie.
– Y que lo digas.
– Asi que dices que le golpearon cuando las puertas estaban cerradas.
– Eso parece, si. Pero no tiene magulladuras en las manos por haberse protegido, asi que yo diria que probablemente le atacaron por la espalda.
– ?Con que? ?Que debemos buscar? ?Una estaca? ?Un pedazo de tuberia? ?Una piedra?
– Quiza. Pero aqui dentro no hay mucho sitio para blandir un arma, ?verdad? Tendremos las ideas mas claras despues de la autopsia preliminar. -Seidler se volvio hacia el microfono-. Abre las puertas, por favor.
– Desde luego, sabes hablar a esa cosa -sonrio Frank.
– Que sitio tan acojonante, ?verdad?
Salieron del ascensor.
– Toda esta automatizacion… -dijo Curtis-. No se. Cuando era pequeno viviamos en Nueva York. Mi padre trabajaba en la Standard Oil. En los ascensores empleaban a dos botones, un operador y un despachador. Recuerdo perfectamente al despachador. Tenia un panel donde se iluminaban las llamadas de los pisos, y el decidia cuando mandar un ascensor. Igual que un guardia de trafico. -Agito la mano hacia las brillantes puertas de los ascensores y anadio-: Y fijate como estamos ahora. La maquina ha dejado sin trabajo al botones. A los dos botones. No tardara mucho en quitarnos el nuestro.
– Si, bueno, yo no me quejare si se queda el mio -bostezo Seidler-. Conozco mejores formas de empezar el dia.
– Te lo recordare cuando te despidan. Nat, quiero que investigues los antecedentes de Sam Gleig.
– De acuerdo, Frank.
– ?Oye, tu! ?Calvin Klein! Ven aqui.
Hernandez sonrio timidamente y se volvio hacia Curtis.
– Diga, inspector.
– Quiero que te quedes en el aparcamiento y, cuando aparezca la tal Hussey, le digas que me espere en el atrio, ?vale? La sala donde esta el arbol de Navidad. Voy arriba, a dar una vuelta por este parque de atracciones.
En su breve recorrido, Frank Curtis descubrio salas de reunion, cafeterias, restaurantes sin acabar, gimnasios sin equipar, una piscina vacia, un consultorio medico, un cine sin asientos, una bolera y una zona de descanso. Cuando estuviera acabada, la Parrilla iba a parecerse mas a un club de campo o a un hotel de lujo que a un bloque de oficinas. Todo, menos del quinto al decimo piso. Ahi Curtis encontro algo que le parecio sacado de las paginas de los tebeos: filas y filas de modulos de acero blanco, algo mas grandes que una cabina de telefonos, con muebles integrados plegables, un cable para enchufar en algun sitio y una puerta corredera semiesferica. Se sento en uno de aquellos habitaculos insonorizados, con la puerta cerrada, y se sintio como una rata o un conejillo de indias. Pero estaba claro que la Yu Corporation y sus proyectistas esperaban que la gente trabajase en esas
