tridimensionales de la Parrilla. Tambien miro la grabacion visual del proyecto en disco compacto, por si Richardson deseaba analizar en detalle cualquier parte del proceso o mostrar la evolucion del proyecto. Incluso se las habia arreglado para que transportasen la maqueta principal del edificio desde las oficinas de Richardson y Asociados de Sunset a la sala de juntas de la Parrilla, sin contar las replicas de tamano natural de determinados elementos utilizados en la construccion. Cuando Ray Richardson andaba de por medio, mas valia estar preparado para cualquier eventualidad.

Ya era tarde cuando termino, pero Mitch, Tony Levine, Helen Hussey y Aidan Kenny se quedaron dando los ultimos retoques al programa de inspeccion. Se alegraba de salir del edificio. Aunque acostumbrada a trabajar hasta tarde en oficinas vacias, en la Parrilla habia algo por la noche que no le gustaba nada. Siempre habia sido sensible al ambiente, cosa que atribuia a su ascendencia celta y, a diferencia de los demas componentes del equipo de proyecto, estaba mas que dispuesta a creer en el feng shui. Kay no veia nada malo en que se construyesen edificios en armonia con el entorno ni en que el hombre aprovechase las ventajas de la naturaleza. Que se respetase el espiritu de la tierra no era, en su opinion, mas que otro tipo de ecologismo. En su fuero interno, estaba convencida de que el edificio mejoraria mucho cuando se realizasen plenamente las modificaciones solicitadas por la asesora de feng shui.

Cuando llego al cavernoso garaje, el corazon le latia con fuerza y empezo a sentirse un poco mareada. Los espacios publicos, sobre todo de noche, la ponian nerviosa. Viviendo en Los Angeles, se dijo, no era tan raro. Pero no se trataba de una simple paranoia urbana. Kay padecia de una forma benigna de agorafobia. Y saber que aquello solia pasarle a veces no le facilitaba las cosas. Ni el hecho de que su coche, un Audi nuevo, se negase a arrancar.

La colera sustituyo al nerviosismo durante unos momentos cruciales. Kay solto un taco y salio del coche para llamar a la AAA desde la oficina de seguridad de la planta superior. Tenia la sensacion de que la observaban y, mientras atravesaba el garaje, se volvio bruscamente varias veces, con los tacones resonando en el suelo antideslizante como el tictac de un metronomo. ?Quien podia andar por alli abajo? Tras la muerte de Sam Gleig, era Abraham quien se ocupaba de la vigilancia nocturna. Aparte de sus companeros de la planta veintiuno, no habia nadie en el edificio. Kay sintio alivio al entrar de nuevo en el ascensor brillantemente iluminado que la conduciria a la planta baja.

Cuando se abrieron las puertas, la planta baja estaba en penumbra, y solo podia orientarse con la luz del ascensor y la que se filtraba de los niveles superiores. Las luces de los pisos solian apagarse por la noche. Como los que se quedaban trabajando hasta muy tarde solian salir por el garaje, Abraham ahorraba energia. Pero sus camaras y sensores infrarrojos debian notar su presencia y encender las luces.

Intentaba comprender por que no habia luz cuando las puertas del ascensor se cerraron a su espalda, dejandola casi a oscuras.

Kay contuvo el panico. No es que necesitase mucha luz para orientarse en la Parrilla. Tenia una memoria casi fotografica de los planos de cada planta del edificio. Para saber exactamente adonde se dirigia, solo tenia que imaginarse sentada frente a la pantalla, utilizando el sistema de diseno asistido por computador y dirigiendo el raton. Incluso antes de que se construyese, Kay sabia moverse por la Parrilla. Cuando finalmente acudio a la obra y recorrio la estructura terminada, experimento una sensacion de extrana familiaridad.

Pero cuando echo a andar hacia la oficina del guarda jurado, oyo una voz que le resultaba conocida.

– ?En que puedo servirla, senora?

Sintio que se le erizaban los cabellos.

– ?Ocurre algo?

Sam Gleig estaba en su posicion acostumbrada frente al mostrador, con su manaza sobre la pistola enfundada en la cadera. Y aunque estaba oscuro, Kay se dio cuenta de que le veia perfectamente, con todos los detalles, como banado en su propio circulo de luz.

– ?Saben ya lo que le paso al senor Yojo?

– ?Que… que quiere, Sam? -Kay empezo a retroceder hacia el ascensor-. ?Quien es usted?

Sam solto su carcajada lenta y sonora.

– No pretendo molestarla en absoluto -aseguro-. Bueno, ?quien se queda trabajando esta noche?

– Esta muerto, Sam -musito ella.

– Si, me da la impresion -repuso Sam-. ?Pobrecillo! ?Que lastima! ?Cuantos anos tenia?

Kay sentia el ascensor a su espalda. Lo toco con la mano, pero la cabina no llegaba.

– Por favor -dijo-. Marchese, se lo ruego.

Sam volvio a reirse y se examino las impecables puntas de los zapatos.

– Hay que hacer algo para aliviar el aburrimiento de un trabajo como este. ?Sabe lo que quiero decir?

– No, no lo se.

– Claro que lo sabe.

– ?Es usted… es un fantasma?

– No sabia que existiera algo asi. ?Maldita sea! ?Maldita sea, pues claro! ?Pobrecillo! ?Sabe una cosa? Este es el trabajo mas seguro que he tenido en mi vida.

Sam solto otra carcajada y Kay Killen empezo a gritar.

En la sala del consejo de administracion de la planta veintiuno, Mitch alzo la vista del ordenador y fruncio el ceno.

– ?Habeis oido algo? -pregunto.

Sus tres colegas se encogieron de hombros o negaron con la cabeza.

Mitch se puso en pie y abrio la puerta.

Esta vez lo oyeron todos.

– Kay -dijo Mitch.

El vestibulo seguia resonando con sus gritos cuando ellos corrian hacia los ascensores. Por el camino, Mitch se asomo a la galeria y grito a la oscuridad de abajo:

– ?Aguanta, Kay, ya vamos!

– ?Santo Dios, y ahora que? -exclamo Kenny, que entro en el ascensor despues de Mitch.

Las puertas se cerraron y el ascensor empezo a bajar mientras Mitch golpeaba las paredes con impaciencia.

Cuando llegaron al atrio, Kay cayo de espaldas en el ascensor y se golpeo la cabeza contra el suelo.

Mitch y Helen se pusieron en cuclillas junto a ella, inquietos, mientras Kenny y Levine se lanzaban en persecucion de su agresor. Todas las luces se habian encendido ya, y Kenny volvio enseguida, meneando la cabeza con aire perplejo.

– No he visto nada -anuncio-. Ni punetera cosa. ?Kay esta bien?

– Solo se ha desmayado, no ha sido nada -contesto Helen.

– ?Como que no ha sido nada? -repuso Levine-. ?Joder, pense que la estaban violando o matando!

Mitch apoyo a Kay contra su pecho mientras Helen la abanicaba para darle aire en la cara. Parpadeo y empezo a volver en si.

– ?Que ha pasado, carino? -le pregunto Kenny.

Volvio Levine, alzando los hombros.

– La puerta principal sigue cerrada -informo-. Y en la plaza no hay rastro de nadie.

– Todo va bien -dijo Mitch con voz suave, al ver que volvia a inquietarse-. Ya estas a salvo. -La ayudo entonces a inclinarse hacia delante y le coloco la cabeza entre las rodillas-. Tomatelo con calma. Te has desmayado, eso es todo.

– Sam -dijo ella con voz queda-. Era Sam.

– ?Ha dicho Sam? -dijo Levine.

– ?Sam Gleig? -pregunto Kenny.

Kay alzo la cabeza y abrio los ojos.

– Lo he visto -dijo con voz tremula y rompiendo a llorar.

Mitch le tendio su panuelo. Kenny y Levine se miraron.

– ?Quieres decir… un fantasma? -inquirio Kenny-. ?Aqui? ?En la Parrilla?

Kay se sono la nariz y emitio un hondo suspiro.

– ?Puedes levantarte? -le pregunto Mitch.

Ella asintio.

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