– Parece de locos, lo se -dijo, mientras Mitch la ayudaba a ponerse en pie-. Pero estoy segura de lo que he visto.

Sorprendio la mirada que intercambiaron Kenny y Levine.

– Que no son imaginaciones mias, ?eh? -insistio-. Estaba ahi. Incluso hablo conmigo.

Mitch le entrego el bolso, que ella habia dejado caer al suelo.

– No soy de las que se inventan algo asi. Ni de las que se imaginan cosas.

Mitch se encogio de hombros.

– Nadie esta diciendo eso, Kay. -La miro fijamente y anadio-: Si dices que lo has visto, es que lo has visto.

– Desde luego, no tienes aspecto de estar tomandonos el pelo -observo Levine.

– Tiene razon -tercio Helen-. Estas palida como la cera.

– ?Que te dijo? -pregunto Kenny-. ?Que aspecto tenia?

Kay sacudio la cabeza, con irritacion.

– No, no es eso. Os estoy diciendo que no se parecia a nadie, era Sam Gleig. Escuchad lo que digo, ?vale? Tenia el mismo aspecto de siempre. Y ademas, se reia. -Abrio la polvera y fruncio el ceno-. Vaya, estoy hecha una pena. Dijo…, dijo que tenia la impresion de estar muerto y que era una lastima. Palabras textuales, lo juro por Dios.

– Volvamos arriba -dijo Mitch-. A ver si te repones antes de volver a casa.

– Creo que a todos nos vendria bien beber algo -sugirio Kenny.

Entraron en el ascensor y subieron a la planta veintiuno. Mientras Kay se arreglaba el maquillaje, Levine abrio el bar de la sala del consejo de administracion y sirvio cuatro vasos pequenos de whisky.

– Yo creo en los fantasmas -declaro Aidan Kenny-. Mi madre vio uno, una vez. Y nunca la oi mentir en nada. Ni inventar historias.

– Pero desde entonces has oido mucho -observo Levine.

– Yo no miento -insistio Kay en tono firme-. Me dio un susto de muerte, y no me averguenza confesarlo.

Termino de aplicarse el lapiz de ojos y apuro el whisky antes de pintarse los labios.

– ?Sera de los cimientos? -aventuro Levine-. Me refiero a que tienen diez metros de profundidad, ?no? ?Lo habremos construido, ya sabeis, encima de algo?

– ?De un cementerio indio o algo asi, quieres decir? -repuso Kenny-. Venga, hombre.

– Este era el antiguo emplazamiento del edificio de Abel Stearns -explico Mitch-. Uno de esos aventureros del Norte que vino de San Francisco a fines del siglo pasado a comprar terrenos y construyo aqui. Cuando su empresa se vendio, en los anos sesenta, los nuevos duenos demolieron el edificio y esto se convirtio en un solar hasta que aparecio otro constructor. Pero luego quebro, y la Yu Corporation lo compro.

– Pero ?y antes de Abel Stearns? -insistio Levine-. Quiero decir que toda esta zona era del Pueblo de Los Angeles, ?no? Mexicanos, indios aztecas. ?Por que no?

– Que no te oiga Joan pronunciar la palabra indio -dijo Kenny-. Esa mujer es el equivalente nativo americano del reverendo Al Sharpton.

– Los aztecas realizaban sacrificios humanos. Arrancaban el corazon de sus victimas mientras estaban vivitas y coleando.

– Igual que Ray Richardson -opino Kenny-. De todas formas, Tony, Sam era negro. O, mejor dicho, afroamericano. No era de esos aztecas de los cojones. Un gilipollas, quiza. ?Que clase de guarda jurado seria para dejarse asesinar y luego asustar asi a una mujer indefensa, apareciendosele como un fantasma!

– Escuchad -dijo Kay~. Quiero que me prometais una cosa. Que no ireis por ahi contando a la gente lo que ha pasado esta noche. No quiero que esto se convierta en un tema de guasa en la oficina, ?vale? ?Me lo prometeis?

– Naturalmente -contesto Mitch.

– Pues claro -sonrio Helen.

Kenny y Levine se encogieron de hombros y luego, con un movimiento de cabeza, manifestaron su aquiescencia.

Solo nos queda esperar que manana la inspeccion se desarrolle sin mas incidentes -dijo Mitch. Amen -suspiro Kenny.

Mitch volvio a la Parrilla a las siete y media de la manana siguiente. A la limpia y luminosa claridad del sol era dificil imaginar que alguien hubiera podido ver un fantasma en aquel edificio. A lo mejor se trataba de alguna alucinacion. Habia leido que una vivencia con LSD podia volver a repetirse en algun momento de la vida, por muy atras que quedase la experiencia original, y penso que eso, o algo parecido, seria la explicacion mas probable.

Queria haber pasado a ver a Jenny Bao, para que le diera su respuesta sobre el certificado provisional de feng shui. Pero le esperaba todo un dia con Ray Richardson, y sabia que su jefe llegaria antes de las ocho. Asi que lo primero que hizo nada mas llegar, fue llamarla.

– Soy yo -le dijo.

– ?Mitch? -repuso ella con voz adormilada-. ?Donde estas?

– En la Parrilla.

– ?Que hora es?

– Las siete y media. Lo siento, ?te he despertado?

– No, no te preocupes. Iba a llamarte de todos modos. He decidido entregarte el certificado, para el lunes. Pero solo porque eres tu. Y solo porque el tong shu dice que el lunes sera un dia de buenos auspicios.

– Estupendo. Gracias, Jenny. Muchas gracias. Te lo agradezco.

– Si, bueno, pero con una condicion.

– Lo que quieras.

– Que pueda ir hoy a celebrar una ceremonia de purificacion del local. Para asegurarme de que todos los malos espiritus salen del edificio y de que entran los buenos, los qi.

– No faltaba mas. ?Que clase de ceremonia?

– Es complicado. Entre otras cosas, tendremos que sacar los peces del estanque. Ademas, habra que cortar la energia electrica durante un rato. Y poner una bandera roja en el panel indicador de fuera. Ah, si, deberan oscurecerse las ventanas, pero eso puede hacerse automaticamente, ?no? Y otra cosa: aunque no se como te las arreglaras con ese sistema de alarma contra incendios tan preciso, tengo que encender fuego en un hornillo de carbon en el umbral de la puerta y aventarlo hasta que se hagan brasas.

– ?Joder! -exclamo Mitch-. ?Para que sirve el carbon?

– Propicia un resultado caluroso de la inspeccion que el senor Yu hara el lunes.

– Brindare por eso -rio Mitch-. Por lo que a mi respecta, puedes quemar un bosque entero si lo consideras necesario. Pero ?tiene que ser hoy? Richardson estara alli todo el dia. ?No puedes venir el fin de semana?

– No soy yo quien dice que debe hacerse hoy, Mitch, sino el tong shu, el almanaque chino. Esta tarde es un buen momento para llevar a cabo las ceremonias destinadas a ahuyentar los malos espiritus.

– De acuerdo, nos veremos esta tarde.

Mitch colgo y meneo la cabeza. Dadas las circunstancias, habia preferido no mencionar lo que habia visto por Kay Killen. Era imposible saber lo que Jenny hubiera querido hacer entonces. ?Un exorcismo completo? ?Bailar desnuda alrededor del arbol? ?Como cono iba a decirle a Ray Richardson que Jenny Bao pensaba encender un hornillo de carbon para ahuyentar con el humo a los malos espiritus de su edificio ultramoderno?

Frank Curtis se desperto sobresaltado, preguntandose por que estaba deprimido. Entonces se acordo: hacia diez anos que su hermano habia muerto de cancer. Apartandose de su mujer, Wendy, todavia dormida, se dirigio al despacho, a buscar la caja de carton donde guardaba los albumes de fotografias.

No era que necesitase ver las fotografias para recordar como era su hermano. Para eso solo tenia que mirarse al espejo, porque Michael y el habian sido gemelos identicos. Mirarlas era la forma de recordar como habia sido el antes, la mitad de un todo.

La muerte de Michael habia sido como perder un brazo. O algun organo vital. Despues, Curtis tuvo la sensacion de ser solo la mitad de una persona.

Wendy aparecio en el umbral.

Вы читаете El infierno digital
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату