rampa. Aparco junto al Honda de Jenny Bao. Declan Bennett bajo del coche y lo cerro de un portazo. Segundos despues, Warren Aikman lanzaba su coche hacia la puerta del garaje antes de que se cerrase.
– Parece que tiene prisa -observo Bennett-. ?Donde esta el jefe? ?Llego tarde?
– Tranquilo. Tardara un poco todavia. ?Por que no lo esperas en la sala de juntas? Planta veintiuno.
– Gracias.
Bennett subio al ascensor, sonrio ampliamente y luego se cerraron las puertas. Mitch estaba solo. Aguardo unos momentos y luego grito:
– ?Allen? Soy yo, Mitch. Estoy aqui. -Anadio entre dientes-: ?Donde cono se ha metido el mochales ese? -Y luego, en voz alta-: Tengo cosas que hacer, Allen.
Nada. Aliviado de que Allen se hubiese ido, se dirigio de nuevo a los ascensores. Con los polis, el
– Ah, estas ahi -dijo Mitch, molesto porque despues de todo tendria que escuchar a Grabel.
Su primera impresion fue que le iba a pedir un favor para recuperar su trabajo. Lo que no resultaria muy dificil, con tal de que se afeitara, se diera un bano y se apuntara a Alcoholicos Anonimos.
– No queria que me vieran -se disculpo Grabel.
– ?De que cono se trata, Allen? No has podido elegir peor dia para volver aqui. Y mira como estas.
– Calla de una puta vez, Mitch. Y escucha.
En cuanto comprendio lo que acababa de hacer, Jenny Bao echo de nuevo los peces al estanque. El
– Es la historia mas delirante que he oido en la vida -aseguro Mitch-. ?Y tambien te comiste el jodido gusano del fondo de la botella?
– ?Es que no me crees?
– ?Joder, Allen, si me creyera esa historia estaria tan chaveta como tu! ?Vamos, hombre! Necesitas un psiquiatra.
– Estaba alli, Mitch. Lo vi. Sam Gleig subio al ascensor. Y entonces la cabina se puso a subir y bajar a toda velocidad. Observe el panel indicador. ?Bam! ?Subia como un cohete! ?Bam! ?Y bajaba de golpe! Se abrieron las puertas y alli estaba, tendido en el suelo. Como un huevo en una lata de galletas. Y el caso es que Sam Gleig esta muerto y no teneis ninguna explicacion valida.
Pero entonces Mitch ya tenia una explicacion que le parecia bastante probable. Aquel hombre tenia el peso, la altura y la fuerza suficientes. Si alguien podia haber eliminado a Sam Gleig, era el. Y con una botella de cualquier cosa en el cuerpo, nadie sabia lo que Grabel era capaz de hacer.
– ?Crees que tu explicacion es mejor? -replico Mitch con desprecio-. Es increible que hayas tardado tanto tiempo en inventar una historia como esa-. ?Que le mato el
– Queria joder a Richardson.
– ?Que quieres decir con joderlo?
– Joderlo. A su punetero edificio. Todo. Jorobarlo. Mandar a tomar por el culo todo el programa de los cojones.
Mitch hizo una pausa, tratando de comprender las posibles implicaciones de lo que Grabel estaba diciendo. Volvio a pensar en los dos policias de arriba, y en quedar al margen de toda sospecha.
– Te encontraremos un buen abogado, Allen -le aseguro.
Grabel empezo a retroceder. Mitch lo sujeto.
– ?No, ni hablar! -grito Grabel-. ?Sueltame!
El punetazo llego inesperadamente.
Mitch fue vagamente consciente de estar tendido en el suelo del garaje, con la sensacion de haber recibido una fuerte descarga electrica. Oyo ruido de pasos que se alejaban, y al fin perdio el conocimiento.
– ?Quien cono son ustedes?
Ray Richardson se detuvo en el umbral de la sala de juntas y fruncio el ceno ante los cuatro desconocidos que estaban sentados en torno a la mesa bebiendo cafe.
Curtis y Coleman se pusieron en pie. Los dos ultimos obreros que habian interrogado, unos pintores llamados Dobbs y Martinez, siguieron sentados.
– Soy el inspector de primera clase Curtis y este es el inspector Coleman. Usted debe ser el senor Richardson.
Coleman se abotono la chaqueta y cruzo las manos por delante, como un invitado a una boda.
Ray Richardson asintio con expresion malhumorada.
Curtis esbozo una amplia sonrisa mientras el resto del equipo de proyecto entraba en la sala.
– Senoras y caballeros -dijo-, solo necesito que me dediquen un poco de tiempo. Se que estan muy ocupados pero, como seguramente sabran, un hombre ha sido asesinado en este edificio. Supongo que muchos de ustedes lo conocian. Y el caso es que hasta el momento no hemos adelantado suficiente en nuestras averiguaciones. Asi que nos gustaria hacerles unas preguntas. Solo sera cuestion de unos minutos.
Miro a los dos pintores.
– Ustedes dos pueden marcharse. Y gracias.
– Ahora no nos viene bien, inspector -objeto Richardson-. ?No podrian venir en otro momento?
– Pues el senor Bryan nos ha dicho que no habria inconveniente, senor.
– Ya veo -dijo Richardson en tono arrogante-. ?Y donde esta el senor Bryan, exactamente?
– Ni idea -repuso Curtis-. Se fue hace unos veinte minutos. Crei que habia ido a buscarlos.
Richardson decidio perder los estribos.
– ?No me lo creo! ?Es increible, joder! Asesinan a alguien con antecedentes penales y dos personajes como ustedes esperan que mi mujer, mi personal y yo les demos una pista, ?no es eso? -Solto una risa sarcastica-. ?Es una broma?
– No es ninguna broma -replico Curtis, molesto de que le llamaran personaje-. Para su informacion, senor, le dire que se trata de una investigacion de asesinato. Y estoy intentando ahorrarle tiempo y evitarle publicidad. Lo que, segun tengo entendido, es lo que usted queria.
Richardson lo fulmino con la mirada.
– O si no, puedo ir al Ayuntamiento a solicitar una orden judicial para que vayan a declarar a New Parker Center. Usted no es el unico que tiene influencia alli, senor Richardson. Tengo de mi lado al fiscal del distrito, por no mencionar la maquinaria de la justicia, y me importa un bledo que usted lo considere una broma. Y tampoco me interesa que usted quiera acabar este edificio que ofende la vista. Ni lo que cuesta. -Curtis sintio deseos de llamarle cabron, pero lo penso mejor- Se trata de la supresion de una vida humana, y tengo la intencion de descubrir lo que ha pasado. ?Esta claro?
Richardson se puso en pie, con las manos hundidas en los bolsillos del pantalon, apuntando belicosamente al policia con la barbilla.
– ?Como se atreve a hablarme asi? ?Como se
Curtis ya le estaba agitando la placa en la nariz.
– Asi es como me atrevo, senor Richardson. Placa numero 1812 del Departamento de Policia de Los Angeles. Igual que esa punetera obertura, para que se acuerde cuando informe a mis superiores, ?entendido?
– Cuente con ello.
Marty Birnbaum, el director administrativo, intento suavizar la situacion.
– Quiza sea mejor que procedamos con calma -sugirio-. Si quisieran pasar a la habitacion de al lado, senores agentes, a la cocina, alli podrian formular sus preguntas. Y nosotros…, nos sentaremos. Podriamos continuar con nuestra reunion y turnarnos para hablar con estos senores. -Miro a Curtis y enarco las cejas-. ?Que les parece?
– Nos parece bien, senor. Estupendo.
