Entonces, al ver que Declan Bennett entraba en la sala, Birnbaum penso que seria mejor que Richardson desapareciera. Asi habria menos lio.
– Quiza me equivoque, Ray, pero me parece que nunca has hablado con Sam Gleig, ?verdad?
Richardson seguia de pie, con las manos en los bolsillos y aspecto de nino decepcionado.
– No, Marty -dijo en voz queda, como si saliera de algun sueno-. Nunca he hablado con el.
Coleman y Curtis intercambiaron una mirada.
– Bueno, eso es posible -murmuro Coleman.
– ?Joan? ?Has hablado con el alguna vez?
– No -contesto ella-. Yo tampoco. Ni siquiera sabria decir que aspecto tenia.
El equipo de proyecto empezo a sentarse.
– En ese caso, no tiene mucho sentido que os quedeis -dijo Birnbaum, que, dirigiendose a Curtis, explico-: Los senores Richardson cogen un avion para Londres esta noche.
– Vaya dia, ?verdad? -comento Curtis.
– Sera mejor que salgais para el aeropuerto, Ray. Yo concluire la reunion. No es preciso que te quedes. Si le parece bien al inspector jefe.
Curtis asintio y miro por la ventana. No lamentaba haber montado en colera, aunque aquel tipo informara a sus superiores.
Richardson apreto el codo de Birnbaum y empezo a recoger sus cosas de la mesa.
– Gracias, Marty -dijo-. Y gracias a todos los demas, tambien. Estoy orgulloso de vosotros. Todos habeis prestado una importante contribucion a este proyecto, que se ha terminado en el plazo previsto y sin sobrepasar el presupuesto. Esa es una de las razones por las que nuestros clientes, tanto del sector publico como del privado, siguen dirigiendose a nosotros para encargarnos nuevos proyectos. Porque la calidad arquitectonica…, y no permitais que los ignorantes digan lo contrario, este es un edificio magnifico…, la calidad no es solo una cuestion de diseno. Tambien supone el triunfo comercial.
Joan desencadeno un pequeno aplauso y luego, con Declan Bennett tras ellos, ella y su marido abandonaron la sala.
– Bien hecho, Marty -dijo Aidan Kenny, mientras el resto de los asistentes exhalaba un sonoro suspiro de alivio-. Has llevado muy bien la situacion. Estaba a punto de darle un ataque.
Birnbaum se encogio de hombros.
– Cuando Ray se pone asi, hago como si fuese uno de mis dobermans.
Jenny ayudo a Mitch a levantarse.
– ?Estas bien? ?Que te ha pasado? Tienes sangre en el labio.
Mitch se tanteo la mandibula y se llevo la mano a la cabeza. Luego se paso la lengua por el labio e hizo una mueca al sentir una herida dentro de la boca.
– ?El muy cabron! -murmuro sin enfasis-. Allen Grabel me ha dejado sin conocimiento. Se ha vuelto loco.
– ?Te ha pegado? ?Por que?
– Creo que tiene algo que ver con la muerte del guarda jurado -gruno Mitch, girando la cabeza sobre los hombros-. Supongo que no le habras visto, ?verdad? Un tipo con aspecto de vagabundo.
– No he visto a nadie. Venga. Volvamos arriba a ponerte algo en esa herida.
Cruzaron el garaje y subieron en el ascensor.
– ?Como va la ceremonia?
– Mal.
Jenny le explico su error con los calendarios.
– Era de esperar -observo Mitch-. A lo mejor deberias hacerme el horoscopo. Desde luego, no es mi dia. Ojala me hubiera quedado en casa, en la cama.
– Ah. ?Con tu mujer o sin ella? Mitch sonrio dolorosamente. -?Tu que crees?
Cuando todos se marcharon de la piscina, Kay Killen se quito la empapada ropa interior y nado desnuda. Su cuerpo fuerte y moreno mostraba la raya del diminuto bikini, no lo bastante marcada, sin embargo, para indicar que en la playa llevaba la parte de arriba. Kay no era una mujer timorata.
Infimas cantidades de orina, transpiracion, cosmeticos, piel muerta, vello pubico y otros compuestos amoniacales se desprendian del ligero cuerpo de Kay. Cuando el agua contaminada por esos elementos pasaba por el sistema de circulacion, se mezclaba con ozono antes de volver a la piscina.
Primero noto el gas en forma de una nubecilla de vapor amarillento que flotaba hacia ella por la piscina. Penso que habria alguien al borde, fumando un puro o una pipa. Solo que la nube estaba demasiado cerca de la superficie para que hubiese sido exhalada por los pulmones de algun miron invisible. Cubriendose los amplios pechos con los antebrazos, Kay se irguio en el agua y empezo a retirarse instintivamente de la nube de aspecto nocivo. Luego se volvio y nado hacia la escalera.
Casi habia salido del agua cuando el olor a gas le llego a las aletas de la nariz. Y en el mismo momento le inundo los pulmones. La nube la envolvio y de pronto ya no pudo respirar. Un dolor violento -el mas fuerte que habia sufrido nunca- le atenazo el pecho y cayo, jadeando, sobre la terraza de la piscina.
Se dio cuenta de que la estaban asfixiando con gas; empezo a expectorar grumos de espuma sanguinolenta, pero eso no le procuraba alivio alguno, solo empeoraba el dolor. Hubiera deseado poder toser para vaciar todo lo que contenia su pecho oprimido.
Si sus pulmones no hubiesen estado llenos de gas de cloro, habria podido gritar.
Kay se arrastro por la terraza de la piscina.
Si solo hubiese podido aspirar un poco de aire puro.
Con un esfuerzo supremo se puso en pie y, a ciegas, dio unos pasos tambaleantes. Pero en vez de avanzar hacia la puerta cayo al agua, cerca de la valvula abierta de salida y de otra nube, aun mas densa, de gas de cloro.
Durante unos instantes forcejeo por mantener la cabeza por encima de la superficie, hasta que el agua parecio suavizar sus ardientes pulmones y dejo de luchar.
En el ascensor, Ray Richardson juro venganza.
– ?Voy a destrozar al gilipollas ese! -gruno-. ?Has visto el tono en que me ha hablado?
– Tienes su numero de placa -le recordo Joan-. Me parece que deberias tomarle al pie de la letra e informar a sus superiores. Es el 1812, ?no?
– 1812. ?Quien cono se ha creido que es? Voy a escribirle una obertura que nunca olvidara. Dedicada al superior de sus cojones. Con artilleria pesada.
– ?No seria mejor que llamases al Ayuntamiento, a Morgan Phillips?
– Tienes razon. Aplastare a ese arrogante cabron. Se arrepentira de haberse levantado de la cama esta manana.
Se abrieron las puertas del ascensor. Declan les abrio el Bentley y luego subio de un salto al asiento del conductor.
– ?Como esta el trafico, Declan?
– No muy mal. Creo que llegaremos pronto. Hace buena tarde para tomar el avion, senor.
El motor rugio y el coche avanzo hacia la puerta del garaje. Declan asomo la cabeza por la ventanilla y pronuncio su nombre para el codigo SITRESP.
La puerta siguio cerrada.
– Soy Declan Bennett. Abre la puerta del garaje, por favor.
Nada.
Pulsando un boton, Richardson abrio su ventanilla y grito hacia el microfono de la pared:
– Soy Ray Richardson. ?Abre la jodida puerta! Que maravillosa es la vida, ?eh? -gruno-. Solo me faltaba esto para la inspeccion definitiva del lunes.
– ?Llamamos a alguien para que lo arregle? -sugirio Joan.
– Ahora mismo, lo que mas deseo es largarme de aqui. -Richardson rechino los dientes y sacudio despacio la cabeza-. Llamaremos a un taxi. Y saldremos por la puerta principal.
Declan dio marcha atras, hacia los ascensores. Bajaron los tres del coche y subieron en ascensor a la planta baja. Pasaron frente al arbol y atravesaron el enlosado de marmol blanco.
– ?A que huele? -dijo Richardson.
– ?Que es esa musica? -pregunto Joan.
