Los cuatro hombres salieron al pasillo en direccion a los ascensores.

– ?Cual? -pregunto Ellery.

Mitch toco las puertas con cautela. Tal como habia dicho Richardson, estaban heladas.

– El del medio, de este lado.

Ellery escogio un largo cuchillo para el pan y se tumbo boca abajo en el suelo. Coloco la punta del cuchillo donde se juntaban las puertas y empezo a hacer fuerza. De pie, Levine intento meter otro cuchillo mas arriba, entre los paneles. Ninguno de los dos consiguio gran cosa.

– No quiere entrar -gruno Ellery.

– Tenga cuidado de no cortarse -le recomendo Curtis.

– No cede ni un milimetro. O el sistema de mando tiene mas fuerza de lo que pensaba, o las puertas estan completamente atascadas.

Levine rompio el cuchillo y por poco no se rebano el dedo.

Provisto de unas tijeras abiertas, Curtis avanzo y ocupo el lugar de Levine.

– Dejeme probar.

Al cabo de unos minutos se aparto a su vez y, con mas atencion, examino la juntura de arriba abajo. Luego paso el pulgar por la parte alta e hizo palanca en la junta con la hoja de las tijeras. Algo se rompio, pero no era metal.

– Las puertas no estan completamente atascadas -dijo sombriamente. Se agacho a recoger el fragmento que habia caido en la moqueta y lo mostro en la palma de la mano para que lo vieran todos. Era un trozo de hielo-. Estan completamente congeladas.

– ?Mierda! -jadeo Mitch.

– Lamento decirlo, senores -dijo Curtis- Pero casi con toda seguridad, quien se encuentre detras de esas puertas ya estara muerto.

– ?Pobrecillos! -comento Arnon-. Vaya forma de morir, joder.

Ellery se puso en pie, jadeante.

– No me encuentro bien -anuncio.

– ?Y ya esta? -inquirio Levine-. ?Es que vamos a darnos por vencidos?

Curtis se encogio de hombros.

– Acepto cualquier sugerencia.

– Tiene que haber algo que podamos hacer. ?Mitch?

– El inspector tiene razon, Tony. Probablemente ya estaran muertos.

Frustrado, Levine dio una patada a la puerta y solto una andanada de tacos.

– Tranquilo -dijo Mitch.

– Ya hay cuatro personas, quiza cinco, muertas en este edificio, ?y me dices que este tranquilo? ?No lo entiendes, Mitch? ?Estamos acabados, hombre! Nadie va a salir de aqui. Ese cabron de Grabel va a eliminarnos uno por uno.

Curtis cogio firmemente a Levine por los hombros y lo empujo violentamente contra la pared.

– Sera mejor que empiece a afrontar la situacion -le advirtio-. No quiero oirle decir mas chorradas. -Soltando a Levine de su poderosa presa, anadio sonriendo-: No hay que inquietar a las damas.

– No se preocupe por ellas -intervino Arnon-. Tienen cojones para lo que sea…, mas que otros, en todo caso. Creame, inspector, son incombustibles.

– ?Me disculpan, por favor? -pidio debilmente Ellery-. Tengo que ir al lavabo.

Mitch lo cogio del brazo.

– Estas un poco palido, Willis. ?Te encuentras bien?

– No mucho -admitio Ellery.

Los otros tres hombres vieron como se alejaba por el pasillo en direccion a la sala de juntas.

– Dave tiene razon -dijo Levine, sonriendo con sarcasmo-. Aqui, las unicas damas que pueden inquietarse son Ellery y Birnbaum.

– ?Cree que se le pasara? -pregunto Curtis a Mitch, sin hacer caso a Levine.

– Le tenia carino a Kay, eso es todo.

– Todos la queriamos -observo Arnon.

– Quiza este un poco deshidratado -sugirio Curtis-. Tendremos que ocuparnos de que beba algo.

Volvieron a la sala de juntas y sacudieron la cabeza cuando los otros les preguntaron por los tres encerrados en el ascensor.

– Asi que la cosa es grave -comento secamente Marty-. Bueno, por lo menos no moriremos de hambre ni de sed. He preparado una lista de nuestras provisiones, aunque no comprendo por que se me ha encomendado una tarea tan domestica. Aqui soy el socio mas importante, ?sabes, Mitch? Por derecho, me corresponderia estar al cargo de todo.

– ?Quiere tomar el mando? -le pregunto Curtis-. Pues sirvase. Yo no pretendo lucirme ni tengo un ardiente deseo de imponer mi voluntad a los demas. Si se cree capaz de sacarnos de aqui, adelante, no sere yo quien se lo impida.

– No he dicho eso. Simplemente, observaba que se ha invertido el orden jerarquico.

– Bueno, eso es lo que pasa en momentos de crisis, Marty -repuso Arnon, sarcastico-. Las viejas estructuras de clase ya no significan nada. La supervivencia suele basarse en la posesion de cierta sabiduria practica. Como ser ingeniero. Tener un profundo conocimiento del terreno. Esas cosas.

– ?Estas insinuando que no se nada de este edificio, David? ?En que crees tu exactamente que consiste el trabajo de un director administrativo en una empresa como esta?

– ?Sabes una cosa, Marty? Hace meses que me vengo haciendo esa misma pregunta. Me encantaria conocer la respuesta.

– ?Vaya, hombre! -La indignacion hizo que Birnbaum se pusiera en posicion de firmes, como quien se defiende ante un tribunal-. Diselo, Mitch. Dile…

Curtis se aclaro ruidosamente la garganta.

– ?Por que no lee la lista? -propuso-. Ya discutiran sobre sus respectivas funciones cuando salgamos de aqui.

Birnbaum fruncio el ceno y luego, malhumorado, empezo a enumerar las provisiones:

– Doce botellas de dos litros de agua mineral con gas, veinticuatro botellas de Budweiser, doce botellas de Miller Lite, seis botellas de un mediocre Chardonnay californiano, ocho botellas de zumo de naranja recien exprimido, ocho bolsas de patatas fritas, seis bolsas de cacahuetes tostados, dos poulets frios, un jamon, un salmon, seis barras de pan, varios trozos de queso, fruta, hay mucha fruta, seis chocolatinas Hershey y cuatro termos grandes de cafe. La nevera no funciona, pero todavia hay agua corriente.

– Muchas gracias, Marty -dijo Arnon-. Buen trabajo. Ya puedes marcharte a casa.

Birnbaum enrojecio, puso la lista en manos de Curtis y volvio con paso resuelto a la cocina, seguido por la risa cruel de David Arnon.

– Suficiente comida, en cualquier caso -dijo Curtis a Coleman.

– Yo me beberia una cerveza -repuso este.

– Yo tambien -dijo Jenny-. Estoy sedienta.

– Mi estomago resuena como la falla de San Andreas -dijo Levine-. ?Quieres algo de la cocina, Bob?

Bob Beech empujo la silla apartandose del terminal simple, se puso en pie y se acerco a la ventana.

– ?Bob? -le pregunto Mitch-. ?Tienes algo que decirnos?

Todos perdieron el apetito o la sed cuando llego la tranquila respuesta de Beech:

– Creo que tendremos que revisar nuestras expectativas de rescate. Radicalmente.

Eran casi las nueve.

– Ninguno de nosotros tiene un horario regular, ?verdad? -dijo Bob Beech-. Yo, por ejemplo, a veces trabajo hasta medianoche. Y ha habido ocasiones en que ni siquiera he vuelto a casa. Me parece que puede decirse lo mismo de casi todos los que estan en esta habitacion. ?Inspector Curtis?

– Un policia trabaja a cualquier hora -admitio con un encogimiento de hombros-. Vaya al grano.

– ?Les suena el nombre de Roo Evans, senores?

Nathan Coleman miro a Curtis y asintio.

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