– ?Gilipollas de mierda! -gruno-. Despues que nos estamos rompiendo los cojones para tratar de salvar a tres personas encerradas en un ascensor controlado por un ordenador asesino, ?me viene ahora conque podia haberlo desconectado desde el principio?

Su rostro se crispo aun mas, y parecia a punto de golpear a Beech cuando Coleman le contuvo.

– Tranquilo, Frank -le insto Coleman-. Todavia le necesitamos para desconectarlo.

Beech dio un tiron de la corbata, liberandola de la presa de Curtis.

– ?De todos modos, ya estaban muertos! -grito-. Usted mismo lo ha dicho. Ademas, nadie que este en sus cabales tira a la basura un soporte informatico de cuarenta millones de dolares sin comprobar su arquitectura de subsuncion. Una cosa es un accidente. Y otra que Abraham sea culpable de estar vivo.

– Es un tipo despreciable -dijo Curtis con una mueca de asco-. Dolares y centavos. Eso es lo unico en que piensa la gente como usted.

– Lo que esta sugiriendo es absurdo. Nadie en su sano juicio tiraria al retrete un Yu-5 sin tratar primero de hacer una comprobacion a fondo.

– Ya han muerto cinco personas, senor mio. ?Que mas comprobacion necesita?

Beech sacudio la cabeza y le volvio la espalda.

– ?Y que se propone hacer -inquirio Curtis- cuando tenga su jodida comprobacion? -Mirando a Coleman con impaciencia, ordeno-: Vale, Nat, sueltame ya. -Y de un empujon se libero del ya debil abrazo de su companero-. ?Es que aun tenemos que morir algunos mas para que se le meta en su dura mollera que

esto no es un estupido experimento del Instituto de Tecnologia de California, o del de Massachusetts, o del caldo de cultivo del que haya salido usted? Ahora no se trata de vida artificial. Sino de vida real. De hombres y mujeres con familia. No de un punetero hombre de hojalata sin corazon.

– ?Bob? -dijo Mitch-. ?Puedes desconectarlo? ?Es posible?

Beech se encogio de hombros.

– Lo correcto seria pedir autorizacion al senor Yu. Hay un procedimiento oficial para hacer estas cosas, ?sabes?

– ?A tomar por el culo el senor Yu! -exclamo Curtis-. ?Y a la mierda el procedimiento de los cojones! Por si lo ha olvidado, no es facil ponerse en contacto con nadie en estos momentos.

– ?Vamos, Bob! -urgio Mitch.

– Vale, vale -repuso Beech, sentandose frente al terminal-. Lo iba a hacer de todos modos.

El walkie-talkie zumbo. Contesto Coleman, que salio al pasillo en direccion a la galeria.

– ?Aleluya! -dijo Helen-. A lo mejor podemos salir ahora de este rascacielos de locos.

– ?Amen! -repuso Jenny-. Toda la tarde he tenido un mal presentimiento sobre este sitio. Y por eso he venido, precisamente. Para librarlo de los malos espiritus.

– Que cada cual aporte su granito de arena -intervino Arnon, dejandose caer en el sofa-. A ver si salimos cuanto antes de aqui.

– Si, bueno, pero esperad sentados -recomendo Beech-. Lleva tiempo verter acido informatico en el equivalente de un millar de ordenadores corrientes.

– ?Cuanto? -quiso saber Curtis.

– En realidad, no lo se. Nunca me he cargado un ordenador de cuarenta millones de dolares. Nos llevo treinta y seis minutos entrar en contacto con Isaac, y el programa solo tenia un par de horas de vida. ?Te acuerdas, Mitch? El SAR.

Beech empezo a teclear instrucciones.

– Si, me acuerdo.

– Pues desde entonces, este cabron lleva meses funcionando. Incluso antes de que lo instalaramos en este edificio. Solo Dios sabe la cantidad de datos que ha recogido en todo este tiempo. Quiza tardemos varias horas.

– ?Varias horas? -repitio Curtis, consultando su reloj.

– Como minimo.

– ?Esta de broma!

– ?A santo de que? Oiga, si quiere encargarse de esto, inspector, le cedo la silla.

– Sigue con ello, Bob -insistio Mitch-. Por favor.

– Vale, ahi vamos -suspiro Beech, y sus manos repiquetearon sobre el teclado-. Es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo. Este es el fin. -Empezo a cantar el estribillo de una cancion de los Doors-. El fin.

– Nunca me ha gustado esa cancion -observo Arnon-. Es deprimente. ?Vaya letra! Nadie saldra vivo de aqui. Muy apropiado, ?eh?

– ?Abraham? -dijo Beech-. Estamos extendiendo la alfombra negra para mandarte al olvido, amigo de silicio. Si dependiera de mi, me habria gustado conocerte un poco mejor. Pero no es hora de razonar, sino de hacer que mueras. Aqui hay un poli que dice que debes desaparecer, amigo, de otro modo me convertira en Rodney King Segundo. Asi que es hora de dormir para el Nino Prodigio. Capisce? El Sueno Eterno para el Gran Paquidermo. FDD. FNV. FDV.

Nathan Coleman se asomo por la balaustrada de cristal que daba al atrio y miro a la planta baja. Era como estar en el mastil de un buque y mirar a los insectos humanos que se arrastraban por el blanqueado castillo tie popa. Habia tres. El walkie-talkie emitio un chasquido, como el ruido de una vela suelta, y uno de los insectos agito la mano.

– ?Eh! -dijo Richardson-, ?que cono pasa ahi arriba? Nos sentimos abandonados, como en una isla desierta o algo asi.

– Es una larga historia, y no estoy seguro de haberla entendido bien. Han hablado mucho de vida artificial y esas cosas en un tono muy filosofico. Pero en la seccion de deportes dijeron que su ordenador ha estado actuando por iniciativa propia. Que se ha vuelto loco o algo parecido. En cualquier caso, asi estan las cosas: el senor Beech esta tratando de cargarselo -dijo Coleman, seguro de que esa noticia sulfuraria al arquitecto-. Con mucha reticencia.

– ?Y para que, cono? Solo es cuestion de esperar tranquilamente.

– Me parece que no, senor Richardson. Mire usted, Abraham ha anulado su vuelo a Londres. Y a traves del ordenador central de la policia en el Ayuntamiento, ha hecho que nos retiren del servicio al inspector Curtis y a mi. Aparte de otras cosas. El resultado es que nadie nos espera en casa esta noche. Es como si

el ordenador pensara convertirse en el primer asesino multiple del Valle del Silicio.

Coleman oyo que Richardson transmitia la noticia a Joan y Dukes. Luego, el arquitecto dijo:

– ?A quien se le ha ocurrido esa estupidez, por el amor de Dios? No, no me lo diga. Al cabeza de chorlito de su inspector. Paseme a Mitchell Bryan, ?quiere? Necesito hablar con alguien que entienda bien la situacion. No se ofenda, muchacho, pero se habla de un ordenador que ha costado cuarenta millones de dolares, no de una mierda de agenda electronica.

Nat se metio dos dedos en la boca e hizo que vomitaba sobre la cabeza de Richardson.

– Le dire que le llame, ?vale?

Coleman desconecto el walkie-talkie y volvio a la sala de juntas. Ahora que habia posibilidades de salir, estaba pensando en la chica que iba a ver al dia siguiente. Se llamaba Nan Tucker y trabajaba en una agencia inmobiliaria. Se la habian presentado en la boda de una antigua amiga que estaba convencida de que, como se llamaban Nat y Nan, estaban destinados a formar una pareja perfecta. Coleman tenia sus dudas con respecto al matrimonio, pero habia quedado con ella para llevarla al restaurante mas romantico que conocia, el Beaurivage de Malibu, pese a que era muy caro y a sus dudas sobre que tuvieran mucho en comun, aparte de la evidente atraccion fisica que sentian el uno por el otro. Pero no habia previsto nada para despues del almuerzo. Ultimamente, Nathan Coleman dejaba la iniciativa sexual a las mujeres. Solia ser mas seguro en aquella epoca en que imperaba lo politicamente correcto. ?Y el viejo metodo del perfecto caballero? Eso casi nunca fallaba.

Coleman oyo un ruido sofocado tras la puerta de los servicios y aflojo el paso. Estaba a punto de entrar a ver lo que pasaba cuando vio a Mitch, que venia por el pasillo hacia el. Coleman siguio avanzando y le tendio el walkie-talkie.

– Su jefe quiere hablar con usted. Le he dicho que el senor Beech estaba desconectando el ordenador. - Coleman se encogio laconicamente de hombros-. Parece que se cabreo un poco. A ese tipo le gusta romperle los

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