– El chico negro de Watts, la persecucion de coches.
– Estamos investigando su asesinato -explico Curtis.
– No, ya no -repuso Beech.
– ?Que quiere decir? -pregunto Coleman.
– Ustedes dos estan relevados de sus funciones, con el salario entero, y retenidos en la comisaria de la calle Setenta y siete para ser interrogados por la Brigada de Asuntos Internos como sospechosos de haber participado en el asesinato de Evans. Al menos eso es lo que cree el comisario Mahoney.
– Pero ?que cono esta diciendo? -inquirio Curtis.
– Lo siento, pero no soy yo quien lo dice. Alguien ha entrado en su ordenador central del Ayuntamiento. Buen trabajo, por cierto. Si no me creen, echen un vistazo a la pantalla. Nadie los espera en el despacho hasta dentro de bastante tiempo. Quiza nunca. Por lo que se refiere a sus colegas, ustedes dos son
Curtis se volvio y miro al ordenador sin verlo.
– ?Me esta tomando el pelo? -pregunto-. ?Es una broma?
– Ojala lo fuese, inspector, creame.
– Pero los de Asuntos Internos tendrian que haber llamado a Mahoney para comunicarselo, ?no? -se extrano Coleman.
– Asi era antes -suspiro Curtis-. Pero ahora el ordenador se encarga de todo. Creen que garantiza la objetividad, ?sabes? Para que los delincuentes puedan jodernos bien. El capullo de Mahoney no levantara su gordo culo de la silla y creera lo que imprima el ordenador como si viniese directamente del Todopoderoso. A lo mejor incluso llama a mi mujer para decirle que no me espere en unos dias.
– Como decia -prosiguio Beech, moviendo la cabeza-, eso no es todo. Han mandado un fax a las lineas aereas para cancelar los billetes de los Richardson en el vuelo de Londres. Incluso han anulado la reserva que tenias en el Spago, Tony. Que atenlos, ?eh?
– ?Joder! Tuve que esperar cuatro semanas para conseguir la punetera mesa.
– Han enviado fax o correo electronico a mujeres, novias, novios. Para decirles que teniamos los telefonos estropeados y que nos quedaremos trabajando toda la noche para terminar esta mierda.
Hubo un largo y pasmado silencio que termino rompiendo David Arnon.
– ?Creeis que Grabel habra llamado a Mastercharge? -pregunto-. ?Para cancelar mi deuda?
– ?Nadie nos espera en casa esta noche? -resumio Jenny-. ?Y nadie sabe que estamos encerrados aqui? ?Con un loco?
– Eso es, mas o menos -confirmo Beech-. Pero hay algo mejor aun.
– ?Podria haber algo peor? -dijo Coleman, encogiendose de hombros.
– Allen Grabel no es culpable de nada.
– ?Como? ?Quien es, entonces? -pregunto Helen.
– Nadie.
– No entiendo -dijo Curtis-. Ha dicho que «alguien» entro en el ordenador central…
– Ese «alguien», que todos suponiamos que era Allen Grabel, es el propio Abraham.
– ?Quieres decir que el
– Eso es exactamente lo que estoy diciendo.
– ?Pero que…! ?No lo entiendo! -repitio Curtis-. Yo solo conozco la mentalidad de los criminales que estan cargados de armas, drogas y demas mierda. ?Por que haria un ordenador una cosa asi?
– ?Venga, hombre! -interrumpio Marty Birnbaum-. No hablaras en serio, ?verdad, Bob? Habra fallado la integridad del sistema, como has dicho. Pero lo que estas sugiriendo es absurdo. Y alarmista, ademas. Te estas comportando de manera irresponsable. En serio. ?Por que querria Abraham hacer dano a alguien? Ni siquiera estoy seguro de que pueda afirmarse que un ordenador tiene voluntad.
– Bueno, por lo menos estamos de acuerdo en eso -admitio Beech-. No en el porque, inspector. Sino en el como. El como implica un motivo. Estamos hablando de una maquina, ?recuerda?
– ?Por que? ?Como? ?Y que mas da, joder? Me gustaria saber lo que esta pasando.
– Pues puede que haya habido una especie de semiapagon.
– ?Y que cono es un semiapagon?
– Un descenso de tension en vez de una interrupcion del suministro de energia. Cuando hay un fallo importante en el suministro de energia, el generador de emergencia tiene que ponerse en marcha. Es posible que haya la energia justa para que no se active el sistema de emergencia, pero no la suficiente para que Abraham pueda gestionar las cosas como es debido. Puede faltarle energia. Como cuando falta oxigeno en el cerebro. -Se encogio de hombros y concluyo-: No se. Solo son conjeturas, nada mas.
– ?Estas seguro, Bob? ?De lo de Abraham?
– No hay otra explicacion, Mitch. He visto las operaciones en el terminal a medida que se procesaban en el Yu-5, abajo. Solo la rapidez con que desfilaban me convencio de que no hay un operador que las este ejecutando. Estoy seguro. Ni tampoco instrucciones programadas de antemano. Abraham lo esta haciendo por su propia cuenta.
– A lo mejor hay otra explicacion, Bob -sugirio Mitch.
– Pues dimela -replico Beech.
– Se trata de un sistema muy complejo, ?no es asi? Y la complejidad supone cierta inestabilidad intrinseca, ?verdad?
– Es una posibilidad interesante -admitio Beech.
– ?Puede repetirlo? -pidio Curtis.
– Los sistemas complejos siempre estan al borde del caos.
– Tenia entendido que habia alguna ley que prohibe a los ordenadores atacar a los humanos -tercio Coleman-. Como en las peliculas.
– Me parece que se refiere a la primera ley de la robotica de Isaac Asimov -repuso Beech con aire pensativo-. Eso estaba bien cuando solo teniamos que ocuparnos de sistemas binarios, de ordenadores que trabajaban con un sistema serial de si/no. Pero este es un ordenador paralelo a gran escala, con una red nerviosa que funciona con un sistema de «quizas» ponderados, un poco como la mente humana. Este tipo de ordenador aprende sobre la marcha. Por lo que respecta a la tradicion de la disciplina y la practica informaticas, Abraham es el equivalente de un inconformista. Un librepensador.
– Puede ser -concedio Marty Birnbaum-. Pero ese es un terreno muy diferente del que os moveis vosotros. Una cosa es la iniciativa y otra, completamente distinta, la intencion. Lo que estais sugiriendo es… -Se encogio de hombros-. No hay otra palabra: ciencia ficcion.
– ?Joder, Mitch! -exclamo Beech-. ?Es increible!
– ?Y no podria ser -arguyo Mitch- que Abraham hubiese superado cierto umbral de complejidad y se hubiera convertido en autocatalitico?
– ?Autoque? -dijo Levine.
– Un ordenador se organiza a si mismo a partir del caos de sus diversas respuestas programadas para crear una especie de metabolismo.
Beech se mostraba cada vez mas excitado.
Jenny se levanto despacio.
– ?Uau! -exclamo-. ?Una especie de metabolismo? ?Quieres decir lo que creo que estas diciendo, Mitch?
– Eso es exactamente lo que estoy diciendo.
– ?Y que esta diciendo? -pregunto David Arnon-. ?Sabes tu lo que esta diciendo, Bob? Porque yo no tengo ni pajolera idea.
– Te dire una cosa -contesto Beech-. No soy una persona religiosa. Pero esta es la experiencia mas cercana a una revelacion que haya tenido nunca. Tengo que reconocer la posibilidad, a falta de terminos mas adecuados, de que Abraham sea un ser vivo capaz de pensar.
Las palabras de Bob Beech acentuaron las nauseas de Willis Ellery. Convencido de que iba a vomitar, se dirigio al servicio de caballeros, cerro la puerta del cubiculo y se arrodillo frente a la taza. Su entrecortada respiracion y el sudor frio que se le empezaba a formar en la frente parecian realzar el tumulto que se agitaba en su estomago. Pero no paso nada. Eructo un par de veces, deseando tener valor para meterse los dedos en la
